Aborto (Enero-07)

El 9 de Octubre del 2.006 aparecía en un diario español una noticia titulada: “Crece la lista negra del aborto”. En ella podíamos leer que uno de cada cinco embarazos terminó el año pasado en los quirófanos de las clínicas autorizadas para la interrupción voluntaria del embarazo. La noticia recoge la inquietud de los expertos por el abuso de esta práctica médica, la cual es una señal de que algo no funciona bien en la sociedad que los registra. También se ofrece el dato de que los casos entre adolescentes han crecido en una década el 250%.

Y nos preguntamos: Tratándose de la mujer, ¿hay algo que haya funcionado bien en alguna sociedad? Desde luego, sentimos que no.

Breve historia del aborto

El aborto, es muy antiguo. Pero la concepción que de él se ha tenido ha variado en el transcurso de los siglos. Hasta el siglo XVII y XVIII, todo lo referente a la ginecología era una cuestión del ámbito de las mujeres. Embarazos, partos y abortos. Las mujeres eran expertas en hierbas y brebajes. La mujer era su propio test de embarazo, ya que no había medios externos para confirmarlo. Sólo ella, cuando sentía al feto moverse en su vientre, tenía la constancia de su embarazo. En aquellos tiempos, dada la mala alimentación y las condiciones de vida, la menstruación quizás no era un acontecimiento “mensual”, por lo que su ausencia, no era síntoma de embarazo. Todo lo referente a la “mujer” era un ámbito sombrío y oscurantista.

Lo que no ha cambiado mucho es el hecho de que la existencia femenina encuentre su sentido y justificación en el acontecimiento de la maternidad y, hasta fechas muy cercanas, debía producirse en el ámbito del matrimonio. De hecho sentimos que, todavía en la actualidad, una madre soltera no está “bien vista”. Fruto del reduccionismo de la mujer a lo maternal, fue que se denominó a su útero: Matriz.

Volviendo al desarrollo del acontecimiento del aborto, en Grecia las mujeres, con este fin, practicaban ejercicios físicos violentos, utilizaban fármacos e instrumentos mecánicos. El aborto era aceptado jurídicamente. En Roma se fue “matizando” la cuestión, pues ya el aborto era castigado si no contaba con el consentimiento del marido, con penas que iban desde el exilio a trabajos forzados en minas o reclusiones en alguna isla para quienes hubieran intervenido en ello. De ser una cuestión privada, el aborto pasó a ser una cuestión del “pater familias”, que era quien tomaba todas las decisiones que afectaban a las personas que estaban bajo su tutela. El aborto ya no será una cuestión de la mujer, sino de quienes la tutelan.

Las diferentes sociedades, a partir de entonces, la medieval y las religiosas, tanto cristianismo, como judaísmo y el Islam, han considerado el aborto de forma diferente, pero con un elemento común: el aborto perjudicaba los derechos del padre. No hay que olvidar que en la sociedad patriarcal el hijo es mano de obra gratis, brazo armado para la conquista y continuador del linaje. Y, en general, en los casos que se requiriese por la salud de la madre, también toda decisión debía pasar por consultar al padre o marido.

Entre los siglos XVII y XVIII, hubo dos acontecimientos que  “ubicaron” el tema del aborto. Por una parte, los descubrimientos científicos; por otra, la Revolución Francesa.

A partir del descubrimiento prehistórico de la participación del varón en la fecundación, y por el predominio masculino de las sociedades, se desarrolló la teoría de que la mujer era simplemente una fragua donde se nutría el semen masculino, cuyas semillas fermentaban en el útero. Los descubrimientos científicos de los siglos XVII y XVIII, llevaron a cambiar esta concepción y se empezó a hablar de los “testículos femeninos”, que producen los óvulos, en donde ya está contenido el nuevo ser.

Empezaron a intervenir los médicos y cirujanos en el parto, cuya ingerencia, hasta entonces, hubiera sido impensable. El parto, hasta ese momento un fenómeno natural, se convirtió en un acto médico. Las comadronas empezaron a ser mal vistas, incluso perseguidas y difamadas. A partir de entonces, fue el acto científico el que determinaba el embarazo, la madre ya no era portavoz de su propio acontecer. La autoridad era la ciencia y la mujer fue perdiendo su percepción: Para saberse encinta empezó a necesitar de una intervención externa.

