Belleza (Noviembre-13)

¿Quién se resiste a ella? ¿Quién no vuelve el rostro ante la visión de lo bello? Ha estado presente permanentemente con nosotros porque el planeta en el que vivimos es extremadamente bello.

¿Hace falta recordar el púrpura de un atardecer de otoño? ¿La luz traslúcida de una mañana de primavera? ¿La danza de los delfines sobre las olas? ¿La coreografía de las aves en sus migraciones?  ¿Y qué decir del  manto de charol negro bordado de luciérnagas que podemos contemplar en una fría noche de invierno sobre nosotros?

Quizás porque está presente en la generación de la vida se asoció su naturaleza a lo femenino y quizás, porque la expresión de la vida no cesa, los antiguos chinos la consideraron uno de los Inmortales. Mujer e Inmortal, esa es la naturaleza de la Belleza.

Su desarrollo ha ido paralelo al de ésta y lamentablemente en su transcurrir ha sido manipulada, tergiversada, domesticada y por supuesto usada como bien de “consumo” para extraer de ella el máximo beneficio posible. Su devenir finalmente ha sido el mismo que el de la mujer: Nadie sabe ya que es realmente una mujer, nadie sabe ya que es realmente la belleza.

En su deseo de recuperar su identidad, las mujeres de recientes generaciones renunciaron a ella, por lo que de “estereotipo” y “manipulación” tenía en el mundo masculino. Renunciaban con ello al uso que de la belleza se hacía en un ámbito en el que el cultivo de ella,  con todos sus “cachivaches” , era enormemente rentable; pero renunciaron con ello algo que es innato en la mujer.

En pleno siglo XXI, tecnológico, científico, calculador, creemos que es imprescindible recuperar la belleza en su verdadera naturaleza, por dos motivos.

El primero, al representar la belleza la inmortalidad, nos puede sacar de este mundo de lo efímero, de lo pasajero, de lo que hoy vale y mañana está en un mercadillo de ocasión; en definitiva de un mundo con “fecha de caducidad”. Lo bello permanece.

Y segundo, siendo como es la belleza de naturaleza femenina, nos puede ir aportando elementos que nos diluyan los barrotes de un patriarcado que la ha usado como “canon establecido”  de esclavitudes. 

Como sanadores consideramos que la belleza puede ser una buena “receta” para estos momentos –que sin ánimo derrotista- consideramos dramáticos para una humanidad que queriendo ser como dioses, es un esperpento de ella misma.

A) Y el primer ingrediente sería tener muy presente la belleza en el ámbito de la educación; el cultivo y el desarrollo de la belleza es imprescindible para que se desarrollen niños que crezcan en una verdadera libertad. Enseñarles a descubrirla, enseñarles a percatarse de la belleza que a diario nos rodea, adiestrarles en descubrirla. Ello les hará seres “sensibles”. Sensibilidad que se ha visto mermada en un mundo en donde prevalece lo duro, lo rígido, el grito, el puño.

B) Llevar el sentido de la belleza al ámbito de lo cotidiano: poner una flor, cuidar el aspecto personal, la limpieza, el ser bondadoso, mínimamente amable.

C) Para descubrir lo bello, para saber si algo es bello, percibir qué rasgo de femenino hay en ello. El encontrar la feminidad en un acontecer, situación, o materialidad, nos permite darnos cuenta de la belleza. Y de este modo tal vez, esa persona que no nos agradaba ahora le encontramos un encanto, una virtud; y una situación que nos era incómoda, deja de serlo. Es un mágico atajo para descubrir lo bello: descubrir lo que de femenino hay en ello. Contemplar la virtud de algo o alguien nos permite ver su belleza, pero ver su belleza me muestra lo femenino y así vamos descubriendo la identidad  de lo femenino, que no nos remite sólo a la mujer; el concepto se amplifica a la humanidad por el cromosoma X del que somos portadores tanto las mujeres como los varones.

D) Y el cuarto ingrediente de esta remedio sería descubrir que en todo lo que acontece hay un cuantum de belleza; esto no es fácil, pero la razón de que nos cueste percibir un rasgo de belleza en determinados momentos se debe a la codificación que de ésta tenemos. Saber ver algo de belleza en todas las situaciones es el elemento de inmortalidad por excelencia, porque adquirimos la posibilidad de ver la virtud en todo lo que ocurre, incluso en los acontecimientos más dramáticos. Y como sanadores, tenemos que saber ver la belleza en esas situaciones  a veces tan dolorosas y sufrientes como es la enfermedad, porque seremos nosotros los que tengamos que enseñarle al  ser en tiempo de enfermar, a ver la belleza y el sentido de lo que le está pasando.

Señora de la magia, duende de lo sutil, hada del encantamiento es La Belleza, que en  un gesto, en una sonrisa, en un detalle, en una intención nos evidencia que fuimos creados a Imagen y Semejanza del Gran Artista.

¡Dios! Solemos exclamar cuando contemplamos algo bello.

Efectivamente, ¡es Dios!

 

 

 

 

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