Calidad de Vida (Octubre-10)

Bajo este epígrafe transcurrieron los cursos de verano 2010 impartidos en Tian, en los que Inspiración Femenina participó bajo el título: Calidad de Vida en la Inspiración Femenina.

Término éste, de reciente acuño, ya que hasta la Segunda Guerra Mundial no aparece como tal.

Hasta entonces «calidad» se entendía como aquel producto que tenía una duración, pero, a partir de ese momento, el sentido de «calidad» irá asociado a la «cantidad», por lo cual, hoy día no interesa la calidad, ya que, en base al concepto de «mucho», surge el «usar y tirar», criterio por otra parte, que nos otorga un signo de poder y capacidad.

El consumismo atroz en el que estamos inmersos, no tiene en cuenta la calidad, sino la velocidad con la que consumimos y nos consumimos. Y esto no sólo afecta al área de lo material, sino también al área de lo emocional, véase, convivencia, amistades, relaciones de pareja… La calidad de las relaciones humanas, nadie puede negar que, hoy en día, deja mucho que desear.

Lejos está el sentido de la calidad, a la que desde lo femenino aspiramos: Una «calidad» que promueva el desarrollo, la evolución y las posibilidades de la especie humana.

La tan cacareada crisis bien podemos afirmar que no afecta sólo al orden económico, sino a todos los aspectos de nuestra vida: Tenemos una calidad muy deficiente. El diseño de sustituir calidad por cantidad, creemos que es un diseño francamente productivo, mercantilista, y esclavista.

No interesa invertir en calidad.

Desde la Inspiración Femenina pensamos que la calidad de vida no puede quedar reducida a tener un buen seguro de jubilación, una buena casa, un buen coche, una familia feliz y unos amigos para la barbacoa del domingo. Calidad de vida no queda reducida a «tener», porque cada vez que ésta queda reducida a la cantidad, la vida se nos deteriora.

Tenemos que aspirar a dejar de ser «gente», para recuperar el ser «persona», y este salto cualitativo en el ánima del ser puede devolver un estado de salud, del que sin duda carecemos todos.

 

CALIDAD ES IGUAL A VIDA. CANTIDAD ES IGUAL A NO VIDA, fue el pensamiento que nos acompañó durante los cinco días de nuestro seminario.

Como seres, frutos de una Creación Misteriosa, pensamos que tenemos una serie de opciones y posibilidades inmensas, las cuales se están ahogando en el océano de una cadena de montaje que nos ha convertido en pollitos de rápido crecimiento para ser consumidos lo antes posible.

En el caso de la mujer, la situación en torno a la calidad de vida es aún más grave. Primero, porque ni siquiera podemos hablar de cantidad. ¿Qué cantidad de oportunidades ha tenido la mujer -hasta hace relativamente poco tiempo- de estudiar, desarrollarse, poder decidir, etc., etc.? Esta situación ha cambiado algo en el llamado primer mundo, pero ¿y en África, Asia y Sudamérica?

Y segundo porque, de la poca calidad de vida que hay, y que la ostenta fundamentalmente el varón, la mujer, tiene acceso muy accidental o muy circunstancialmente a ella.

Sí, porque pareciera que hay grandes diferencias entre una mujer europea y una mujer de cualquiera de los continentes mencionados, pero no nos engañemos, son diferencias muchas veces virtuales.

La mujer de Occidente, la que tiene derecho al aborto, al voto, al trabajo…, cuando llega el divorcio y le quitan los hijos, cuando se siente abandonada, cuando se siente mayor, sin los atractivos de antaño, se deprime, se vuelve histérica, neurótica y algunas veces ronda el alcoholismo. Y… ¡era licenciada, abogada, ingeniera! Nada de esto le ha servido, porque la calidad, en este caso de recursos culturales, necesita de tiempo y a las mujeres, hasta donde echamos cuentas, nos han robado, por lo menos, cien siglos.

¡Pero no se trata de recuperarlos y sacar el pañuelo como náufragas, pidiendo auxilio! Ése sería un  gravísimo error. Si las mujeres tratamos de recuperar los siglos que llevamos de retraso, nunca lo conseguiremos. ¡Es imposible!

 

       ¿CUÁL ES NUESTRA OPCIÓN?

No seguir los criterios de calidad hasta ahora vigentes; ése es el camino que ha recorrido el hombre. Además, nunca le alcanzaríamos, son muchos siglos de «ventaja».

La mujer tiene que crear sus propios sus propias configuraciones de calidad. Partiendo cada una del lugar donde está, del lugar donde actúa, donde trabaja, donde piensa.

Cierto es que tiene que conocer los modelos de calidad masculinos, sí. ¡Pero ésa no es su vía! ¡Ésa no es su referencia! Su referencia la tiene innata, constituida por la Creación del Universo.

Quizás uno de los engaños más graves que ha sufrido la mujer ha sido el de creerse hecha a partir del hombre. El mito de la costilla está muy vigente, y hoy día en pleno siglo XXI se traduce por un tremendo miedo a la soledad.

Partiendo de la posición en la que se esté, apremia el buscar criterios, sentidos e ideas de calidad en femenino. Y todos juntos, hombres y mujeres, podremos ir descubriendo otras calidades y otras «calideces».

 

Una nueva humanidad, que se abra como una flor,

y de la que podamos disfrutar, ¡todos!, su perfume.

Esa nueva humanidad que emane una fragancia de unidad,

no de dualidad siempre competitiva.

 

 

 

 

 

 

Cuando tengamos ante nosotros

esa calidad humana en femenino,

y la apreciemos como un valor,

entraremos en otro nivel de convivencia,

en el que realmente el Amor

sea el testigo habitual de nuestra vida.

 

 

 

 

En toda esta consciencia, el grupo de Inspiración Femenina elaboró sus cinco días de seminario que, como viene siendo habitual, se plasmaron en escenas teatrales.

«Calidades» en femenino, en donde no faltó el análisis del pasado y presente cargado de rigor y de humor -ese gran aliado que nos permite diluir los errores para transformarlos en amores-.

En nuestro próximo artículo les ofreceremos una reseña de los aspectos que nos permitieron trazar la trama de una alfombra, si no mágica, al menos sí de profunda esperanza.

 

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