EL CALLEJÓN

¿Qué mujer nos se ha sentido alguna vez en un callejón sin salida?

Desde muy antiguo, las mujeres hemos vivido en un callejón, no solamente como espacio físico –aún hay mujeres en el planeta que no pueden salir de un patio- sino como espacio “psicológico”.

Encerradas, sin comunicación con el mundo exterior que las ha dejado circunscritas a determinados roles, viven su aislamiento incomunicadas también entre ellas.

“El Callejón” quiso mostrar ese mundo crispado, aislado, dramático, donde no falta la burla, el desprecio, la crítica, incluso el suicidio. La vida es así y nadie encuentra una salida al callejón, tampoco hay interés en lograrlo.

Un acontecimiento cambia el transcurrir de la vida en ese espacio angosto físico y mental: una niña se pierde. Todo un símbolo de futuro que augura que la vida puede seguir igual en las próximas generaciones. A partir de ese momento, las mujeres expresarán un afecto y una solidaridad entre sí, que finalmente, será el que las lleve a encontrar la salida, diluyendo el Callejón  y ofreciendo un futuro diferente a la niña.

De nuevo, el minimalismo presidió la escena. Unos paneles negros, altos, cerraban un espacio en el escenario, creando un espacio angosto en el que transcurría la vida de esas mujeres. Finalmente un gran espejo aparecía en el escenario en el lugar que antes ocupaba el Callejón, para que el espectador se viera reflejado y se diera cuenta de que todos –de alguna manera- vivimos en un Callejón cultural, social, económico, religioso, del que debemos liberarnos.

Esta obra ganó el segundo premio en el Festival Internacional de Teatro celebrado en Tian en Julio del 2012.

 

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