16Marzo

SOBRE LA INTOLERANCIA

SOBRE LA INTOLERANCIA

Por Inspiración Femenina

Nuestras sociedades occidentales no se caracterizan precisamente por ser muy tolerantes. No nos gusta lo que se sale de nuestros parámetros de comportamiento, o lo que no se amolda a lo que nosotros, con normas, leyes, y morales, hemos establecido como una “buena educación”.

Al ser seres gregarios, lo que nuestro entorno opine de nosotros nos importa mucho, y nos vamos amoldando a estas leyes, escritas o tácitas. Y así, vamos educando a nuestros hijos para que en el futuro sean unos buenos participantes de estas sociedades.

Poco a poco, estas normas sociales van modificándose para adaptarse a nuevos estilos de vida, y nosotros vamos educando a nuestros hijos de distinta forma. Lo que antes era aceptable, de pronto se convierte en inaceptable. Y hay que decir que todo esto lo hacemos creyendo que es lo mejor para nuestros hijos, porque, a pesar de cualquier defecto que se tenga como madre, nunca se puede dudar de que lo que hace, lo hace por amor.

Desde que la mujer se ha liberado, se ha incorporado a la fuerza laboral, ha tenido que modificar sus ritmos, sus prioridades, su comportamiento y sus relaciones, y con ella, toda la sociedad ha ido perdiendo ese toque femenino que, aunque esclavizada, teñía la sociedad con su sutil color.

No queremos con esta entrada ni juzgar, ni condenar, simplemente poner de manifiesto un comportamiento nuevo en las sociedades que tienden poco a poco a perder sus recursos femeninos.

Creemos que es esta pérdida de feminidad lo que nos hace cada vez más intolerantes, y los niños no se salvan.

Antes se sabía que los niños eran niños, es decir, ruidosos, juguetones, llorones, traviesos, y aunque también se les exigía un comportamiento educado cuando estaban con adultos, en general se les dejaba ser niños.

Las mujeres sobretodo eran más tolerantes, más pacientes, y si la paciencia se les acababa, pues los mandaban a la calle a jugar para que pudieran seguir siendo niños sin molestar a nadie.

El momento del día dedicado para convivir con el padre, era el momento más tenso, el que les exigía convertirse de pronto en pequeños adultos para que el padre, cansado del trabajo, no tuviera que aguantar el ruido y las travesuras. Era incómodo para los niños, pero era sólo eso, un momento en el día.

A medida que la sociedad se va masculinizando, ese momento del día en que se les pedía convertirse en pequeños adultos se ha ido haciendo más grande. Tanto que ahora es al revés: sólo pueden ser niños un momento al día. El resto del tiempo estamos las madres pendientes de que no hagan ruido, de que no sean traviesos, de que hagan los eternos deberes del colegio… esto no es ser un niño.

Las madres aunque queramos que nuestros hijos sean niños, nos vemos muy condicionadas por la sociedad que exige el buen comportamiento de ellos. Visitamos distintos lugares siempre pendientes de que nuestros hijos no incomoden al entorno. Y no es que a la gente no le gusten los niños, sino que la sociedad actual valora mucho el orden y el silencio… y esto no es precisamente lo que define a un niño. Estamos constantemente llamando la atención de nuestros hijos para que sean bien educados, y las miradas acusadoras de las personas intolerantes nos afectan mucho.

Es triste ver que esa actitud maternal en nuestra sociedad se va perdiendo, porque es esta actitud maternal lo que promueve una buena interacción con los pequeños, de manera que ellos se puedan expresar en lo que son, y nosotros podamos nutrirnos y aprender de su alegría, de sus risas, incluso disfrutar de sus travesuras.

No todas las sociedades son así. Todavía en algunos lugares a los niños se les permite serlo. Saben que son desordenados, que sus manos pequeñas a veces tiran las bebidas o la comida, y no arman un escándalo por ello. Saben que son ruidosos y los mayores adaptan su nivel de atención a lo que están haciendo, en vez de sentirse frustrados porque el niño no los deja conversar, o trabajar. Incluso sienten que las risas y juegos de los niños son sanadores, y que entre más haya de esto, más se benefician las personas alrededor.

Si permitimos desde pequeños que los niños sean niños, que sean lo que son y que se expresen consecuentemente con ello, también estaremos fomentando la formación de seres sinceros, bondadosos, respetuosos con la naturaleza de cada ser, lo que a su vez permitirá la presencia -y no pérdida- de valores como la ternura, el cariño, el respeto, la sinceridad, el amor para un futuro. Un futuro en donde aún quede vida y disfrute y no sólo renta y beneficio.

Es imperativo que recuperemos este sentido común de dejar a los niños ser niños. No es mejor niño aquel que obedece a todo el mundo, que es callado y retraído, el que juega solo, o no se ríe… El mejor niño es el que puede vivir la expansión que su edad les pide, el que no para ni un segundo al día y se ríe tanto, que con su risa nos contagia.

Veremos cómo si los liberamos a ellos, liberaremos a sus madres también de una presión añadida, y la sociedad entera se verá beneficiada al poder recuperar a los niños y con ellos su frescura.

Posted in OPINION

Comentarios (1)

  • Nelsy Rivero

    Nelsy Rivero

    17 Marzo 2016 a las 02:53 |
    El modo de juego de los niños ha cambiado. Jugar ya ni siquiera es libre. El deporte es la nueva jugada, con sus reglas, uniformes, días fijos y horarios. Por supuesto preparándose para las esperadas competencias y luchar por ser el mejor, el elegido, el capitán del equipo. Debemos pagar para que aprendan a divertirse, para que golpeen la pelota, por correr, por sudar...por participar.

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