05Mayo

CUANDO EL HOMBRE Y LA MUJER SE PUSIERON DE ACUERDO

Por: Inspiración Femenina

 Hoy he soñado con algo que…a lo mejor he pensado en algo que…más bien me he imaginado contando para las generaciones futuras la siguiente historia: “Del día en el que el hombre y la mujer si pusieran de acuerdo”.

Observando el mundo hoy en día, nos da la sensación de que el hombre y la mujer desde siempre no han estado de acuerdo. Y uno puede pensar que eso es y fue así y punto. Pero no sabemos, en realidad, si algún día el hombre y la mujer estuvieron de acuerdo de forma general. Lo importante es que no debemos de vivir del pasado. El pasado tiene sí una importancia en nuestras vidas y en nuestras actitudes actuales, pero tenemos que pensar en futuro. Y el futuro es ya.

Porque atrapadas al pasado seguimos usando frases típicas que evocan ese combate y guerra entre el femenino y el masculino.

Frases sexistas como:“Las mujeres se visten como cualquieras. Por eso se ganan lo que les pasa”; o “Definitivamente, usted necesita un hombre”; y aún: “Si ella tiene muchos hombres, es una prostituta”; y: “Si no quiere tener hijos o novio: es solterona/lesbiana/marimacha”; “Usted es feminista porque es fea”; “El feminismo es para mujeres resentidas”; “Mejor vaya a la cocina”; y también: “¿Cómo se sabe cuándo una mujer dirá algo inteligente? Porque comienza la frase diciendo: "Escuché a un hombre decir..."

U otras como: “¿Cómo puedes saber la diferencia entre los verdaderos regalos de los hombres y los regalos por sus sentimientos de culpabilidad? Los segundos son más bonitos y caros.”; o también: “¿Por qué el hombre le pone nombre a su objeto sexual? Para saber quién es el que toma todas las decisiones por él.”; y: “Los hombres no lloran”; “Los hombres son todos iguales, lo único que cambia es la dirección.”, y un largo etcétera.

Podemos considerar estas frases como un sentido de humor, o que no es para tanto, o es una broma, etc. Pero en su raíz está inmiscuido este desacuerdo entre hombres y mujeres. Estas famosas frases nos hacen ver que seguimos en direcciones opuestas y no entramos en un consenso.

Más que analizar estas frases y entrar en la profundidad de cada una y preguntarnos qué está por detrás de cada decir. Lo que queremos hoy, desde Inspiración Femenina, es recordar que las palabras tienen su aliento y una palabra puede sanar o dañar profundamente a una persona. Recordemos que “Una palabra bastará para sanar”.

Y de ahí que queremos recuperar una palabra poco usada –y mucho menos practicada- en nuestro día a día que es la palabra RESPETO.

Sí…respetar a los demás. Pero, claro, podemos preguntarnos: ¿Qué es respetar a los demás?

Según el diccionario de la academia española el respeto es: la veneración, acatamiento que se hace a alguien; también el miramiento, consideración, deferencia.

Y nos dicen que muchas formas de respeto se basan en la relación de reciprosidad, respeto mutuo, reconocimiento mutuo, etc.

Creemos que ahí puede estar una clave para empezar una relación de respeto. En realidad, debemos de respetar al otro por el simple hecho de ser un ser que necesita de nuestro respeto. No hace falta una reciprocidad. Nos explicamos mejor: no es que la reciprocidad no sea importante en una relación, pero mientras esperemos que el otro me quiera, me ame, me respete, etc., para que yo empiece a hacerlo también, estaremos siempre en la misma carambola, en el mismo lugar, dando vueltas en lo mismo. Y seguiremos sin ponernos de acuerdo.

En definitiva, el respeto tiene que empezar por uno. No esperar del otro el respeto.  Y así cuando uno se respete, pasa a respetar al otro. Y de manera mágica y natural el respeto se dará.

A lo mejor este es el fallo en las relaciones entre mujeres y hombres. Estamos siempre esperando que el otro dé el primer paso. Y así vamos perpetuando relaciones de competencia, desprecio, maltratos, y de falta de respeto.

Desde Inspiración Femenina creemos que el respeto es este fino hilo que no se ve pero que cuando está, sí se nota y permite que las relaciones se den de forma más pura y agraciada.

Creemos que si tenemos en cuenta esta palabra -que no debe quedarse solamente en la teoría, sino que ejercitarse en la práctica también- en nuestro hacer cotidiano y en nuestro estar podemos empezar a soñar el día en que el hombre y la mujer se pongan de acuerdo. Y este día, la especie humana empezará a vincularse cómo en algún momento nos han pensado. Ojala ese día se dé.

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