MUJER Y RADIO

LA MUJER Y LA RADIO:

Aprovechando que estamos en este medio, que nos brinda a través de las ondas radiofónicas, aunque estén vestidas de internet, la posibilidad de comunicarnos y contar lo que sentimos y pensamos, queremos con este editorial destacar la importancia que supone para las mujeres poder contar con un portal abierto como es el de la radio, para expresarnos.

Sin duda los medios de comunicación suponen para este mundo globalizado un mecanismo para estabilizar e integrar los roles, valores, normas y símbolos de todas las sociedades. Podríamos atrevernos a decir que son los verdaderos creadores de la “realidad” que afecta a nuestra manera de ver el mundo y también al modo en como lo comprendemos.

Y ¿cómo nos relacionamos las mujeres con los medios de comunicación?

Lamentablemente no muy bien. Nos explicamos; a pesar de que hace 20 años, los 189 Estados miembros de las Naciones Unidas reconocieron que los medios de comunicación son cruciales para el cambio de los estereotipos de género que influyen en la forma de pensar y actuar de las personas, las cifras más recientes muestran que no se ha logrado y además, la participación de las mujeres en este asunto de las comunicaciones todavía es muy escasa. Algunos estudios han traído a la luz que tan solo el 37% de las notas informativas en los distintos medios de difusión, lo reportan las mujeres. Sin embargo hay que decir que, es la radio donde la presencia y actividad de la mujer es mayor, hasta un 41%, frente a un 35% en la prensa y televisión.

Un informe de 2018 sobre los medios de comunicación destaca que sólo el 24% de las personas sobre las cuales se leyó, vio o escuchó en prensa, radio o televisión, son mujeres. Igual sucede en las plataformas informativas digitales, donde únicamente el 26% de las personas que aparecen en notas informativas en internet y twiters noticiosos son mujeres, y solo el 4% de los twiters de los medios informativos cuestionan los estereotipos de género.

Por supuesto, aunque el número de mujeres que participan en el sector de las comunicaciones efectivamente ha aumentado con los años, como en tantas otras facetas de la vida, hay que decir que pocas son las que ocupan puestos que influyen en la política y la toma de decisiones de esos medios de comunicación.

Quizás haya que decir que, como leíamos en un articulo, la radio tiene nombre de mujer, por muchos motivos. El primero porque es la…radio, y eso, al menos gramaticalmente, nos habla de genero femenino. Segundo, porque la radio es el medio de comunicación más asequible a la mujer. Durante muchísimos años, y aun hoy en día, en muchos lugares del Mundo, la mujer no ha tenido, ni tiene acceso a otro medio de información y comunicación.

Recordemos que la población con mayor índice de analfabetismo siempre hace balanza de parte de las mujeres, por tanto no es de extrañar que la radio, un medio donde solo hay que escuchar, y que por ello permite estar realizando las labores incesantes de la vida cotidiana, sea en sí mismo, el medio ideal de transmisión de información para la mujer.

De hecho, en su programación siempre se tuvo en cuenta esto, e históricamente, podemos recordar programas como woman´s hour que en 1946, en el Reino Unido, dió voz a varios grupos de mujeres. Esta transmisión, que al principio hizo hincapié en la función y las responsabilidades domésticas de las mujeres, evolucionó rápidamente hacia el examen de sus derechos políticos y sociales. En poco tiempo, Woman’s Hour abordó, por ejemplo, temas delicados y tabúes como la menopausia o las relaciones sexuales en el matrimonio. Obviamente, como decimos, estaba dirigido a las amas de casa.

En España, quizás allá gente que aún recuerde el famoso programa: El “Consultorio de la Mujer Elena Francis” estuvo en antena entre 1947 y 1984. Este programa se creó para vender productos de belleza del Instituto de Belleza Francis, el cual se hizo muy famoso por el consultorio donde Elena Francis (personaje ficticio, parece ser que era un hombre en realidad) respondía a las cartas de sus oyentes. Las cartas que se recibían solicitaban consejos de belleza, sentimentales, profesionales, morales. Elena Francis respondía lógicamente, bajo el discurso nacional-católico del régimen fascista de la época de Franco, por lo que las respuestas seguían los roles de género y patrones de conducta machistas de la sociedad del momento.

Sea como sea, lo cierto es que el rol de las mujeres en la radio ha cambiado. Los temas que se tratan, hoy en día, son tan variados como variadas son las mujeres, y es cierto que poco a poco, se van dejando atrás las ideas que se tenían sobre los estereotipos femeninos que delimitaban el mundo de las mujeres a los temas de belleza, así como a la salud y cuidados del hogar.

Nos damos cuenta, desde inspiración femenina, de la gran importancia y tal vez la gran relevancia que supone mantener abierta esta puerta de comunicación que nos permite un programa de radio, que está hecho por mujeres y dirigido a un mundo en el que sabemos que no solo existen mujeres. Porque ser mujer y hablar a las mujeres, creemos que de un modo u otro eso siempre se ha hecho. Lo que toca ahora, según nuestro punto de vista, es ir un paso más allá y siendo mujeres atrevernos a hablar al mundo en el que también están los hombres, lo cual nos exige ser más conscientes del lenguaje, de las ideas y de las propuestas que aportemos.

En geometría, radio es el segmento que une el centro de una circunferencia, de una esfera, o de un prisma con cualquier punto de la superficie de esas figuras geométricas. Es la distancia entre el centro, que representa el origen de todo espacio, con la superficie, con lo que está en el exterior, y su valor ayuda a determinar cual es la longitud total de la esfera, circulo o figura geométrica.

Quizás usando este simbolismo matemático, y teniendo en cuenta el vinculo de este medio de comunicación que es la radio con la mujer, y por tanto con lo femenino, podríamos concluir que la radio es el medio que nos puede permitir unir lo que somos, que es ese origen, ese centro. esa identidad de mujeres, con la vida que nos toca vivir a cada una, que es ese exterior, y así deberíamos darnos cuenta de que este medio de comunicación puede ser el segmento que nos ayude a ser conscientes, poco a poco, de una realidad completa, en la que todos estamos como humanidad y por tanto puede hacer posible que las mujeres seamos parte inseparable de ella, de tal manera que entendamos que todo hace parte de lo mismo.

EVA SIN MIEDO

EVA SIN MIEDO:

Como saben, la semana pasada tuvimos nuestro VIII Congreso internacional de Inspiración Femenina, bajo el lema de “Eva sin Miedo”.

En el tiempo que tenemos para este editorial, evidentemente no les podemos contar el congreso, pero sí hacer algunos comentarios sobre el mismo.

Para empezar, era modalidad ONLINE, es decir, aunque había ponencias que se hacían en directo, la mayoría eran filmaciones que nos habían remitido los distintos grupos de IF de los distintos países, y se emitían en directo tanto para Europa como para América, lo cual nos obligó a hacerlo en un horario un poco complicado o inusual, porque el congreso empezaba a las 13 horas, hora española, pero para algunos países de Sudamérica eso suponía que empezaba cinco o siete horas antes: o sea, a las 6 o a las 8 de la mañana.

Tenía que hacerse casi de corrido, porque tenía que terminar sobre las ocho de la tarde hora española, y había muchas ponencias.

Este es un dato interesante: cuando propusimos esta modalidad de congreso, con ponencias filmadas, pensamos que no habría muchas, pero ha habido tantas o más que cuando el congreso ha sido presencial. Y todos los grupos han tenido dificultades para reunirse y para filmar, debido a los confinamientos por la pandemia. A pesar de ello, han seguido adelante y el resultado ha sido más que aceptable, pensamos que ha habido ponencias realmente buenas, artísticas y muy bien filmadas; otras quizá no tanto, pero todas con calidad.

