Cuerpo femenino (Noviembre-07)

Cada mes el cuerpo femenino sufre una serie de cambios que pueden incluir variaciones en el equilibrio hormonal, la temperatura vaginal, la composición y cantidad de orina, el peso, la concentración de vitaminas, la retención de líquidos, los latidos del corazón, el tamaño y la turgencia de los pechos, la consistencia del flujo vaginal, los niveles de concentración mental, la visión, el oído, la capacidad psíquica, el umbral del dolor y muchas otras. Por ello es importante que cada mujer tome conciencia de cómo reacciona su cuerpo ante su propio ciclo, si realmente quiere entender de qué forma afecta a su personalidad.


A pesar de que los cambios físicos están empezando a entenderse y comentarse dentro del seno de la sociedad, los cambios internos que afectan a la espiritualidad, la sexualidad y la creatividad aún se ignoran en gran medida. El ciclo de la luna y el de la mujer están estrechamente unidos. Pero el ciclo de la luna no es sólo el calendario del cuerpo de la mujer, sino que también es un indicador de los cambios que se producen en sus conciencias.

En las sociedades primitivas, el arquetipo era un instrumento de aprendizaje, pues a través de la identificación con esa imagen, el oyente experimentaba una comprensión interna, consciente o inconsciente. Uno de los arquetipos más frecuentes en muchas culturas era el de la fuerza femenina universal, representado por cuatro figuras de mujeres que simbolizan el ciclo vital femenino: la doncella, la madre, la hechicera y la bruja.

La doncella representaba un aspecto energético y dinámico, reflejaba la luz de la luna creciente y se asociaba con el color blanco.

La madre, símbolo de la fertilidad y la nutrición, que reflejaba la intensa luz de la luna llena y se la relacionaba con el color rojo.
 Es un periodo de renacimiento: la menstruación ha finalizado, el cuerpo se estiliza y recupera su vitalidad, flexibilidad y juventud. La lentitud se transforma en dinamismo. Cuenta con más vigor y energía, así que necesita menos horas de sueño. La mujer, bajo esta influencia, recupera la seguridad, tanto en el cuerpo como en sus aptitudes personales. Se vuelve sociable, le gusta ponerse guapa y, sobre todo, quiere divertirse. Por eso su sexualidad se hace fresca y radiante como la de una doncella y la seguridad en su físico le infunde una joven sensualidad.
La mujer en el tiempo de la «doncella», en el momento en que toda la estancia se empieza a regenerar, se vuelve mentalmente fuerte, analítica y sus pensamientos son claros. Hay un deseo de comenzar nuevos proyectos y entusiasmo por ponerlos en práctica a pesar de las dificultades. La mujer siente mayor independencia y menor necesidad de apoyo o consuelo porque cuenta con las fuerzas suficientes para hacer las cosas en las que cree, a pesar de la oposición de otras personas.
Es el periodo de la comunicación y sociabilidad, necesita salir, conocer a gente. Necesita llevar ropa más juvenil, colores más brillantes.
Es un tiempo re-nacido, y toda la vitalidad se utiliza para plasmar las ideas intuitivas que hubo en la menstruación.

El tiempo de la «madre» es el tiempo de la ovulación y la mujer posee la energía de la fecundidad. Se incrementa el sentido de cuidar todo lo que hay a su alrededor. Necesita realizarse en el servicio hacia otros y por eso bajo esa influencia, la mujer empieza a prepararse para la abnegación que caracteriza a la maternidad, y en consecuencia pierde el interés por su propia persona. Sus deseos y necesidades se le hacen menos importantes, se vuelve protectora e irradia un mayor afecto.
La «madre», la energía de la ovulación, tiene mucha capacidad de asumir responsabilidades, de alimentar y dar vida a nuevos proyectos e ideas, y también de sustentar aquellos que ya existen. La energía es tan potente que, durante este tiempo, la mujer descubre que atrae a los demás como un imán y que acudirán a ella en busca de apoyo y ayuda. Porque tiene seguridad en sí misma, por eso puede apoyar, alentar, dar fuerzas y ayudar a los que la rodean así como acrecentar su autoestima
. Y sexualmente es profunda. Ya no busca la diversión de la doncella, sino que experimenta un profundo amor por la pareja, un profundo amor que desea compartir. Y esas relaciones sexuales le proporcionan satisfacción y júbilo, pues le permiten entregarse a otra persona y proporcionarle placer. 
Bajo su influencia, el cuidado de los demás para la mujer puede volverse muy importante, y es más receptiva a las ideas de su entorno.
Es como la plenitud del verano, ese tiempo donde los frutos ya están maduros, y preparados para alimentar a los demás.