Respecto a la Revolución Francesa, y con el comienzo de los nacionalismos, los Estados necesitaban del aumento de los ciudadanos, ya que estos eran considerados como trabajadores y soldados (los ejércitos empezaron a ser regulares y no de mercenarios como era hasta entonces). Los nacimientos serán un acto relevante desde lo social y lo político. Una frase de Diderot nos lo deja bien claro: “Un Estado es tanto más poderoso cuanto más poblado se encuentre y cuanto más numerosos sean los brazos empleados en el trabajo y en la defensa”. ¡Menos mal que era revolucionario e intelectual! (No perdamos el humor). También una persona destacada del Iluminismo, Meter Frank dijo: “Nacimiento y no nacimiento son cuestiones públicas”.

A partir de este momento, las mujeres parían “hijos para la patria”. La maternidad era un acto patriótico. Y esto recrudeció el sentimiento de sacrificio en la mujer, no importaba tener trece o quince hijos y reventar, lo importante era servir a la patria.

De alguna manera, las mujeres hemos hecho el servicio militar. Pero el nuestro no ha durado dos o tres años; el nuestro ha durado los treinta o treinta y cinco años en los que somos fértiles. Algunos todavía hemos vivido la España que otorgaba premios, medallas y ventajas económicas a las familias numerosas.

En la Revolución Francesa, la figura de “Marianne” –que podemos contemplar en el cuadro de Delacroix– con sus pechos al aire, fue la figura de la Revolución. Pechos desnudos para nutrir a todos. La madre se convirtió en símbolo de la Patria. Y el pecho estaba al servicio del interés nacional. Pero no hay que olvidar que junto a la “madre”, esta el “padre”. Y en este caso, junto a la madre patria está el padre- estado. “La mujer embarazada ya no es más la simple mujer del ciudadano, sino que en cierto modo es la propiedad del Estado”, diría igualmente Meter Frank. Sintomático ¿verdad?

En definitiva, el embarazo y el parto ya eran una cuestión de la ciencia y de la política. Evidentemente, en medio de todo ello, la reprobación y represión del aborto, fue drástica.

¿Qué juego malabar de este mago-estado, ha hecho que de repente lo que era negro ahora sea blanco? ¿Qué extraño sortilegio ha hecho que nuestros pechos patrios ahora sean soufflé de silicona? ¿Qué movimiento de chistera trucada ha hecho de nosotras un Saturno frío y calculador que devora a sus hijos? ¿Qué parte de la película de terror de esta sociedad patriarcal nos hemos perdido por nuestra ignorancia y domesticación?

Sí. En el siglo XX, a finales de los años sesenta y principios de los setenta, todo dio un vuelco. Dejaron de interesar las familias numerosas y se le vendió a la mujer el aborto como un derecho. Y poco a poco las legislaciones empezaron a ser más permisivas. Por supuesto que nos han vendido también la “seguridad” de la práctica abortiva, por medio de unas buenas condiciones sanitarias.

En 1.955 Gregory Pincus comenzó en Puerto Rico experimentos en mujeres pobres con píldoras que contenían estrógenos y progesterona. Posteriormente fue un procedimiento aprobado como regulador menstrual y dos años después la píldora “Enovid” fue puesta en el mercado. El anticonceptivo oral era una realidad.

Las familias numerosas favorecían la repoblación en una Europa diezmada después de la II Guerra Mundial. Y las mujeres, en casa, daban estabilidad a la recuperación de las naciones. Pero, una vez conseguido esto, una vez que la mortandad infantil ya no era preocupante y una vez que el crecimiento económico requería más mano de obra a menos coste para obtener rentabilidades, dignas de un liberalismo económico, ya no era rentable la mujer en casa pariendo. Se la incorporó al mundo laboral (aún hoy día los salarios son de un 35% inferiores a los del varón en igualdad de rango y profesión) y, por supuesto, todo ello requirió un descenso de la natalidad. Pero –y es curioso–, esto no se le vendió a la mujer como un “sacrificio” sino que, hábilmente, se le dio la vuelta a la chistera y se le ofreció como una “liberación”. La incorporación de la mujer a la vida laboral fue un hecho.