También es de destacar que la falta de medios no ha sido un obstáculo cuando se han tenido ganas de hacerlo, puesto que justamente de Venezuela han realizado dos ponencias, una desde Lara, Barquisimeto; y otra desde Barinas. Han tenido que hacer un esfuerzo, por supuesto, pero esto nos demuestra que cuando hay interés, los obstáculos se salvan.

Todos los grupos eran conscientes de que no es lo mismo presentar una ponencia que filmarla. Hemos tenido que pedir a varios de ellos que lo volvieran a hacer tratando de conseguir mayor calidad de filmación y de sonido. Todos han respondido a nuestra petición, aunque eso haya supuesto repetir el trabajo. Finalmente se ha conseguido una calidad de filmación y de sonido bastante buena en todas ellas. Desde aquí queremos agradecer la paciencia que han tenido, para repetir lo que haya hecho falta.

Han sido 23 las ponencias que se han presentado, con una media de duración de 40 minutos, y todas buscando causas, evolución y, sobre todo, soluciones frente al miedo, sobre todo en la mujer. Podrán imaginar -los que no lo hayan visto-, que es todo un compendio terapéutico, con multitud de sugerencias prácticas para atajar esta terrible plaga de la humanidad que es el miedo, que se ceba mucho más en la mujer. Desde desarrollos y tratamientos energéticos a desarrollos humanistas, pasando por sonido, danzas, teatro, educación, evolución, trabajo personal, sugerencias prácticas… ha habido de todo y mucho.

El equipo técnico fue magnífico, estuvo pendiente de todos los detalles trabajando a full time, para conseguir que todo llegara a los espectadores de la mejor forma posible. Un especial agradecimiento hacia ellos, pues sin su trabajo, no se podría haber emitido.

Hoy termina el tiempo de poder ver las ponencias que quedaron colgadas en la web, pero vamos a colgar las memorias de todas ellas, para que los que han asistido al congreso puedan refrescar su memoria -valga la redundancia-. Aunque no es lo mismo leerlo que verlo, pero tiene la ventaja de que las sugerencias terapéuticas se pueden seguir mejor si están por escrito, y se puede rememorar lo visto y escuchado.

Para los que no pudieron asistir, alguna de las ponencias o resúmenes de ellas serán publicadas en nuestra revista, así podrán hacerse una idea.

Pensamos que ha sido un acontecimiento excepcional. No decimos que mejor ni peor que otras veces, pero muy diferente.

Y esto nos lleva a reflexionar sobre un tema: Este congreso se ha podido realizar gracias a la tecnología. Y tenemos hacia ella un sentimiento a veces un tanto contradictorio, pues por una parte nos resulta difícil, nos sentimos atrapados en ella, nos gusta más vernos y escucharnos directamente, estamos sujetos a que internet funcione bien, a que las personas que conectan sepan y puedan hacerlo… Sí, es cierto. Pero… pero… Sin esta tecnología no se hubiera podido realizar este congreso. Bueno, hubieran venido 40 o 50 personas, habría habido 7 u 8 ponencias… ahora ha llegado a más de 300 personas, quizás 400 -porque aparte de los inscritos, había mucha gente que se reunía en las escuelas o con otras compañeras para verlo- con 23 grupos que han podido mostrar su trabajo de investigación, en algunos casos de hasta 3 años.

No queremos terminar nuestro editorial sin agradecer nuevamente el trabajo y el esfuerzo, y el buen hacer de todos y cada uno de estos grupos de investigación de Inspiración Femenina. Y animar a ellos y a todos los que nos están escuchando, a seguir en esta labor, porque dentro de 2 años tenemos previsto nuestro siguiente congreso, que será el IX, y que ya tiene lema: “Cotizaciones en femenino”.

En él se mostrará la investigación que se realice a partir de ahora, sobre en qué cosas la mujer está avanzando y en cuales está retrocediendo, cotizando al alza o a la baja. No solamente sobre lo que ocurre en el mundo, que también, sino lo que cada grupo es capaz de proponer en el sentido de la evolución de la mujer, de su identificación, de su liberación, etc.

Lo dicho, les animamos a todos nuestros oyentes a que empiecen a investigar… quizás el próximo congreso tenga mayor duración porque nos inunden los proyectos de todos ustedes.

 

¡A ORGANIZARSE!

¡A ORGANIZARSE!:

 

Una de las actividades más importantes para que la vida resulte agradable y no un desastre es saber organizarse bien, y sin embargo es curioso que en general no se le presta demasiada atención al echo de aprender a organizarse. Pero hay que decir que en la organización está siempre la clave del éxito o el fracaso de todo proyecto o experiencia.

 

En esta época de verano, en la que estamos aún, el organizarse tiene también muchísima importancia, sin embargo parece que se piensa que, justamente, estar de vacaciones es salirse de toda organización y que eso es buenísimo. Pero que va, ahí es donde comienzan los problemas. Seguro que saben por propia experiencia o de algún conocido que un viaje mal organizado, o sin organizar, puede suponer un calvario terrible, sin duda mucho más sufriente que pasar todo un año trabajando.

 

En realidad la organización es una acción inherente a la vida. De hecho se puede decir que la vida es un proceso de organización a distintos niveles; desde el nivel subatómico y atómico, con la organización de moléculas, pasando por los sistemas celulares que componen los distintos tejidos y órganos hasta el nivel de poblaciones y ecosistemas, todo es el resultado de una organización de la vida.

 

Esto quiere decir que la acción de organizar está presente en todos los contextos en los que queramos aplicarlo, desde lo micro a lo macro. Y es comprensible, porque para que la vida tenga éxito como proceso precisa de una organización que, como se ve, ha ido variando y complejizándose produciendo una evolución. La vida de hoy en día no es igual que la vida de hace milenios. Para transformarse en lo que es hoy, la vida se ha ido organizando.

 

Creemos que todos conocemos casos, situaciones, o momentos en los que la organización supone “la diferencia”. Cuando nos organizamos adecuadamente los resultados de nuestros proyectos o acciones son mucho mejores y con menos gasto de energía. En este sentido el caos, viene a ser el punto opuesto a la organización y supone un gasto de energía por encima de lo deseable, a demás de la dificultad de conseguir los resultados esperables…

 

Así que, la organización debe ser una parte esencial de nuestra vida, organizar nuestra forma de trabajar, nuestro tiempo libre, nuestros objetivos, nuestras metas… todo ello puede ayudar a lograr los resultados deseados con menos esfuerzo. Pero, en verdad ¿cómo afecta la organización en nuestra vida?

Por ejemplo, una persona bien organizada puede llegar a ser un deportista de élite frente a otra que con las mismas cualidades no sabe organizarse, o un ejemplo más básico, todos conocemos personas que limpian muy bien y lo hacen de una manera mas rápida que otros. Mientras que esos otros se agotan porque primero barren y luego quitan el polvo de las superficies, y entonces de nuevo tienen que barrer, y después van a por el cubo de fregar, pero no pensaron que tenían que usar una fregona, y entonces tuvieron que ir después a por la fregona… y en dos horas de limpieza, les falta mas de la mitad de la tarea y están tan fatigados como si hubiesen ido al gimnasio..

Lo cierto es que bien organizados llegamos a todo, y tenemos energía además para disfrutar de la vida. Porque de lo que va la vida es de disfrutarla, no de pasarla como se pueda, o aguantarla o sufrirla.

Las mujeres tenemos suerte en esta cuestión, puesto que, por naturaleza, somos organizadas. El hecho biológico de la maternidad implica una organización obligada puesto que se necesita conseguir mantener a la prole, con una mínima provisión de alimento, de cuido, etc. La mujer es un ser con ritmos. La menstruación la provee de una serie de cambios, (físicos y mentales) que luego van a colaborar en convertirnos en personas organizadas. Las mujeres nos organizamos en función de los ritmos menstruales, porque no nos sentimos, ni pensamos igual a lo largo de las distintas fases de la menstruación.

