Cada Inicio (Septiembre)

Cada inicio -como es este momento de comienzo de curso-

Cada inicio -como es este momento de comienzo de curso- parece ser una buena ocasión para renovar las esperanzas. Siempre y cuando que se tengan, porque en los tiempos que corren parecen ser ya un material de desecho. Las esperanzas parecen estar perdidas.

Las esperanzas se han confundido con las “expectativas”, que no son sino una proyección de nuestros deseos, de nuestras ambiciones, ligadas a nuestro infantil deseo de que los acontecimientos ocurran como nos gustaría.

Sin embargo, la esperanza reside en la capacidad que tiene la vida de ser insólita, inesperada, imprevisible e incierta, lo cual  hace de ella siempre una novedad y en lo nuevo es que  reside la esperanza. Todo ello está albergado en nosotros porque nuestro genoma se comporta bajo estas características.

Pero la cultura extremadamente materialista en la que nos desenvolvemos, ha “desanimado” la vida y la ha dejado convertida en un esqueleto de logros y aspiraciones de los que tarde o temprano nos sentimos siempre insatisfechos.

Lo nuevo reside en nosotros -como un tesoro aún por descubrir- en esa parte de nuestro genoma que permanece a la espera, por aquello de la esperanza… Es esa parte de nuestro genoma femenino -la X que compartimos mujeres y hombres- secuestrada en su expresión desde el arraigo del patriarcado. Hubo que abolir lo afectivo, lo emocional, lo holístico, la ternura, la solidaridad,  lo suave, lo curvo, aspectos todos ellos de la vida en su femenina manifestación, para que se establecieran las sociedades de los “señores de la guerra”. A partir de ese momento imperó el concepto de la “imposición” en base a la cual los más fuertes son los que sobreviven.

Hoy en día, la biología y la moderna antropología expresan que esto es un error y que más bien es la adaptación, el intercambio, la interrelación lo que posibilita no sólo la supervivencia sino la evolución. En el Dào Dé Jīng se expresó ya hace milenios cuando leemos: Lo débil vence a lo fuerte”.

“Adaptación, acople, intercambio, son cualidades que se hacen “fortaleza” para la supervivencia, pero una fortaleza que nada tiene que ver con la idea de “fuerza”, y menos con la de “poder”.

Todas estas cualidades son un cortejo al sentido del Consenso, sentido en el que nos encontramos este año. Sin duda, es la actitud antítesis de la imposición y sin duda es el impulso que nos puede llevar a evolucionar hacia otros estados de consciencia.

Nuestro genoma alberga recursos que por su novedad constituyen un motivo de esperanza para que, desde la visión de lo femenino de humanidad, podamos elaborar perspectivas nuevas, diferentes maneras de interpretar la realidad que nos lleven por nuevos senderos. Es un deber de especie aspirar a ello porque la vida nos lo reclama.

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