La frase: “Nosotras parimos, nosotras decidimos”, tan famosa en los momentos reivindicativos, sólo tiene de veraz la primera parte. Es obvio que parimos, pero no que decidimos. Decidir, ya decidieron por nosotras desde siempre, tanto para no abortar como para abortar. Los intereses del Estado han decidido siempre por nosotras, porque siempre hemos estado tuteladas, desde la época del “pater familias” de Roma, hasta hoy día con los modernos “pater-estado”. Antes, de forma evidente, ahora sutilmente camuflado. Y todo ello favorecido por la ignorancia a la que hemos sido sometidas.

El aborto es fruto de la gran “incultura” de la mujer. Inculta de su propia cultura, la mujer ha estudiado, aprendido y copiado una cultura y un lenguaje  masculino, que la lleva hasta tal punto que se convierte en ignorante de su propia identidad: fecunda y vehículo de la vida. Irónicamente vive el aborto como un derecho reproductor y como un logro social. Y así nos vemos sometidos a una cultura donde todo vale y en la que poco se ama a la vida. Y cuando se ama poco a la vida las consecuencias pueden ser dramáticas.

Situación actual

El aborto ha ido aumentando en el todo el planeta en los últimos años. Aunque las cifras de embarazos precoces se han reducido en las dos ultimas décadas, esto no se debe al mejor uso de los anticonceptivos sino al abuso del aborto.

Las causas del aborto son diversas según las diferentes organizaciones, como la OMS o El Fondo de Población de ONU. Según estas organizaciones,  el aborto es producto de:

-La desigualdad entre hombres y mujeres

-Los embarazos precoces.

-El difícil acceso a los medios de planificación familiar, especialmente en las poblaciones más pobres.

-Las políticas de los estados del “un único de hijo”, como en China, donde el aborto selectivo se ha convertido en una práctica frecuente.

-La pobreza.

Las causas son variables según nos encontremos en el primer mundo o en los países en desarrollo. En países del primer mundo, como España, se dice que tener un empleo asalariado es el determinante que más pesa para que las mujeres decidan abortar; el segundo factor es el haber sido madre con anterioridad; el tercer factor es el estado civil, abundan más los abortos entre mujeres viudas, solteras, separadas o divorciadas que entre las casadas. Sí es a resaltar que el nivel educativo apenas pesa como determinante del aborto. Tanto en países del primer mundo como en China o India, las mujeres más ricas y preparadas abortan más que las más pobres, que no tienen acceso a las clínicas de aborto por la falta de recursos.

Las cifras sobre el aborto son inexactas, imprecisas y en ocasiones ambiguas, todo depende de quién maneje las estadísticas y qué objetivo quiera lograr al presentarlas, sin olvidar, por supuesto, que la practica del aborto es considerada ilegal en muchos países del planeta. 

De los 211 millones de embarazos que, según se estima, se producen cada año, unos 46 millones acaban en abortos provocados, según informó la OMS, en el Estado  de  la salud  2005.

El aborto realizado en malas condiciones es una de las causas principales de la mortalidad derivada de la maternidad y puede redundar en lesiones permanentes. Debido a la falta de acceso a servicios de planificación familiar, solamente en los países en desarrollo hay cada año unos 76 millones de embarazos no deseados y 19 millones de abortos realizados en condiciones sépticas o inaceptables desde el punto de vista médico. Esto conduce a que se pierdan 68.000 vidas anuales. Los abortos peligrosos constituyen un problema que afecta particularmente a mujeres jóvenes. Dos terceras partes son practicados en mujeres con edades comprendidas entre 15 y 30 años.

Las investigaciones indican que uno de cada diez embarazos terminará en un aborto realizado en malas condiciones; y las mayores cantidades de esos abortos se practican en países de Asia, África y América Latina.

El aborto realizado en malas condiciones es una de las principales razones por las que las mujeres y adolescentes solicitan atención de emergencia: en África, al sur del Sahara, entre una quinta parte y la mitad de todas las camas de servicios ginecológicos están ocupadas por la atención posterior al aborto. Muchas mujeres temen que se sepa que han solicitado un aborto y también temen la censura de los encargados de los servicios de salud, de modo que aplazan el momento de solicitar tratamiento hasta que es demasiado tarde. Los múltiples costos de los abortos realizados en malas condiciones son muy superiores a los precios de los anticonceptivos que podían haber prevenido ese sufrimiento.

Además de las consecuencias físicas inmediatas del aborto, como hemorragias, infecciones por la falta de asepsia, el aborto aumenta la tasa de mortalidad femenina:

Un estudio publicado por el Southern Medical Journal revela que las mujeres que se han practicado abortos tienen un riesgo significativamente más alto de muerte a corto y largo plazo que las mujeres que dan a luz.