 

Estas dos evidencias nos convierten por naturaleza en organizadas, porque todo ritmo impone una organización. ¿Por que aparece el ritmo menstrual? Porque hay una organización hormonal que cada -28 o 30 días- segrega una serie de hormonas… o sea requiere una organización.

 

Organizar significa que tú tienes que coger los diferentes elementos y ponerlos de acuerdo para que sirvan a un mismo fin. Eso es lo que hace la mujer: buscar los diferentes elementos como su pareja, su casa, su comida, sus hijos, etc, y que todos estén en sintonía, organizados. Porque si no, es un desastre. Eso se puede ver muy fácilmente en las familias donde la madre no está. Es como que la vida familiar se descompone. Cada uno va por su lado. Y lo cotidiano se hace muy cuesta arriba.

 

En los tiempos que nos toca vivir de la pandemia, quizás, más que nunca, es imprescindible hacer una buena organización. Sobre todo porque alrededor lo único que encontramos es caos: de información, de recursos, de ideas, de soluciones, de posibilidades, etc.

 

Vendría, desde nuestro punto de vista, muy bien que dejaran a las mujeres organizar lo que hay que hacer, con los recursos reales que se tienen. Evidentemente no se nos escapa el hecho de que estamos en un mundo dirigido y movido por el impulso masculino y este le ha dado a todo un matiz económico. Todo se ha convertido en gasto, renta, beneficio, etc.

 

Todo lo que se ha implementado para dar respuesta al covid-19, si se fijan, lleva el sello del pensamiento organizador masculinista del poder, para quien solo cuenta el interés que podemos obtener de algo. Desde ese punto de vista, ni que decir que es mucho más rentable mantener el mundo bajo la sombra de la pandemia que liberarlo de ella. Solo con el gasto de la vacunación, los siempre ricos se han convertido en magnates…no decimos más.

 

Entonces, ¿cuál sería la propuesta que desde inspiración femenina aportaríamos para una nueva organización en femenino?.

Puesto que todo está gobernado por lo económico, y no podemos obviarlo porque estamos todos inmersos en ello, la propuesta de organización femenina debe de lleva el halo de la AUSTERIDAD. ¿qué quiere decir organizar desde la austeridad?

 

De entrada tenemos que rehabilitar el concepto de austeridad, que desde la visión capitalista ha quedado relegado a un sentido de carencia. Y no, la austeridad no tiene nada que ver con la carencia. El sentido de austeridad en la vida nos lleva a adaptarnos adecuadamente a los recursos con los que contamos. Lleva implícita esa idea de imprescindible y necesario, por tanto ahí no cabe la carencia. Ese imprescindible y necesario se refiere a contar con los recursos que se requieren para realizar las funciones que nos toquen realizar.

 

Por eso, en la austeridad, los recursos se ajustan según el criterio de necesidad en cada momento, no cabe aquí el criterio de igualdad al menos en cuanto al reparto. Es, por tanto, un sentido de organización activo y variable. La mujer, como decíamos, sabe de eso, porque a lo largo del ciclo menstrual sus necesidades y requerimientos van variando. Por eso ella, de natural, tiene experiencia en este tipo de organización variable.

 

Lo femenino tiene el mejor de los recursos para organizar de manera austera, y es que tiene facilidad para empatizar con las necesidades de todos, y su capacidad de comprender el entorno le ayuda a prever las necesidades del futuro. Es evidente que para que la organización dé buenos resultados hay que prever los pasos que van a ir sucediendo, y así se puede emplear lo necesario en cada momento. Por eso decimos que es una manera de organización activa, porque va variando en función de las necesidades.

 

Puede parecer que falta mucho para que la mujer sea tomada en cuenta en la organización de las cosas del Mundo, al menos al mismo nivel en que lo está haciendo con la vida cotidiana de la familia. Pero, no es una tarea imposible, y puede suponer un proyecto muy importante para la humanidad.

 

Nosotras como mujeres que aspiran a ser motivo de inspiración, exhortamos a  todas las mujeres a que practiquen sus recursos de organización en el sentido de la austeridad, que se cuente con lo imprescindible y necesario para todo lo vivo, y que pongan en marcha sus ideas y propuestas también en sus comunidades, ciudades, y países, porque todas y todos sabemos que es imprescindible y necesario un cambio drástico en nuestra manera de organizar la vida con el fin de que esta no sucumba tragada por el agujero negro de una economía capitalista absolutamente devastadora e inhumana.

 

 

 

 

RIANE EISLER

RIANE EISLER

Nos gustaría presentar en este editorial a una mujer que está tratando de hacer un cambio en la manera en que se desarrolla y percibe la economía, su nombre es Riane Eisler. Ella ha dedicado su vida a presentar una nueva historia sobre la naturaleza humana y las posibilidades humanas. Su sueño es construir un mundo más equitativo, sostenible y menos violento basado en la asociación en lugar de la dominación.

La pasión de la Dra. Eisler por este trabajo tiene sus raíces en sus primeras experiencias cuando era niña en la Austria ocupada por los nazis, y luego como refugiada que vivía en los barrios marginales industriales de La Habana, Cuba. Estas profundas experiencias la llevaron a hacerse las preguntas: “¿Por qué, cuando los seres humanos tenemos una capacidad tan grande de cuidado, conciencia y creatividad, ha habido tanta crueldad, insensibilidad y destructividad? ¿Alguna vez ha sido diferente y puede ser diferente de nuevo? «.

Su búsqueda de respuestas la llevó a un estudio profundo y multidisciplinario de la historia humana, y su libro The Chalice and the Blade -El cáliz y la espada- se basa en una relectura de treinta mil años de cultura humana. Eisler demostró que durante milenios las sociedades humanas se estructuraron en lo que ella llamó  “Sistemas de asociación” en los que nuestra capacidad de dar, nutrir y sostener la vida fue celebrada y reverenciada como divina; mujeres y hombres compartían el poder; y prevaleció un espíritu de cuidado y responsabilidad mutuos. La existencia de esta antigua configuración social, mucho antes de los sistemas de dominación que le siguieron, nos ayuda a comprender que no tenemos que aceptar la conquista, la violencia y el abuso como » la naturaleza humana». Tal era existió hace 5.000 años durante miles de años. Sin embargo, los hombres en posiciones de liderazgo borraron deliberadamente esta construcción social de la historia.

Basándose en este hecho histórico, Eisler está promoviendo el Partnerism Movement o Movimiento de asociación para construir ahora sistemas que recompensen el cuidado mutuo y la naturaleza.  Para construir una economía arraigada en el asociacionismo, uno de los primeros aspectos de la sociedad que debe abordarse es la forma en que vemos colectivamente la infraestructura. Si bien invertir en sostenibilidad, iniciativas de impacto social y programas que apoyan a grupos sub-representados y con financiamiento insuficiente es noble y valioso, los sistemas subyacentes en los que operan estas facetas de la sociedad también deben cambiar fundamentalmente. 

“Estamos acostumbrados a pensar en la infraestructura humana como puentes y carreteras porque las empresas no pueden funcionar sin ellos”, pero tampoco podríamos funcionar sin nuestra infraestructura natural, la naturaleza, los voluntarios de la comunidad y, por supuesto, no podríamos funcionar sin la infraestructura del hogar. Esta infraestructura natural es el aire que respiramos y los alimentos que comemos. Vienen de la naturaleza. La infraestructura humana es lo que respalda el desarrollo humano, la supervivencia humana y la prosperidad humana. No prestar atención a estos tres sectores ignorados en la economía convencional ha causado mucho sufrimiento y disfunción en nuestra era posindustrial ”.  

Para asegurarse de que su trabajo se incorpore a las conversaciones principales, Eisler quiere que alcance tecnologías en evolución, incluida la inteligencia artificial. 

“Con suerte, nos reuniremos con algunos representantes de IA, así como con otros expertos en tecnología para presentar este marco y hacerles una pregunta muy simple, ‘¿cómo programarías la IA y otras tecnologías si utilizaras una estructura de asociación en lugar de una estructura  de dominación?”, comparte. 

