Celebraciones (Abril-05)

Este mes nos inspiramos en “las celebraciones”.

No sabemos si la palabra “celebración” tenga algo que ver con “célebre” y sea por ello por lo que celebramos las cosas y a las personas: para hacerlas célebres o porque son célebres.

El pasado ocho de Marzo se celebró un año más el “Día Internacional de la Mujer”.

Esta bien… una vez año “dar que hablar” y que haya reuniones, mítines, asambleas… Sí… pero… hay algo que nos inquieta, sobre todo a la luz de las noticias de prensa a este propósito.

 

Nueva York ha sido hasta el 11 de Marzo la capital internacional de las mujeres y en el seno de las Naciones Unidas se han revisado el estado de los compromisos alcanzados en Pekín diez años atrás y que suscribieron 189 países. Resultados: Avances lentos y desiguales. Curiosamente la pobreza se ha incrementado –siete de cada diez pobres son mujeres- y el sida sigue siendo una plaga entre las mujeres, sobre todo en el Africa subsahariana.  129 países han adoptado medidas contra la violencia doméstica.

Solo estos tres datos nos deben de hacer caer en la cuenta de que los “logros” que hasta ahora ha “conseguido” la mujer pueden ser una cortina de humo que no permite ver la realidad de una situación que más propia es del siglo XII que del siglo XXI. (¡Pareciera mentira que en plena era tecnológica y de carrera espacial todavía se esté hablando de mejorar las condiciones de la mitad del colectivo humano!)

 

Indudablemente la pobreza mucho tiene que ver con la falta de preparación cultural de la mujer, que la sumerge en un “inframundo” de penosos trabajos que por supuesto están míseramente remunerados. Recordemos, por ejemplo, las canteras de la India, en las que las mujeres cargan las piedras sobre sus cabezas, muchas veces ya llenas de canas.

Pero sin irnos tan lejos y con un ejemplo tan extremo, simplemente recordemos que aún no hay paridad en los salarios y que por término medio las mujeres vienen a ganar un 35% menos de sueldo- ¡en países como EEUU!

Referente al SIDA, la nota del País nos dice que “este mal avanza entre las mujeres”. Hay 13 millones de africanas en la región subsahariana portadoras del VIH, un 57% de los afectados.

La ignorancia, los criterios religiosos (que el hombre ha impuesto a la mujer y él no ha guardado) y la imposición de la relaciones, hacen de la mujer “carne de cañón”. “Cada vez hay más varones sensibles a los derechos de la mujer, pero la mayoría los ignora y piensa que estamos bajo su poder”, declara la activista nigeriana Traore Salamatou.

La ONU por su parte reconoce que las necesidades femeninas en salud “no están cubiertas”.

Y es curioso que cuando de materia de salud femenina se habla, casi siempre se habla de embarazos prematuros y de anticonceptivos, sin darse cuenta de que eso no es un “problema de salud”, es un problema de cultura, de cultura masculina que ha impuesto desde hace milenios una forma, unos códigos, un sentido de la atracción, etc  en pro de la obtención de “su” placer.  El de la mujer se ocupó de abolirlo, bajo la insignia de lo religioso, haciéndola creer que era malo. ¡Cuantas generaciones de mujeres no lo han sufrido y cuanto ha costado y costará quitarse esa costra!

Referente a la violencia que sufre la mujer ¿qué decir si vamos a la cabeza de Europa en número mujeres asesinadas?

La violencia, no solo física, sino psicológica, pone de manifiesto, entre otras cosas que la mujer en muchas, ¡muchísimas! partes del planeta, sigue siendo considerada   “algo” inferior.

Los funcionarios policiales y judiciales no reconocen a menudo la gravedad de la violencia, las victimas tienen miedo a denunciar agresiones por encontrarse un entorno hostil, falta información precisa para conocer la medida del problema…. bla, bla, bla, como se suele decir “entre todos la mataron y ella solita se murió”.

Es como un triángulo maléfico: Pobreza/Enfermedad/Violencia.

Y quizás estos aspectos son la parte del iceberg que vemos, porque sosteniéndolos lo que hay es una cuestión de educación, de cultura. Todavía es mayor el número de niños que de niñas que asisten a las escuelas primarias. En los países con menor desarrollo, las niñas y adolescentes deben compatibilizar los estudios con las labores domésticas.  Con frecuencia no acceden a la escuela o deben de abandonarla sin concluir una educación primaria para ayudar a la familia mientras que los varones tienen acceso a estudios superiores.

Según cálculos de Unicef el 75% de analfabetos del mundo son mujeres.

