Amores en Femenino (Noviembre-08)

Bajo este título, presentamos nuestro nuevo libro.

El amor ha sido el motivo de ríos de tinta en novelas, poesías, cuentos. Es el argumento de cientos de películas, así como motivo de expresión en el arte, la música, la arquitectura. Tema de conversaciones -sobre todo de mujeres-, es la aspiración de todo ser, su añoranza, su nostalgia.

La primera experiencia de la sensación amorosa es la madre. Es nuestro primer vehículo para despertar a la experiencia de amor. Forzado por la biología, lo femenino tiene más consciencia, más evidencia de esta experiencia llamada «amor», que constituye para la humanidad, después de la bipedestación, la fuerza evolutiva más importante por la que ha pasado la especie.


Qué duda cabe que constituye el motor de nuestra vida, pero también es cierto que su vivencia ha sido y es -y nos tememos que por mucho tiempo lo será aún- una fuente inagotable de frustraciones, de desengaños, de dolor.

El amor tiene muchas formas de diversificarse. Amamos a nuestra pareja, a nuestros hijos, a los seres más allegados; pero también sentimos otros amores: a nuestras aspiraciones, nuestros logros, nuestras aficiones, a nuestras vocaciones. El amor es un abanico de infinitas varillas. El que nuestro abanico de amor se abra más o menos depende de lo que nosotros queramos abrirlo, de la abertura que queramos dar al zoom de nuestra experiencia amorosa. El ser, si concibe así su sentir amoroso, finalmente vive enamorado de todo. No es fácil, pero nuestra estructura tanto física, como mental y espiritual está preparada y dispuesta a ello.

La manipulación del amor, a manos de intereses culturales, ha ido socavando lo que sin duda aún es una experiencia de adquisición muy reciente en la humanidad. Aún estamos en pañales.

Pero cuando un árbol es tierno, es más fácil de dirigir en un sentido u otro, y eso ha ocurrido con el amor. La guía que ha llevado al amor por unos derroteros que no le permiten desarrollarse en su verdadera naturaleza, ha sido fundamentalmente la economía. El amor, o lo que se pensaba que era el amor, ha sido vendido y comprado a lo largo de la historia, y con el paso del tiempo, incluso llegó a ser una cuestión de Estado.
Aún hoy se nos pregunta: ¿»Estado» civil? Casado o soltero. La respuesta a tal pregunta es un índice de cuál es nuestro estatus amoroso.

Todo este proceso histórico lo analizamos en dos capítulos, uno referido a la Antropología del Amor, en el que hacemos un exhaustivo recorrido histórico, y otro en el que se analiza la ingerencia de la política en la experiencia amorosa.

El amor tiene muchas formas de expresarse. Pensar que la manifestación del amor sólo se ajusta a nuestro modelo o patrón de referencia es un error tan grave como pensar que todas las estrellas son iguales. Nuestro viaje por el «Amor en los cinco Continentes» nos da una muestra de ello.

Abordamos cómo la errónea experiencia del amor nos lleva a enfermar, en el capítulo «Implicaciones del amor en la salud y en la enfermedad». ¿Recuerdan esa famosa expresión del «mal de amores»? Nos negamos a pensar que el amor tenga que pasar por los antibióticos.

Pero, es quizás, en la experiencia entre mujer-hombre, en donde el amor se vuelve un volcán que tarde o temprano «echa chispas», tanto en el sentido peyorativo de la expresión, como en el sentido apasionado del fuego de la pasión. El término «pareja» es analizado y cuestionado en «El amor fémino en la pareja humana. Siglo XXI y sucesivos», en donde proponemos un modelo de pareja más acorde con la física cuántica que con la explicación mecanicista que nos interpretó hasta escasos años el mundo. Aún hoy nos es más fácil explicar los acontecimientos en una relación de causa-efecto que como un proceso totalizador, integrador, del que no somos espectadores, sino elementos de un Todo.

Y esta visión de la realidad -que no es nueva, porque desde muy antiguo las místicas de oriente así lo explicaban en sus filosofías- nos lleva a vivir el amor, integrando dos realidades divorciadas por las religiones: cuerpo y alma. Nos lleva a descubrir que el amor es la fuerza de cohesión de todo lo creado y que gracias a sentir la experiencia de sentirnos amados, es que somos capaces de amar. Ello nos adentra en «El amor fémino. Experiencia mística», capítulo que culmina casi 1.000 páginas de inmersión en ese inconmensurable océano que es el Amor.

«Amores en Femenino» ha sido toda una aventura que recoge en buena parte la enseñanza recibida durante muchos años por nuestro Maestro, J.L. Padilla.

Como toda aventura, como todo viaje que se inicia por los insondables senderos del amor, nos ha puesto de evidencia la distancia que existe entre la forma de vivir el amor que hasta ahora ha tenido la humanidad y lo que intuimos de su verdadera naturaleza. Y decimos «intuimos» porque aún no la conocemos. En el amor, somos ignorantes.

De ahí que sintamos que falta mucho de «Amores en Femenino» en este trabajo, pero salir del puerto es comenzar a viajar, y el magma del agua de vida que es el amor, nos ha desbordado y nos ha evidenciado que no se trata de llegar a puerto seguro -el amor nunca supo de «seguridades», sino de atreverse a tener la fe de que cuando entre amores -si de verdad lo son- andamos, nunca naufragamos.

Y a propósito de «Amores en Femenino», se ha presentado en el reciente congreso de la Asociación Hispano-Americana, Beijing’84, en la ciudad de Lima, nuestra ponencia con este nombre. Un trabajo que, respaldado por toda la experiencia del libro, nos ha adentrado en un peculiar análisis: Darnos cuenta de que la mujer siempre ha amado «a demanda». A demanda de lo que su época, circunstancias personales o económicas, han exigido de ella. Porque a la mujer se le ha «exigido» que ame de una determinada manera.

No obstante, a veces o muchas veces «se le escapan» inevitablemente ráfagas de cómo es verdaderamente la naturaleza de su amor, algo que, por cierto, suele incomodar bastante a los varones. Y ellas nos dan pistas de por dónde puede ir el desarrollo de estos amores en femenino.
Compartir entre mujeres ha sido algo frecuente, pero esto no ha asegurado una buena convivencia entre ellas. Sin embargo, el compartir experiencias puede darle a cada mujer un espejo de sí misma. Somos mujeres, y aunque diferentes por geografía, lengua, cultura, tenemos algo en común: El genoma mitocondrial, que se transmite exclusivamente por línea materna. Todo un aval biológico.

Hoy día, asistimos, aún en una pequeñísima escala, al surgimiento de mujeres que comienzan a expresarse de otro modo. Mujeres que van descubriendo los modelos impuestos y que apuestan por una expresión más acorde con su sentir de mujer. Son, además, mujeres que, por la posición social o económica que han alcanzado, son escuchadas. No es que seamos demasiado optimistas, pero es una realidad.

Y un factor que nos parece primordial en el surgimiento de esta mujer del siglo XXI, es su toma de consciencia de que ella es quien elige. Este hecho tiene un fundamento biológico, porque su óvulo es el que elige al espermatozoide. Al tomar consciencia de su capacidad de elección -algo que no ha desarrollado durante milenios- puede acabar con la competencia tan voraz que ha mantenido siempre con el resto de las mujeres.

Tanto en el libro, como en la ponencia, creemos que se abren muchas puertas a un futuro sanador y reconfortante, aspectos de los que sentimos que la humanidad está hambrienta.

Los manjares del amor, se nos otorgaron desde la Creación. Quizás sólo nos falte ser valientes y sentarnos a la mesa. ¿Gustan?

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