“La forma número uno de poder ir cambiando esta manera de pensar es prestar atención a las familias. Porque en la estructura social de dominación no es una coincidencia que los regímenes que son muy autoritarios se centren en preservar una familia autoritaria, rígidamente dominada por hombres y altamente punitiva». ¿Cómo sería una familia basada en la asociación, no en la dominación y como cambiaría el constructo social?

Sin duda muchos aspectos cambiarían, incluidas nuestras narrativas y lenguaje. Por supuesto, Eisler también quiere ver nuestras historias y nuestras palabras ajustadas para promover y reflejar el compañerismo. 

Con respecto a la posibilidad de que el mundo adopte el lenguaje del Partnerism o de asociación, Eisler dice: “Nuestro lenguaje es tan limitante. Piense en el matriarcado y el patriarcado. Son realmente las dos caras de una moneda de dominación, ¿verdad? O las madres gobiernan o los padres gobiernan. No hay alternativa de asociación». 

Todo su trabajo ilumina el tema central de por qué debemos, para sobrevivir y prosperar en el siglo XXI, volver a construir sistemas de asociación organizados en torno a valores que sustentan la vida, apoyando la expresión de nuestra empatía humana innata, el cuidado y la conciencia de la interconexión entre nosotros. y con la naturaleza.       

Nos parecía interesante traer a la luz este trabajo de esta mujer que sin duda tiene mucho que ver con la idea que Inspiracón femenina quiere transmitir. La idea de que es tiempo de introducir el aspecto femenino a las sociedades para poder evolucionar en otro sentido que no sea el de la muerte y la destrucción.

El tiempo del capitalismo, del comunismo, del socialismo ya ha pasado, fueron ideas que surgieron de un masculinismo férreo en donde no cabía la posibilidad de introducir ningún aspecto o valor femenino que fuera a favor del desarrollo humano, no solo económico.

A la vista están las consecuencias de este tipo de pensamiento: guerras, destrucción, contaminación, violencia, suicidios…

Seguramente con ideas como esta de economías más humanas y en pos del bienestar común de la humanidad, no nos haremos más ricos, pero sin duda, podremos tener la esperanza de ser más felices.

LA QUEJA

LA QUEJA: 

 En la actualidad podríamos renombrar a nuestra especie de muchas maneras: “Homus tecnologicus”, “Homus economicus”, pero esta tarde hemos pensado en otro calificativo que es el “Homus quejicus”. La queja, hoy en día, es el primer apellido de la humanidad.

¡Sí! La queja esta a la orden del día. Nos quejamos de todo y por todo. En invierno porque hace frio, en verano porque hace calor, en primavera porque hay mucho polen y en otoño porque sus días se acortan y nos dejan una sensación lánguida y tristona.

¿Qué decir de la edad?

Cuando eres niño porque no te dejan hacer las cosas que hacen los mayores, de adolescente porque nadie te quiere y además tienes granos, de joven porque no te salen las cosas bien, de adulto porque las cosas no te han salido como hubieras querido, y ya de más adulto porque todo son achaques.

La cola para tomar el autobús, los ruidos del vecino, el tráfico, el precio de la comida, podríamos hacer el diccionario de las quejas…

Es una lástima este estilo de vida quejica porque no nos permite vivir el presente. Vivimos en un permanente lamento: si “hubiera” o “hubiese…”  sin darnos cuenta de que los motivos de nuestras quejas, la mayoría de las veces, no se sustentan en nuestra propia realidad, sino en una realidad ficticia que se nos ha creado por una sociedad de moldes, modelos y patrones de comportamiento que establecen como ha de transcurrir nuestra vida, según nuestro sexo, edad, clase social, profesión, nacionalidad, etc.

Al ser muy alto el nivel de exigencia social no podemos dar cumplimiento a todos sus requisitos y tarde o temprano tendremos motivos de queja. A lo mejor logré un estatus económico, pero no tuve suerte en el matrimonio, o tuve suerte con la pareja, pero me fue mal con la familia, o tuve un trabajo ideal pero la salud no me acompañó, a lo mejor vivo en la ciudad de mis sueños, pero en el piso de arriba vive un saxofonista… Habrá siempre motivos de queja.

La sociedad nos arrastra a la queja, porque nos induce a modelos de vida que muchas veces no se pueden cumplir, o en nosotros no se dan las condiciones para que ese modelo se de y entonces viene la queja y finalmente ésta se convierte muchas veces en un modo de manipulación: me quejo de que hagas esto así y asao porque no me gusta y me quejo hasta que consigo que lo hagas de otro modo. Fíjense como se quejan los niños de la comida cuando no les gusta y acaban consiguiendo comer lo que quieren con tal de no oírlos.

 

 

 

 

Tenemos que darle la vuelta a la queja y darnos cuenta de que se usa para evadirnos de las responsabilidades. Si fuéramos responsables de esto o aquello de lo que nos quejamos, haríamos algo para cambiarlo y modificarlo.

Nos pasa muchas veces cuando recibimos la queja de alguien por algo que considera que hemos hecho mal que le contestamos: “hazlo tú a ver si lo mejoras”. Cuando somos responsables de las cosas estamos obligados a mejorarlas, a cuidarlas, promocionarlas.

La queja es típica de los que viven la vida desde la ventana, contemplando como otros hacen cosas para luego simplemente censurarlas. La queja no contempla la propuesta, la sugerencia, el cambio y mucho menos el ponerse manos a la obra. Es un desgaste inoperante e inútil que evita que las cosas salgan adelante; eso se ve muy bien cuando en un grupo hay alguien que se pasa el día quejándose. En el fondo, la queja es una arrogancia.

Tiene mucho de resentimiento la queja, alberga en muchos casos celos, envidias, egoísmos. Es una tubería estrecha cuya herrumbre no deja pasar el agua.

Tenemos, en primer lugar, que hacer un esfuerzo para revisar nuestros modelos de vivir, por si acaso no fueran nuestros y nada tuvieran que ver con nosotros. Muchas veces argumentamos que no nos queda más remedio que vivir de esta o aquella manera, pero al menos reconozcamos que transigimos por conveniencias. Entonces nos puede saltar el pepito grillo que nos diga: “Entonces no te quejes”. Ya es un avance.

Hace mucho tiempo, cuando los padres eran padres y no amigos de sus hijos, de vez en cuando te caía una cachetada -o sea un ligero golpe en la cara- cuando te quejabas por nada y te decían: “¡Toma, para que te quejes por algo!” Hay que reconocer que daba resultados.

Luchar contra la queja es absurdo porque está demasiado arraigada y forma parte de un estilo de vida que nos ha hecho mal criados, pusilánimes, exigentes, autoritarios, demandantes y en ocasiones despóticos. En fin, este estilo de vida que ve con horror recriminar a un niño, pero no siente espanto por la lista de 23 mujeres fallecidas por violencia machista en España. Estilos de vida…

Aprovechando que estamos en el mes oracular de “La fuerza transformadora de lo pequeño”, La Gracia del Detalle, un buen antídoto para la queja puede ser vivir en una actitud de “gracias” permanentes por lo que tenemos, que en el primer mundo no es poco. Percibir esos pequeños detalles del día a día, que al no reparar en ellos, pueden parecernos como naturales cuando no lo son. Tener un techo no es tan normal, comer tres veces al día no es normal, tener medios de transportes al alcance no es normal, tener una sanidad no es normal, tener la posibilidad de elegir -lo que sea, comida, ropa…- no es normal y si no pues a darse un paseíto por Burkina Faso, Etiopía, Yemen, etc. Ya que tanto valor damos a las cifras, recordemos que aproximadamente casi la mitad de la población mundial vive con menos de 5 dólares y medio al día. Vamos, lo que nos gastamos aquí en una caña y una tapa.