Mientras, se perpetúan en estos países los esquemas sociales, económicos y religiosos que han posibilitado que la mujer llegue a este estado. Por lo cual, hasta que llegue un cambio real, pasarán más de mil años y muchos más como decía la canción.

Por supuesto en los países desarrollados la incorporación de la mujer a los estudios superiores, inclusos a aquellos que siempre se consideraron reductos del varón, como ingenierías, ciencias, tecnologías, es evidente. Pero esta tendencia no se refleja después en el acceso de la mujer al mercado laboral. Sobre todo, los “estereotipos” siguen impidiendo el desempeño femenino de cargos altos en el sector privado.

Que las cosas han cambiado mucho, ¡por supuesto! Si lo comparamos cincuenta años atrás.

Pero no olvidemos -y siempre insistimos y seguiremos haciéndolo- que los cambios han sido dados por la “permisividad” de estamentos, empresas, organizaciones, que son dirigidas por patrones masculinos, que teniendo un mundo organizado a su imagen y semejanza, no ha tenido una necesidad ideológica  y menos afectiva, de incorporar a la mujer al mundo. Ha sido un proceso paulatino y lento motivado por la necesidad de mano de obra (barata) a raíz del surgimiento de la era industrial, el fin de una era victoriana y el advenimiento de una liberalismo económico atroz.

 

En medio de ello la mujer ha reivindicado, luchado por hacerse un lugar en el mundo ¡y ahí está el esfuerzo de tantas y tantas mujeres y de tantas y tantas organizaciones!

Pero sobre lo que queremos llamar la atención es que ese afán mayoritariamente lo tiene la mujer, el hombre ha tenido esa permisividad por los motivos que hemos enumerados y por otros más que serían largos de analizar. Cambiar estatutos de trabajadores, acuerdos bilaterales, leyes es relativamente fácil, cambiar una mentalidad de milenios es bastante más difícil. Eso lo saben bien las mujeres que acceden a cargos de cierta responsabilidad en una empresa o en política pero nunca llegan a cotas más altas. Sin olvidar que a la hora de ejercer cargos, organizar o desempeñar funciones, la mujer lo hace bajo los parámetros de lo masculino, porque todo está  concebido de esta manera, son las leyes del juego.

Es decir que las mujeres han accedido a un cierto rango, pero la mayoría de las veces no con la forma de pensar de mujer, sino con la del hombre, que es la que impera. Dicho de otra manera, el hombre la consiente en la medida en que trabaja, colabora y realiza bajo los patrones económicos y de relación que el tiene establecidos. Permitir otros sería poner en riesgo los pilares de su castillo.

“La actitud no ha cambiado al mismo ritmo que la política y los marcos jurídico e institucional” dice Kyung-Wha Kang, presidenta del comité social sobre la situación de la mujer, refiriéndose a los estereotipos que todavía hay sobre las mujeres y que constituyen un gran freno en los avances de la situación de la mujer.

“Queda mucho por hacer y aprender en cuestiones críticas”, afirma la representante de los países pobres del planeta.

El día estuvo lleno de celebraciones en todo el mundo con actos   diversos. Uno de ellos en un céntrico lugar de una ciudad de nuestro país, justo al lado de una calle frecuentada por prostitutas nos hizo ver con crudo realismo todo lo expuesto. Mientras se hablaba por altavoces y se hacían todo tipo de alegatos, estas mujeres miraban, ausentes,  enajenadas, indiferentes, como si con ellas nada tuviera que ver. Y es cierto. Porque entre tanta mejora social, parece que se olvidara que la explotación sexual, que cada día se incrementa más, incluso entre niñas y niños, constituye la mayor esclavitud del siglo XXI.

Todavía se considera a la mujer mercancía de compra venta, carne de usar y tirar y lo que es peor la mayoría de estas mujeres, por la situación ambiental y familiar que han vivido, no piensan que puedan hacer otra cosa en la vida más que estar en una esquina o un escaparate a la espera de un precio. Y como gran logro se propone que estén incluidas en la seguridad social. Millones supone esto para las arcas de cualquier estado. Siguen siendo un buen negocio: Mínimo de inversión y máxima rentabilidad, el paradigma del “homus economicus” del siglo XXI.

Abramos bien los ojos, despertemos a nuestra inteligencia femenina, a la hora de analizar los acontecimientos y de hacer propuestas, no vaya a ser que nos estén creando un mundo virtual de logros en el que seguimos siendo muy manipuladas, muy engañadas y muy rentables, en casa o en la “calle”. No vaya a ser que no hayamos salido de los mercados del Bagdad del siglo X  y ni siquiera nos quede el olor a sándalos y el glamour de las sedas.

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