Estudios realizados en California y Finlandia, hallaron que las mujeres que habían realizado abortos, tenían casi el doble de probabilidad de morir en los dos años siguientes. También hallaron que la alta tasa de mortalidad entre mujeres que habían abortado se mantenía al menos ocho años. Durante este período de ocho años estudiado, las mujeres que abortaron tuvieron de un 150 a 250% más riesgo de muerte por suicidio, 82% más riesgo de muerte por accidentes y 44% más riesgo de muerte por causas naturales. Estos estudios revelaron también que durante los primeros cuatro años, las muertes de las mujeres que han abortado son, por lo general, por suicidio y por conductas de riesgo. En los años siguientes las muertes aumentaron por causas naturales. Esto puede reflejar un trastorno a más largo plazo debido al trauma que los altos índices de depresión, ansiedad y auto-negligencia, pueden causar al sistema inmunológico y cardiovascular de la mujer.

Toda la literatura médica muestra claramente que el aborto contribuye al declive de la salud física y mental de la mujer. Entre las complicaciones físicas están: las infecciones, las hemorragias, las complicaciones debido a la anestesia, las embolias pulmonares o del líquido amniótico, así como las perforaciones, laceraciones o desgarros del útero. Estadísticamente hablando, el riesgo de estas complicaciones es de un 10%, pero el de las complicaciones a largo plazo es entre un 20 y un 50%. Las mujeres que abortan sufren también emocional y espiritualmente de lo que se ha identificado como el “Síndrome post-aborto”. Estos efectos del aborto incluyen sentimientos de culpa, angustia, ansiedad, depresión, baja autoestima, insomnio, diversos tipos de neurosis y de enfermedades psicopáticas, tendencia al suicidio, pesadillas, recuerdos dolorosos en la fecha en que hubiera nacido.

 Por el contrario el dar a luz protege la salud mental y reduce las tasas de mortalidad. Y además, es menos costoso que abortar, si hablamos en términos de salud.

Una visión desde la cuántica

Puestas a contemplar el aborto desde un punto de vista “científico”, seamos vanguardistas y afrontémoslo desde el punto de vista de la física cuántica. Podríamos decir que, hasta ahora, hemos contemplado el aborto desde el punto de vista de la física mecánica: causa-efecto, principio-fin. Pero una opción - y es la que queremos aportar en este artículo al universo de lo femenino y lo masculino -, es contemplar este hecho desde el punto de vista de la física cuántica.

Afirma el premio Nóbel Murray-Gellman: "Hay una diferencia mayor entre un hombre que sabe Mecánica Cuántica y otro que no, que entre un ser humano que no sabe Mecánica Cuántica y los otros grandes simios".

En 1.927, Werner Heisenberg describió su famoso “Principio de incertidumbre o de indeterminación”, en el que afirma que no es posible determinar a la vez la posición y la velocidad de una partícula. Si determinamos una de ellas, sólo podemos hablar de probabilidades en cuanto a la otra. A partir de aquí, el concepto de “probabilidad” se va extendiendo –no es este el momento de profundizar en ello– hasta afirmar que en la física cuántica la “probabilidad” entra como un elemento fundamental e irreducible de la descripción de la naturaleza.

Probabilidad y posibilidad no es exactamente lo mismo. La física cuántica habla de probabilidades, pero las probabilidades se convierten en posibilidades. La probabilidad de que una persona tenga un embarazo bajo unas determinadas condiciones, es mayor o menor. Pero una vez que se ha producido –si se produce–, es una posibilidad de que, a partir de ahí, se desarrollen una serie de acontecimientos “x”. El embarazo es una probabilidad de un ser, con un código genético, que tiene un espacio en este planeta. Cuánticamente, no se puede excluir ninguna probabilidad, porque, referenciándonos en el principio de incertidumbre, no tenemos la certeza de cuál es la buena. En el momento en que anulamos una, ya dejamos de ser cuánticos.

Valga el juego cuántico con este tema, sabiendo que lo estamos cogiendo por los pelos, sin duda, pero es importante llevar lo cuántico a la vida cotidiana, lo que es física puramente experimental, física de partículas. Si nosotros también somos partículas en este universo, ¿por qué vamos a quitar una probabilidad? Si así lo hacemos, realmente nos apartamos cada vez más de que se dé la probabilidad más adecuada en el momento más necesario.