Tenemos que desarrollar, no un optimismo vacuo, sino una serena complacencia que nos permita ver que en la vida unas puertas se abren y otras se cierran; empeñarnos en una puerta y dejarnos los puños en ella tratando de abrirla nos evita ver que otras están abiertas de par en par.

 

 

 

 

 

LA CONVIVENCIA CON UNO MISMO

LA CONVIVENCIA CON UNO MISMO:

 ¿Alguna vez han escuchado eso de que: ¿Para amar bien a los demás, hay que primero amarse a sí mismo?

Pues esto mismo aplica a la convivencia: Para convivir bien con los demás, primero hay que convivir bien con uno mismo. Y bien sabemos que uno de los mayores problemas de la humanidad es precisamente la mala convivencia.

No podemos afirmar que todos los problemas que surgen con los demás, o con el entorno son producto de una mala convivencia con uno mismo. Pero es verdad que, si no tenemos una buena relación con nosotros, es difícil que algo bueno salga en nuestras relaciones con los demás.

Si no nos aceptamos, si no nos gustamos, si no nos cuidamos, vamos a ser personas hurañas, enfadadas, irascibles, sentidas, que evidentemente dificultarán la convivencia.

Habría que hacerse la pregunta entonces, ¿porque convivo mal conmigo mismo?

Podríamos pensar que, al estar inmersos en un sistema de vida que no se corresponde con lo que se pensó para nosotros, se nos han impuesto reglas para vivir dentro de este mundo virtual que se creó en base al poder. Reglas que no tienen que ver con lo que somos, y no favorecen el desarrollo de lo que somos y sentimos en realidad.

Es decir, el mundo en el que vivimos actualmente, se ha desarrollado y se ha hecho fuerte en base a una serie de mentiras que nos han hecho creer que tenemos que ganar, triunfar, competir, desafiar nuestro entorno para poder llegar a ser alguien. Pero la consecución de todos estos “logros” entre comillas, nos dejan fríos, vacíos, en muchas ocasiones enfermos y deteriorados. Sí, quizás al principio, las primeras veces que conseguimos algo en base a nuestro poder, nos llenamos de orgullo y eso nos da una felicidad momentánea, pero eso a la larga, va dejando el espíritu vacío, porque esa realidad no fue para lo que nos diseñaron. Estamos aquí para desarrollar una serie de valores que no tienen nada que ver con los valores del poder.

Cuando uno no está bien consigo mismo, cuando uno no está en paz con lo que hace y cómo lo hace, cuando, en definitiva, nuestro espíritu no reconoce lo que somos, no podemos convivir bien con lo que somos, y así tampoco convivimos bien con nada de lo que nos rodea.

La estrategia fundamental para que este sistema de convivencia y de logros se cumpla a base del poder, de la lucha y competencia, es decirte constantemente, por activa y por pasiva, lo que tienes que hacer y qué tienes pensar. Es decir, las personas o sistemas que les interesa seguir perpetuando este estilo de vida, te envían constantemente mensajes que te dicen lo que te tiene que gustar, cómo tienes que hablar, cómo te tienes que relacionar… no hay limites para las normas que se deben seguir socialmente. Todo está controlado y diseñado para que tu no puedas salir de ese sentido de poder.

Entonces, podemos intuir que nadie, salvo excepciones, es realmente quién es. Nadie ejerce realmente su función del todo, porque seguramente que nuestras funciones que tenemos que cumplir, no vayan en pos de tener más poder.

¿Como se puede convivir bien con uno mismo, si de partida no sabemos quienes somos? Y esto es realidad para todo el mundo. Pero para la mujer es doblemente trágico, porque, la mujer, encima de que este mundo no nos deja ver lo que somos en realidad, a la mujer le han hecho creer que era algo que no era. Y encima, lo que le dijeron que era, era algo maligno, pecador, culpable.

El hombre tampoco sabe quién es, y también le han dicho que era algo que no era, pero en todo caso, no le dijeron que era algo malo, el culpable, sino todo lo contrario.

El hombre, para poder encontrarse con quién es en realidad, y aprender a convivir consigo mismo, ha de indagar en ese femenino de su ser. Hasta ahora le dijeron y le hicieron creer que solamente su Y valía para algo, y ha tenido que abolir su X para poder seguir en el mundo del poder y la competencia. En la medida que se reencuentre con ese femenino que tiene, podrá reconocerse a sí mismo, y su convivencia consigo mismo, y con todo lo demás será infinitamente mejor. Es como si solo se desarrollara la mitad de su ser. Su otra mitad la tiene suprimida porque es la mitad femenina, la que lleva a la empatía, al cuidado, etc. Cualidades femeninas que no son valiosas ni efectivas en la consecución del poder. No es que no le sirvan esas cualidades, es que en realidad le estorban.

La mujer no tiene ese problema, aunque la búsqueda del poder le está llevando a ignorar esas cualidades femeninas también, pero en general, todavía la sociedad no le transmite de lleno que abola parte de su ser.

Las mujeres tenemos otro problema, quizás un poco más grave. Y es que no sabemos quienes somos. No hemos encontrado lo que en realidad significa ser mujer. Solo tenemos la referencia de lo que el poder nos ha dicho que somos. Y lo que nos ha dicho que somos, malas, pecadoras, mentirosas, culpables, es mentira. Una mentira que ha hecho, y sigue haciendo que convivamos fatal con nosotras mismas. Quizás en los países de occidente esto se ve menos, pero aun hay muchas mujeres en el mundo que cargan con el estigma de la culpabilidad.

¿Como podemos gustarnos a nosotros mismas cuando estamos tan alejadas de lo que somos en realidad? ¿Cómo podemos vivir y convivir bien con nosotras cuando nos sentimos malas personas? Por no hablar de la culpabilidad que transferimos a cualquier aspecto de nuestra vida: Si un día comemos de más nos sentimos culpables, si le decimos a alguien que no lo podemos ayudar, nos sentimos culpables, si nos enojamos, nos sentimos luego culpables. Es una carga que tenemos ahí en el fondo.

El poder ha influido fuertemente en la convivencia que tenemos con nosotras mismas. Desde tiempos antiguos, miles de normas escritas legales y sociales, han regulado el comportamiento femenino. Nos han moldeado para sacar un provecho de nosotras, por cualquiera que fuera la razón. Y aun hoy en día, cuando las normas de comportamiento para las mujeres legalmente hablando no existen, por lo menos en este país, las normas sociales, y el lenguaje social, está constantemente diciéndonos cómo tenemos que ser, y cómo tenemos que comportarnos. Y nos atrevemos a decir, que estas reglas sociales de comportamiento, no están hechas para ayudarnos a ser nosotras mismas.

Hemos hablado en Inspiración femenina muchas veces de cómo las modas y las tendencias de belleza nos han hecho mucho daño, no solo a nuestro cuerpo, sino a nuestro espíritu también. Nos han llevado a casi todas las mujeres a no aceptarnos como somos, a no aceptar nuestro cuerpo, a querer la vida que otras llevan.

Y así, la convivencia con uno mismo no solo se hace difícil, a veces se hace insoportable. Nos llena de insatisfacción y de amargura.

Fijémonos en una cosa, cada uno de nosotros tiene el mejor diseño creacional que puede tener, para hacer lo que tiene que hacer, para cumplir la función que tiene que cumplir. Si nos basamos en esto, nuestro cuerpo, nuestra voz, nuestro pelo, todo tiene un sentido de ser. Pero no solo físicamente, nuestra personalidad, manera de hacer las cosas, virtudes y defectos también.

No tenemos que dejarnos llevar por lo que nos dicen que tenemos que ser, o cómo tenemos que ser porque así no voy a ser capaz ni de aceptarme como soy, ni de aprovechar mis recursos para cumplir con mi función. La única manera de convivir conmigo misma de manera saludable es aceptar lo que soy, completamente, verdaderamente.

Existe un elemento, una cualidad, una virtud que nos gustaría rescatar para poder ayudarnos a convivir bien con nosotras mismas, y es La bondad.