La «hechicera» es el periodo entre el final de la ovulación y el inicio de la menstruación. Vive en la etapa premenstrual.
Y gracias a que el óvulo no ha sido fecundado, toda esa energía que estaba destinada a crear una nueva vida, puede liberarse hacia el exterior y dar vida. Es entonces cuando la mujer empieza a percibir el lado interno de su naturaleza; toma conciencia de los misterios de ésta, su sexualidad se hace más vigorosa y se percata de su propia magia, así como del efecto que estos atributos pueden tener sobre los hombres. Por eso, la mujer en este momento, tiene gran confianza en sí misma en lo que a sexualidad se refiere, puede provocar y seducir, y convertirse en la seductora original, y su sexualidad persigue satisfacer sus propios deseos.
 La magia y el sexo le sirven tanto para crear como para destruir. Pero es la destrucción necesaria para generar un nuevo crecimiento. Hablar de destrucción siempre tiene un componente negativo. Pero desestructurar todo lo que se ha generado previamente en el útero es lo que posibilitará un nuevo  renacimiento.


La hechicera representa el retiro -como se retira la luz de la luna menguante- y la destrucción, necesarias  ambas para generar el crecimiento. Por eso en esta fase puede haber en la mujer explosiones violentas de creación y destrucción.
 La mujer bajo esta influencia casi siempre habla sin tapujos y dice la verdad sin tener en cuenta los sentimientos de los demás, aunque luego -desgraciadamente- se arrepienta. Los triviales problemas cotidianos, que durante otras fases del ciclo no representan ninguna dificultad, ahora pueden alcanzar proporciones exageradas, provocando la confusión y el dolor en su pareja, familia y amigos. Puede volverse muy incisiva  y la exactitud se tornara muy importante para ella. Porque no puede soportar la mediocridad y la vulgaridad. Las cosas tienen que ser ¡perfectas! Y, claro, habitualmente, las personas que están cerca de la mujer en esta fase, se sentirán incapaces de hacer nada bien. 


Y es aquí donde la mujer empieza a sentir la necesidad de cambiar y renacer. Porque a medida que se acerca a la fase de la menstruación, es posible que se vuelva intolerante ante lo mundano y disminuya su concentración, pero por otro lado crecerán su intuición y su capacidad para soñar. En algunas mujeres representa la fase más dramática y de mayor impacto en sus vidas. La fortaleza y el vigor físico decrecen en la medida que se va llegado al final de la fase y, aunque hay mayor necesidad de dormir, la mente está inquieta e hiperactiva como para relajarse. Algunas mujeres notan que les resulta más difícil enfrentarse a los problemas de la vida cotidiana, y poco a poco se sienten cada vez más sensibles, inquietas. La concentración es cada vez menor y los pensamientos son cada vez más ilógicos y emocionales. Todo le afecta.


