01Diciembre

A PROPÓSITO DE LA PAREJA

A PROPÓSITO DE LA PAREJA

Por Inspiración Femenina

Que la pareja humana está en “crisis” no es ninguna novedad,  no es sólo ahora, desde siempre lo ha estado. Lo que ocurría es que las cosas se llevaban de otra manera, con otros disimulos, con otros silencios. Así lo requerían las condiciones sociales, económicas y religiosas. Hoy en día, en el que no importa tanto “el que dirán”, ahora que la economía no es patrimonio único del varón, y cuando las religiones han dejado de ser el bastión de nuestras consciencias, el “ahí te quedas” está a la orden del día y muchos matrimonios no sobreviven ni cinco años. Las cifras de divorcios en todo el planeta son indicadores de esta nueva etapa que vive la “pareja” humana.

A lo largo de la historia de nuestra humanidad, la pareja humana ha pasado por muchas vicisitudes y modelos. La reproducción era fundamental para la especie y el tener pareja era un “bien” adquirido, tanto a nivel individual como a nivel del grupo social al que pertenecían el esposo o la esposa. Y hoy en día, que pareciera que nos hemos sacudido este matiz de carácter económico, está más presente que nunca. Prueba de ello es que en el momento de la separación, el gran núcleo de conflicto –en la mayoría de los casos- son los bienes compartidos y por supuesto los hijos, porque  éstos -en el fondo- siguen considerándose una propiedad.

No creemos que la pareja esté en crisis, creemos que estamos asistiendo a un momento más de la búsqueda de “regular” las relaciones entre el hombre y la mujer, algo que –como decíamos- ha estado guiado por los modelos sociales vigentes. Lo que sucede en la actualidad es que todos esos modelos sociales –otro hora sagrados e inamovibles- se han ido cayendo como si de un castillo de naipes se tratara. Los viejos paradigmas se extinguen como el humo de una fogata.

Por eso consideramos que estamos en un momento ideal para buscar nuevas perspectivas para afrontar las relaciones. Desligados de los modelos arcaicos y en medio de una vacuidad de valores, no estamos o no deberíamos de estar condicionados por premisas inamovibles a la hora de plantear una relación, lo cual nos deja las puertas abiertas para muchas opciones. Por ejemplo tener una pareja no implica necesariamente compartir techo.

Quizás estamos en un momento ideal para poder ahondar en la naturaleza de esa relación  y dejar que el mutuo conocimiento y las necesidades de ambas partes vaya marcando el cauce del afecto que –con un poco de suerte- puede llegar a convertirse en una historia de amor. Y si de amor hablamos, recordemos que éste gusta poco de compases establecidos y cuando ve que la melodía se repite huye y nos deja con nuestras viejas y monótonas añoranzas.

Un aspecto que nos parece interesante a la hora de plantearnos profundizar en la naturaleza de las relaciones, es darnos cuenta de que el otro o la otra, no son seres que se quedaron inmóviles, estáticos –como si de estatuas se tratara- cuando se cocieron. De la misma manera que nos modifican nuestras relaciones con el trabajo, con los amigos, con nuestros hobys, la propia relación con la pareja nos va modificando.  Estamos en permanente movimiento y cambio,  y esto hay que tenerlo muy en cuenta a la hora de entablar una relación. Podemos hacer de esa relación una aventura permanente que nos lleve al descubrimiento mutuo permanente. Gustamos de la inmovilidad porque nos queremos aferrar a ese “primer instante” que nos fascinó, sin darnos cuenta que eso fue sólo el inicio de lo que puede ser un motivo de evolución en nuestras vidas. Así, la pareja puede  ser toda una expectativa de mutuo desarrollo. Renunciar a ello es abocarse a ser una cifra más en las estadísticas de los fracasos.

Posted in RELACIONES

Comentarios (1)

  • susan

    susan

    02 Julio 2016 a las 05:03 |
    gracias por las luces... y por ampliar mis perspectivas

    responder

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