LA BONDAD podría resumirse en el hecho de servir y no hacer daño. Y esto es posible si… hacemos de nuestro hacer una belleza con la intención de cuidar.

BONDAD es dar lo bueno, lo que cada cual siente que es lo mejor que de él tiene.

Que no des de ti nada que para ti no sea maravilloso.

En la medida en que con bondad me miro, puedo disolver toda esa culpabilidad que me han inculcado, puedo comenzar de nuevo a verme con otros ojos.

Con bondad puedo empezar a reconocerme en lo que soy, aceptándome completamente, aunque defectos seguramente tendré muchos.

Pero si con bondad actúo, solamente voy a dar lo bueno de mi. Los defectos y las aparentes incapacidades estarán ahí, por supuesto. Porque aun vivo en esta cultura y me manejo con su lenguaje. Pero si con bondad me miro, veré que también cosas buenas tengo, y esas cosas buenas, son las que voy a compartir, son las que me ayudarán a convivir conmigo misma, las que me harán sentirme agradecida cada noche que me voy a dormir.

 

LA ESPERANZA DA SEGURIDAD

LA ESPERANZA DA SEGURIDAD:

Estamos en el ecuador del verano de este año. Un año que parece estar pasando como de puntillas, como si se tuviese miedo de hacer ruido y despertar, de nuevo, al monstruo de la pandemia. No obstante, aunque en lo cotidiano la gente se afana en aparentar una “normalidad” que, de verdad, está cogida con alfileres, las voces de los que gobiernan y organizan, a través de la machacante información de los medios de comunicación continúan mandando mensajes desoladores. Mensajes cargados de violencia con el único resultado de generar miedo. No sabemos bien si es eso lo que se pretende, pero en cualquier caso, es lo que se consigue.

El miedo parece ya nuestro ángel de la guarda, y como decíamos en el rezo, con el me acuesto y con el me levanto. La vida se nos ha convertido en un desespero, aun cuando en lo cotidiano todo nos habla de que podemos ser felices. Tenemos sol, agua, aire, compañía, una tierra que produce alimentos con los que nutrirnos. Tenemos un cuerpo y una mente con los que experimentar y aprender a ser esa vida.

Pueden pensar que esto que decimos es de los mundo de yupi, y que no es real, pero la ilusión y la esperanza han sido y siguen siendo los motores que permiten estar y desarrollarnos en la vida. Y justamente de la esperanza queríamos hablarles, porque tal vez ese estado de consciencia que nos da la esperanza es lo único que nos permita salir del pozo negro en el que estamos como humanidad.

Hay un filosofo muy interesante, Baruch Spinoza, al  que, quizás conozcan más por Benedicto Spinoza. Un personaje muy interesante, puesto que, entre otras cosas, siendo judío promulgó la mala interpretación, o falsedad de las escrituras sagradas, lo que le costó el repudio y la maldición de la comunidad intelectual judía.

El caso es que Spinoza definió el miedo en relación con la esperanza y eso es lo que nos interesa, porque en estos momentos precisos del covid-19, puede aportarnos un anclaje desde el cual logremos salir del atolladero, que precisamente está causado por el miedo.

El decía lo siguiente: la esperanza no es más que una alegría inconstante nacida de una cosa futura o pretérita de cuyo suceso dudamos. El miedo por su parte es una tristeza inconstante nacida también de una cosa dudosa. Y además , si se quita de estos efectos la duda, de la esperanza resulta la seguridad y del miedo la desesperación. Es decir, que la esperanza y el miedo son como las dos caras de una misma moneda, ambos nacen  de la imagen de una cosa que hemos esperado o hemos temido.

Por tanto nos parecía interesante aplicar esta idea acerca de este estado emocional humano en el que estamos, que como sabemos todos es el de exceso de miedo, que lo único que conlleva, como dice Spinoza, es hacernos permanecer en el desespero. Y todos sabemos que cuando estamos desesperados cometemos muchos errores que conducen a un mayor miedo y desespero.

Nos interesa entonces cambiar de ángulo el modo en como vemos e interpretamos el mundo, y comenzar a mirarlo todo con esperanza, aunque ello suponga que nos tachen de ilusos o irreales. Porque si como dice este filosofo la esperanza deriva en una seguridad, precisamente es eso lo que andamos necesitando. Y si, además ,la esperanza se acompaña del sentir de alegría pues doblemente nos interesa para nuestras vidas, porque es más que evidente que adolecemos de esa alegría, que por otra parte, si miramos a los más pequeños, vemos que es el estado natural del ser humano.

Los niños son el claro ejemplo de ese vivir la esperanza en todo lo cotidiano, ellos hacen y aprenden, confiados y seguros de que todo alrededor está donde y como tiene que estar. Y su esencia, cuando estas cerca de un niño, tu notas que es de alegría, porque te lo contagia totalmente.

Así que, cambiemos miedo por esperanza, aunque al principio nos resulte difícil y raro. Aunque creamos que nos hemos vuelto un poco locos, pero esa locura que da la alegría y la esperanza es lo que estamos necesitando. Podríamos incluso proponerlo como recurso sanador, porque el miedo ya sabemos a donde nos está llevando; a espacios donde solo hablamos y percibimos enfermedad y muerte. La esperanza es lo que puede mantenernos firmes ante todo eso. Confiar en que la vida tiene recursos propios para vivir  y además tener la seguridad de que la vida quiere vivir. Y nosotros somos esa vida, en nosotros está la vida.

PRIORIDADES

PRIORIDADES:

Prioridad, según el  RAE:

-Anterioridad de algo respecto de otra cosa, en tiempo o en orden.

Otras definiciones de diccionario:

-Ventaja o preferencia que una persona o cosa tiene sobre otra.

«actué con todo el egoísmo de que una persona agotada y un poco dolorida es capaz y pedí prioridad en la cola de los taxis»

-Cosa que se considera más importante que otra.

«la educación es una de las prioridades del Gobierno para este año».

 

Hoy, en nuestro editorial, queríamos hacer alguna reflexión sobre esta palabra, porque, ¿sabe usted cuál es su prioridad o prioridades? ¿Se ha parado a reflexionar si son prioridades propias o inducidas? Y en el caso de que tenga sus prioridades, ¿actúa en consecuencia con ellas?

Es evidente que, en general, la mujer no se ha tenido a sí misma como prioridad… ¡qué egoísmo sería eso! Lo que hemos visto y se ha dado por bueno, por lo correcto es que la prioridad de la mujer sea su familia, en concreto su esposo y sus hijos. Así, ella puede renunciar a sus sueños, a sus proyectos, a sus ideales incluso, por ‘el bien general’, y sentirse bien, porque está cumpliendo con su obligación.

Nos dirán: Eso era así antes, cuando la mujer se casaba, dejaba su carrera para dedicarse a los hijos, pero ahora ya no es así. No estamos de acuerdo, por varias razones:

1- Porque puede que no sea así en el primer mundo, o en parte de él, pero sigue igual para la inmensa mayoría de las mujeres del planeta.

2- Aunque pensemos que estamos liberadas, que trabajamos y que somos independientes, luego, al llegar a casa, nos seguimos encontrando con un trabajo extra que, en general, el varón no tiene. Trabajo físico y sobre todo trabajo organizativo, que ocupa un espacio mental tremendo.

3- Además, esta sociedad capitalista y rentista nos puede hacer creer que nuestra prioridad es mantener el trabajo, seguir ascendiendo en puestos, ser exitosos en ello. Y si lo recapacitamos bien, a lo mejor esa no es nuestra prioridad.

Desgraciadamente, la lista de prioridades nos la marca la cultura, no es nuestra, nos la ponen. Y va cambiando a lo largo del tiempo como va cambiando la cultura. La prioridad de la mujer en otra época era casarse y tener hijos, porque si no, no estaba completa. Esa ha cambiado hoy en día (en algunos sitios), y ahora tenemos la carrera, el trabajo, la posición social, el dinero… Y podemos sacrificar mucho por ello.