Este aspecto destructivo fuerte,  es el que le permite a la mujer deshacerse de todo lo viejo y no deseado en la vida y romper lazos con ello. Es el momento de decir: ¡Basta ya de tanto atrape! Se necesita cambiar en cualquier faceta de la vida, ya sea en el entorno, la rutina, las relaciones o en una misma. Por eso muchas mujeres tienden a limpiar en profundidad la casa en este periodo, como expresando la necesidad de prepararse para un nuevo ciclo.
 Durante otras fases del ciclo, un cambio puede dar miedo, pero en esta no es sólo necesario sino, además, placentero.
 La «hechicera», mira la vida con  sinceridad, y eso le permite ver que algunas cosas pueden modificarse, que las cosas no son estáticas, que lo viejo tiene que morir para que nazca lo nuevo, que las hojas secas de su árbol han de caer y ser llevadas por el viento… Porque ella es el otoño que aparece en ella cada mes.

La «bruja» es el momento ideal para que la mujer retire sus energías físicas del mundo terrenal y centre su conciencia en el mundo espiritual.
 Su energía emerge con la sangre menstrual. Lleva en su interior la fuerza de la trasformación y la oscuridad interior. Hace que la conciencia de la mujer alcance un nivel aún más profundo que el que tenía durante la fase de la hechicera; se vuelve intuitiva y deja de buscar la expresión externa.


Es una fase de introspección, es el momento de alejarse de lo mundano, dormir y soñar, expresar la magia con delicadeza. Es un tiempo de quietud y gestación. Es el momento crucial entre el final de un ciclo y el comienzo de uno nuevo.


Es la bruja anciana, y por ello el cuerpo tiene menos energía física, los pechos pesan, el vientre se hincha.
 El mundo real pierde importancia y es casi imposible concentrarse en los pequeños detalles o en las actividades cotidianas, que se tornan irritantes. La mujer, bajo esa influencia, tiene la necesidad de tomar conciencia de su interior y por eso puede considerar innecesario, no sólo relacionarse, sino incluso hablar.
 Los procesos mentales también son más lentos. Las emociones, si embargo, salen a la superficie con facilidad, y la extrema sensibilidad característica de este periodo puede hacer que el mundo exterior resulte casi insoportable.


Pero desgraciadamente la vida de las mujeres es tan agitada que no les permite menstruar con naturalidad, vivir con intensidad este momento, y siguen exigiéndose más para mantener el nivel de trabajo habitual.


Hay que dejar tranquilas a las mujeres cuando entran en el tiempo de la bruja, porque están muriendo. Sí, están muriendo para poder resucitar. A los muertos no hay que molestarles. La bruja, introduce a lo femenino en la oscuridad de la luna nueva, para que puedan morir a todo lo viejo del mes anterior,  a los vínculos, las emociones y el comportamiento del mes pasado, a todo lo que necesite desaparecer, y de este modo puedan convertirse en verdaderas resucitadas en vida.


Todas las mujeres del planeta resucitan una vez al mes, y apenas les han prestado ninguna atención. 
Si las mujeres pudieran ser conscientes de la vivencia resucitada en la que entran, no se sentirían tan culpables de su estado inexplicable, de esos momentos «insoportables» que generan llanto y emoción. No se extrañarían de ser tan extremadamente sensibles.

Es importante que los varones comprendan estas cuatro fases de la mujer, y sus cuatro entidades femeninas, pues ello les posibilitaría tener una mejor relación con ella y aprender de su feminidad. La mujer no es un ser lineal como el varón, es un ser en permanente cambio. Podríamos decir que cada día -de los 28 de su ciclo- es una mujer distinta. ¡Qué distinta sería la vivencia de los hombres con las mujeres si, simplemente, tuvieran en cuenta las diferentes etapas por las que transcurre su ciclo hormonal!
 Pero para no ponérselo tan difícil, y que tengan que convivir con 28 mujeres distintas, (sinceramente, creemos que no son capaces) sería bueno que fueran conociendo a estas cuatro.
 Además, puede ser gratificante para los varones: ya que tanto les gustan las mujeres, ¡tienen la oportunidad de estar con cuatro mujeres diferentes en una sola verdadera!

*Luna Roja. Miranda Gray. Gaia Ediciones.

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