Visto desde el punto de vista de la física cuántica, el aborto es un error, porque elimina esa probabilidad. Dejada a su suerte, la llegada de ese nuevo ser, va a dar unas reacciones, a la madre y a las personas del entorno. Sea como fuere, ésa es una probabilidad-posibilidad que no va a dejar a nadie indiferente. Va a incidir en su medio de una manera clara y evidentísima, con independencia de los valores que se le den. Pero ya el hecho de la presencia de un bebe implica variables en la vida de muchas personas, en realidad va a incidir sobre todo el planeta, pero los más cercanos lo notarán más.

A lo mejor, la opción de ese ser, era la opción buena. En cualquier caso, el quantum de la fecundación está lleno de probabilidades y de posibilidades que desconocemos. ¿Por qué vamos a negarlas? La propia naturaleza se encarga de desechar los productos no viables. Si ella permite que se produzca un acontecimiento, ¿Quiénes somos nosotros para no permitirlo?

La responsabilidad del varón en el aborto

La mujer, en el momento en que se embaraza, es un ser diferente. Toda su estructura se pone inmediatamente al servicio de la gestación del nuevo ser. En este momento es un ser muy fuerte de cara a su interior pero muy frágil de cara al exterior. Es un ser muy indefenso, se puede hacer con ella lo que se quiera. Porque toda su atención e intención está dedicada al bebe, que está ahí y requiere y demanda de todas sus fuerzas. Presionada por las circunstancias, los miedos, los desamparos, no tiene ecuanimidad para decidir y busca la salida más sencilla. Si decide abortar es porque se ha visto profundamente desvalida.

 Quien tiene en este momento la responsabilidad es el varón. Su irresponsabilidad es la que permite un gran porcentaje de abortos. Es cierto que en el embarazo, la mujer, como es obvio, tiene una participación muchísimo más alta que el varón, pero el embarazo no es un acontecimiento de exclusividad femenina, el varón ha sido también  vehículo responsable de la llegada de ese ser. Por tanto, el embarazo, es un acontecimiento compartido, así como el aborto no es una responsabilidad sólo de la mujer, es un problema de humanidad. Un problema que se debe probablemente a:

-El abandono progresivo del varón en su papel de responsable, en su papel de garante de sus actos y en su papel de cuidador de la vida.

-La falta de compromiso que tiene a la hora de la fecundidad. Por eso denunciamos la irresponsabilidad cobarde de los espermatozoides en el caso del aborto.

-A la falta de rigor y contundencia a la hora de dar la provisión, el sustento, el visto bueno para que siga adelante ese embarazo o no.

Sin duda, desde nuestro punto de vista humanista, insistimos, la inducción para que el número de abortos aumente –sea cual sea la edad, la cultura, el deseo de ser madre o no–, depende fundamental y significativamente de la posición que adopte el  varón. Si el varón tiene una actitud firme, esa mujer no abortará. Luego ya se verá como transcurren los acontecimientos: si se queda el bebe la madre, el padre o lo dan en adopción –hay muchas parejas esperando adoptar–.Y aún en el caso de que la mujer vea peligrar su trabajo, sus proyectos, su empresa, la fuerza de lo maternal es mucho más grande y se hace fuerte si se ve respaldada. Si no, pesará más la vida laboral.

Leíamos en Internet el siguiente texto a propósito del tema:

“El aborto no puede ser considerado un seguro para el empleo, de igual forma la maternidad no debe ser jamás un equivalente de paro, salvo que vivamos inmersos en una cultura de muerte. Si cualquier mujer no puede permitirse llevar adelante su gestación sin verse abocada a la pérdida de su trabajo, si la administración es incapaz de responder por aquellas trabajadoras por cuenta ajena que se han quedado embarazas, si no hay alguien en los centros de planificación familiar, en las clínicas abortistas, dispuesto a ofrecer otra solución a la que llega desesperada porque ese niño significa su ruina, es que el Estado no existe, es que vivimos en una jaula de lobos en la que el débil se ve obligado a devorar a sus hijos para sobrevivir. Y esto no sólo no es justo; tampoco es humano”.

El problema es que el Estado sí existe: Son los barrotes de la jaula de la mujer.

 

 

ACCESO

RED INSPIRACIÓN

ESCUELA NEIJING

CONTACTO

 

 

COMUNICACIONESTIAN

 

TIANTV