Pero pensemos:

Las prioridades de la especie, en un momento determinado, fueron la supervivencia. Si se tenían muchos hijos, había que cazar más conejos y se inventaban más trampas para hacerlo. A partir de la vida en las ciudades y luego del desarrollo industrial, vamos teniendo otras prioridades. Hubiera sido el momento ideal para priorizar aspectos menos materiales, puesto que lo material estaba en vías de resolución. Y si hablamos de la actualidad (seguimos hablando del primer mundo), tenemos una casa que nos cobija, electrodomésticos que nos facilitan la vida, la comida en el supermercado, coches que nos transportan, Internet, avances tecnológicos que nos ayudan… Momento ideal, como decimos, para priorizar otros aspectos de nuestra vida. Pero en lugar de esto, hemos materializado nuestras prioridades. No ha habido un salto de consciencia en la especie referente a las prioridades, sino todo lo contrario, cada vez son más materiales.

Como no hay un desarrollo de otra consciencia, no hemos generado recursos, no hemos sabido preveer recursos para los nuevos aconteceres que hemos generado nosotros mismos.

 

¿Dónde está la prioridad de ser felices? ¿De pasar tiempo con los seres queridos?

¿Es una prioridad el cuidarnos, para también poder cuidar a los otros?

¿Dónde está la prioridad de criar una familia sana, alimentarles bien en todos los aspectos, físico y emocionalmente?

Evidentemente, eso requiere tiempo, un artículo muy escaso y preciado en estos momentos.

¿Cuántas veces nos escudamos en que no tenemos tiempo para cocinar, o para pasar el rato jugando con los hijos o los amigos?

¿Cuántas veces decimos que no tenemos tiempo para hacer ejercicio, o para salir a caminar?

¿Cuándo dejamos de tener interés en aprender cosas nuevas?

De las listas de deseos para el año nuevo, ¿cuántas cosas hemos tachado porque ya las hemos realizado? ¿Y cuántas deberíamos tachar porque ya sabemos que no las vamos a hacer?

 

Tenemos que tomar consciencia de que el tiempo no existe, por tanto, no puedo tenerlo o no tenerlo. Que cuando hay una necesidad de algo, una prioridad, el tiempo para hacerla aparece. Que si no tenemos tiempo para algo que de verdad creemos que será bueno para nosotras o los nuestros, es porque no le damos la prioridad que necesita.

Esto es algo que vemos que sucede en el mundo laboral, cuando hay una prioridad, se actúa rápida y eficazmente en ella. Sin embargo, parece que vivir la vida plenamente no es -ni ha sido- una prioridad femenina o, si quieren, de la especie.

Aquí surge a veces el famoso dilema: ¿esto es urgente o importante? Y en esta dicotomía, suele ganar siempre lo urgente, dejando lo importante para otro momento. En el caso de la mujer, lo urgente son siempre los demás, o lo demás, y nosotras siempre quedamos para luego. Parece que no somos tan importantes.

Si de verdad sentimos que es importante, deberíamos darnos la prioridad que merecemos, y seguro que el tiempo para esa realización aparecerá. Y que, mágicamente, todo nuestro entorno se beneficiará de ello.

NORMALIDAD

 

NORMALIDAD:

Tal vez sea una de las palabras más usadas en nuestra lengua hispana: normalidad, normal.

Si hay atascos en las carreteras es normal.

Si hay un ruido insoportable en la ciudad es normal

Esperar el autobús veinte minutos es normal.

Si nos suben los impuestos es normal.

Que suban los precios de los alimentos es normal.

No conocer a los vecinos que viven en mi mismo edificio es normal.

No saludar por supuesto que es normal, lo del saludo es una rareza que empieza por la pereza de decir “buenos días” si no he tomado previamente el café.

 

Si me dan una cita médica para dentro de un mes es normal.

Si me duele la cabeza es normal.

Si duermo mal es normal

Si las digestiones no son buenas y tengo acidez es normal

Los dolores articulares a partir de una edad son normales, también la nicturia y la sordera.

 

Si soy joven y me emborracho los fines de semana es lo normal.

Si no apruebo todas las asignaturas en junio y me quedan 5 de ellas para septiembre es normal.

Tres meses de vacaciones para los estudiantes adultos sin trabajar es lo normal.

 

Considerar que a quien amamos es nuestro, es normal.

Discusiones familiares son normales.

Discusiones en el trabajo son normales.

Discusiones entre conductores son normales.

Discusiones en la pareja… ¡eso! Ya es la norma de la normalidad.

El maltrato, cualesquiera que sea la relación entre las personas, es lo normal, hasta llegar al título de un libro que en su momento fue famoso: “Mi marido me pega lo normal” de Miguel Lorente. Léanlo, no tiene desperdicio.

Y, en fin, para no hacer la lista inacabable, que de hecho lo es, aquí dejamos de enumerar “normalidades” de este mundo nuestro.

Bien pudiéramos decir que el estilo de vida que tenemos desde hace miles de milenios es la normalidad.

La normalidad es ese traje cómodo, que no se arruga, funcional, que sirve para cualquier ocasión depende con que lo combines. De color ¡eso sí! neutro para que pegue con todo. Se lava por la noche, se seca rápido y no necesita plancha. ¡Listo para llevar! Y lo mejor de su diseño: sirve tanto para mujeres como para hombres; es más, sirve para ellas, ellos y elles.

Con origen en el término latino “normalis”, el concepto de normal se refiere a aquello que se encuentra en un estado al que se lo considera como natural. El término también se refiere a lo que actúa como regla, canon o modelo, y a lo que se ajusta, debido a su naturaleza, a preceptos establecidos con antelación, de ahí que todo aquello que se sale de lo establecido ya no es normal. Lo que se toma como norma o regla, aquello que es regular y ordinario, eso es lo normal.

Este  es el quid de la cuestión: hemos llegado a considerar “natural” aspectos de nuestras vidas que no tienen nada que ver con lo natural propiamente dicho: lo natural es dormir y comer bien, descansar por la noche, no estar sometido a ruido permanentemente, que te vea y te salude, incluso que te sonría; lo natural sería que todo el mundo tuviera acceso a una alimentación sana y equilibrada. Lo natural sería estar esparcidos a lo largo del planeta y no es natural que hoy en día, alrededor del 55 % de la población mundial, o sea 4.200 millones de habitantes, viva en ciudades.

Hemos ido cambiando a lo largo de nuestra presencia en este planeta el sentido de lo natural hasta llegar a domesticarlo y hacer un estilo de vida en el que cualquier detalle que se salga de la norma/normal es susceptible de ser ridiculizado, minimizado, criticado y por supuesto castigado.

Tan acostumbrados estamos a este traje “prêt à porter” que nos es muy, pero que muy difícil, por no decir que casi ya imposible, detectar, intuir o identificar algo que no nos parezca normal fuera del discurso social establecido.

Y retomando el título del libro que les sugeríamos: “Mi marido me paga lo normal”, la mujer ha perdido casi por completo el discernimiento de lo que es lo normal y lo que no lo es en una relación afectiva.

 

No es normal que mi felicidad dependa de si un varón me ama o no.

No es normal que mi criterio de valoración personal dependa de si gusto o no gusto.

No es normal que abandone mis proyectos por agradar a alguien.

No es normal vivir sin expresarse por llevar la fiesta en paz.

No es normal que viva tensa, estresada, agobiada.

No es normal que me exploten en un trabajo.

No es normal que la pareja me chille, me regañe, me diga como tengo que hacer las cosas.

No es normal que sea celoso.

¡Sí! el ser celoso está dentro del ranking de normalidad que más cotiza. Y en esto de la celotipia se ve claramente como la especie ha pasado de lo natural, de naturaleza, a lo “normal”: hizo una conversión del celo entendido como cuidado extremo, como diligencia, al malestar que se siente al percibir que podemos perder a alguien que consideramos de nuestra propiedad.

