Amores en femenino-2 (Febrero-09)

Siguiendo con el resumen de la ponencia del congreso de la Asociación Hispanoamericana de Acupuntura Beijing 84, en Octubre del 2008, titulada:

AMORES EN FEMENINO

Vamos a explorar, en el presente artículo, en las investigaciones y descubrimientos que realizan grupos de mujeres cuando se unen con el afán de descubrir su identidad, y van tomando consciencia de muchas actitudes impuestas por la sociedad, que han ido dificultando el desarrollo y la expresión de lo femenino. Por ejemplo:

1-EL MIEDO- La mujer vive permanentemente con miedo, y no hablamos solamente del miedo físico, al maltrato, al abandono, a los gritos… sino el miedo a no gustar, a defraudar, a ser malinterpretadas, a no ser capaces, incluso el miedo a ser independientes. Cualquier circunstancia puede ser generadora de miedo para nosotras, las mujeres.

El miedo se ha incrustado en la vivencia del amor femenino y la condiciona enormemente. produce posesión, celos, control. para poder apartarlo es imprescindible reconocerlo. el miedo es la circunstancia paralizante que impide el desarrollo de la naturaleza de lo femenino.

 

2- INCOMPRENSIÓN- Con demasiada frecuencia las mujeres nos sentimos incomprendidas, como si habláramos idiomas diferentes que los varones o no les interesara lo que decimos o directamente sentimos que nos expresamos mal. La actitud más frecuente ante esto, es callar y aguantar.

Siglos y siglos sin podernos expresar, con el añadido del miedo que acabamos de referir, han hecho que hablemos de forma menos clara. Pretendemos que adivinen lo que estamos sintiendo, sin expresarlo. E incluso cuando decidimos hacerlo, nos encontramos que de tanto tratar de ser como a los demás les gusta, muchas veces ya no sabemos ni cómo somos en realidad.

La mujer no se expresa en lo que es, en muchas ocasiones simplemente no sabe cómo es. porque siempre le han dicho como tiene que ser.  tenemos que empezar a descubrir y expresar sentimientos, gustos, deseos etc.

 

3-SEXUALIDAD- ¿Y qué decir de la sexualidad? La norma ha sido –y en muchas ocasiones sigue siendo- pasiva, reprimida y con miedo. Insatisfactoria. Desde los orgasmos fingidos hasta enfermedades producidas por una mala sexualidad, la mujer ha vivido toda una “ablación mental” en cuanto a la expresión de su soplo espiritual sensible.

Tenemos que empezar a aceptar nuestro propio cuerpo como algo bello, nuestra sexualidad como una forma de expresar nuestro amor. No podemos seguir siendo pasivas, esperando que él tome la iniciativa.

Esa es otra actitud amorosa impuesta. Tenemos un cinturón de castidad mental, porque culturalmente nos han hecho creer que todo lo relacionado con el sexo es sucio, feo, impuro, desagradable… pecado. durante milenios la mujer que tomaba la iniciativa era la prostituta. la mujer honrada no pensaba en el placer. Esto nos aboca a una expresión sexual pasiva e insatisfactoria.

Es  importante que el hombre incite a lo femenino para que ésta exprese toda su creatividad en la sexualidad como expresión de su amor.

tenemos que aprender a conocer y a amar a nuestro cuerpo como templo de amor que es.

4-MANIPULACIÓN- Características propias de lo femenino como son el instinto maternal y la búsqueda de la belleza han sido tan manipuladas por nuestra sociedad que, de ser elementos de liberación, se han convertido en auténticas esclavitudes para la mujer.

La manipulación del instinto maternal ha convertido a la mujer en esclava.

Igualmente, se ha manipulado la belleza, otra característica fundamental de la expresión de amor fémino, convirtiéndola en esclavitud y generando envidia.

La mujer ha aprendido bien la lección de la manipulación, y lo ejerce tanto a través de los afectos como de su sexualidad.

 

5-VIOLENCIA- No es la violencia una característica de lo femenino. Parece que, incluso biológicamente, el varón está más predispuesto a tener actitudes de combate y violencia que la mujer. Lo cierto es que, a lo largo de la historia, la mujer ha sufrido violencia, tanto física como emocional y psíquica, pero también hemos aprendido esta lección y podemos llegar a ser violentas e incluso muy crueles. Pero es una actitud incrustada en lo femenino, no es propia.

Ejemplos de ello tenemos todos los días. A resaltar la violencia que se genera –por parte de ambos, pero también por parte de la mujer- en los procesos de divorcio, por ejemplo. El rencor y la venganza están a la orden del día y ni siquiera son considerados actitudes perjudiciales.

La mujer ha sufrido y sufre violencia. También la ejerce, tanto física como psíquica, activa y pasiva. Celos, rencor, venganza, odio son venenos incrustados en el amor que hacen perder toda posibilidad de evolución.

 

6-COMPETENCIA- Las mujeres competimos con otras mujeres por muchas cosas, porque en realidad tenemos muy incorporado un sentimiento de inferioridad que hace que tengamos que demostrar y demostrarnos mejores, sobre todo ante el varón. Y desde luego, competimos por amor.

Probablemente la competitividad empieza desde niños, y nos educan para ser los ganadores. Pero sólo unos pocos llegan a serlo. Creemos que tan malo es ser del grupo de los ganadores –que tendrán que competir toda la vida para seguir siéndolo- como del de los perdedores –que luchará y competirá por llegar a ser ganador-

Y queremos ser las mejores para ser las elegidas

Sentirnos elegidas y no electoras es la fuente de la competitividad. Tomando consciencia de que nosotras somos las que elegimos, podemos ir aminorando esta actitud incrustada en el amor.

7-ELECCIÓN-Las pocas veces que las mujeres tenemos la oportunidad de elegir, lo hacemos fatal, con criterios tan condicionados que nos hacen perder nuestra innata capacidad de elección. Así, en cuestión de amores elegimos al más guapo, al que tiene mejor coche o mejor posición, al que es más bueno y honrado… dependiendo del momento. O elegimos al más sinvergüenza.

Los criterios de elección que maneja la mujer actualmente, están muy condicionados. Esto hace que la mujer elija mal.

 

8-INDIVIDUALISMO- Y es una pena, porque toda esa violencia, venganza, rencores, han generado en nosotras desconfianza, envidias… que nos impiden compartir con ellos, pero también entre nosotras. Con lo cual, cada vez somos más individualistas. Y nosotras no somos así, siempre hemos tenido en cuenta a todos. Sin embargo, ahora cada vez estamos más aisladas.

La desconfianza genera individualismo, actitud incrustada opuesta a la tendencia natural de la mujer a compartir.

 

Con estas actitudes para reflexionar y trabajar les dejamos hasta el mes próximo, en el que abordaremos la tercera y última parte de esta intensa ponencia.

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