Hay un abismo infinito entre un criterio y otro.

Tan imbuida está la mujer en este estilo de vida normal, que es incapaz -porque lo considera normal- de ver que un grito no es normal, que un mal gesto no es normal, que una bofetada no es normal, que un puñetazo en la mesa o un portazo no es normal, como tampoco es normal una amenaza del tipo que sea. Y como no tiene un filtro que le sirva para diferenciar lo normal de lo no normal, le meten los goles por toda la escuadra como se dice en el argot futbolero.

Luego, lamentablemente y con mucho dolor, leemos las noticias: Mayo ha sido en España el mes de más muertes de mujeres a manos de sus entrañables parejas, que las mataron porque eran suyas. En total en España y apenas comienza Julio, en lo que va de año, la cifra llega a 23 mujeres.

Unas veces hubo denuncias previas, pero no se consideró el huir a tiempo, seguramente porque se consideraba normal el maltrato y otras ni siquiera las hubo. Tampoco se supo ver. En el primer caso había ceguera parcial en el segundo la ceguera llegó a ser total. Todo se dio por normal.

Y la violencia llega a los hijos que engrosan también estas nefastas cifras.

Es imprescindible, urgente, perentorio que la mujer se quite este vestido de la normalidad que no es sino un burdo disfraz que no le permite ver los signos y señales de que en un futuro su vida y la de sus hijos puede acabar en el fondo del mar.

Llegará un momento en que si la cifra no es muy escandalosa, la violencia de género se considerará ya normal. Porque esta violencia se está incorporando ya a la normalidad y empieza a formar parte del vestido normalidad como un adorno más. ¡Atentas y alertas! A veces ir a la moda puede costar muy caro.

NATURALEZA

NATURALEZA:

Llega el verano -mejor dicho, ya llegó el verano- y con él, la posibilidad de salidas a la playa, al campo… llegan eso a lo que llaman ‘vacaciones’, que este año también van a estar condicionadas por nuestro amigo covid.

Bueno, a la hora de plantearse qué hacer, dónde ir en estos días en los que probablemente no tengamos que ir a trabajar, deberíamos tener en cuenta, como mujeres y garantes de la salud familiar, qué destinos o actividades pueden resultar más beneficiosas y saludables para nosotros y aquellos que están a nuestro cargo.

Podemos ir a visitar ciudades, pero eso sería seguir más o menos con el mismo ambiente habitual.

Teniendo en cuenta la estrecha relación que la mujer ha tenido con la naturaleza (por aquello de que las dos son seres fecundos, que promocionan y protegen la vida, que han sido explotados y esclavizados por el mundo hegemónico masculino, que les ha sacado todo el provecho que ha podido sin importarle nada más…Y decimos esto como una mera constatación de hechos, no desde el rencor o la revancha, que sabemos que no sirve para nada a nadie), teniendo en cuenta esta relación, veamos qué ventajas en cuanto a salud se refiere nos puede aportar un reencuentro con la naturaleza, ahora que las condiciones parecen permitirla:

Y así, leemos: “Un creciente conjunto de investigaciones apunta a los efectos beneficiosos que la exposición al mundo natural tiene sobre la salud, reduciendo el estrés y promoviendo la curación. Ahora, los responsables políticos, los empleadores y los proveedores de servicios de salud, consideran cada vez más la necesidad humana de la naturaleza…”

A esto le sigue, por supuesto, una pregunta: “¿Y cuánto tiempo se tiene que estar en contacto con la naturaleza para que nos aporte una dosis de la misma suficientemente alta como para estar más sanos?

Y los expertos dicen que simplemente 120 minutos, es decir, solo en dos horitas, el poder curativo de la naturaleza ya empieza a notarse.

En un estudio de 20.000 personas, un equipo dirigido por Mathew White, del centro europeo para el medio ambiente y la salud humana de la universidad de Exeter, encontró que las personas que pasaban dos horas a la semana en espacios verdes, tenían una mayor salud y bienestar psicológico que aquellos que no lo hacen. Menos de dos horas semanales se consideró que no aportaba beneficios a las personas.

El estudio se realizó con personas de diferentes etnias, profesiones, enfermedades, niveles de riqueza o de pobreza… con resultados similares en todos ellos.

Que el contacto con la naturaleza es beneficioso, es algo que ya sabíamos, lo novedoso de este estudio fue establecer el tiempo mínimo para que los efectos saludables se produjeran. Sobre todo porque es un objetivo realista para muchas personas.

Entre estos efectos saludables, se encuentra el que el tiempo en la naturaleza es un antídoto para el estrés, reduce la presión sanguínea y los niveles de hormonas del estrés, reduce la excitación del sistema nervioso, mejora la función del sistema inmunológico, aumenta la autoestima, disminuye la ansiedad y mejora el estado de ánimo. El trastorno por déficit de atención y la agresividad disminuyen en ambientes naturales, y promueve la calma.

 

Bien, dos horas semanales en contacto con la naturaleza… no son mucho, se puede hacer. Pero… esto es algo que los investigadores japoneses llevan estudiando desde hace muchos años, estudiando y poniendo en práctica, hasta llegar a instaurar una técnica que llaman SHINRIN YOKU O BAÑOS DE BOSQUE. El significado literal es ‘absorber la atmósfera del bosque’, y el término fue acuñado en los años 80 y se viene practicando desde entonces.

Esta práctica consiste en pasar tiempo en el bosque, también con el objetivo de mejorar la salud, el bienestar y la felicidad. El Shinrin Yoku tiene un componente espiritual, y en realidad se ha utilizado algo parecido en diferentes culturas en todo el mundo, justo para la sanación espiritual de las personas.

No solo se puede realizar en el bosque sino en cualquier espacio natural y abierto.

Es una experiencia contemplativa, un paseo inmersivo por un bosque no transitado, que se recoge de forma pausada con los cinco sentidos. Imprescindible: dejar de lado la prisa. Es importante, en esta técnica, escuchar, estar tranquilo, aceptar y reconocer la presencia propia, y dejar que los sentidos sientan y disfruten de lo que hay a su alrededor.

Sus practicantes insisten en diferenciarlos del senderismo o de deportes al aire libre, porque esto no es un deporte. Se trata de sentir el bosque, en paseos que pueden ser de un máximo de 1,5-2 kilómetros, en los que se va a emplear todo el tiempo que haga falta.

Los efectos beneficiosos son los mismos que hemos explicado antes: calma, disminución de la TA, del estrés y la ansiedad, incluso de la incidencia de infartos, fortalecimiento del sistema inmune. Y dicen que, en un mundo que va demasiado deprisa, los baños de bosque implican caminar despacio, sentir el sendero, tocar los árboles, el agua, oír el canto de los pájaros, el viento, la caída de las gotas de rocío…

Aunque no lo crean, hay instructores específicos para ayudar y guiar en el baño de bosque, en parques naturales y espacios verdes de Europa y América. Está indicado para cualquier edad y condición física y a todos aporta sus beneficios.

 

Nos parece interesantes estas propuestas, pero si queremos insistir en ello, tenemos que saber que el ritmo biológico de nuestra estructura, en las ciudades y con la actividad habitual, se modifica y se altera, produciéndose trastornos de sueño, mayor propensión al estrés crónico y otras muchas de los males llamados ‘de la civilización’. Lo interesante es que estos biorritmos pueden restaurarse, pero para ello necesitamos algo más de esas dos horas semanales o del shirin yoku, necesitamos una desconexión de lo cotidiano y una inmersión en un ambiente sin luz artificial ni móviles ni televisión ni ordenadores… por un mínimo de cuatro días… No es mucho, teniendo en cuenta los años que llevamos disregulados, saber que en cuatro días podemos volver a nuestros ritmos biológicos naturales. Esto sí sería una experiencia a considerar.