Cuidado (Enero-04)

Inspirándonos en el cuidado

¡Qué pena! que pudiendo empezar el año con aires de renovación y ¿por qué no?, una dosis de alegría, lo empecemos con esfuerzo, subiendo la dichosa "cuesta de Enero". Quizás más adentrado el año, puede que éste se nos pusiera empinado, pero ¿al principio, cuando todo está tiernito? Debería de ser al revés, Enero el periodo más llevadero, luego... ya se verá.

Si pensamos en qué consiste que Enero tenga esta fatal connotación, nos viene a la cabeza el inefable dinero: Money, money, money, eurito, eurito, eurito. Lo ponemos en diminutivo porque consideramos que, a pesar de su alza, don $ sigue siendo el rey. Sí, don dólar bien podría cantar a ritmo de ranchera:

"Con eurito o sin eurito, hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley, sí tengo trono y reina, y todos me contemplan, y yo sigo siendo el rey".

Así que lo que nos hace embargarnos en esa sensación de ¡uf!, es el dinero. ¡Cómo no va a ser, si vivimos en una sociedad de claro tinte "economicus"! Sí, como si se tratara de un eslabón evolutivo más, hemos llegado a ser el "homus economicus".

Y Enero hereda el tiempo de Navidad, que si por algo se caracteriza es por un consumismo voraz.

Mucho se podría decir particularmente de este tiempo que se supone religioso. Pero como de dinero hablamos, sólo recordar que el mensaje del Cristo es un mensaje de pobreza y nos invita más a preocuparnos de otras cosas que de la comida y el vestido. Sin lugar a dudas el sentido crístico del "cuidar" nos alerta de cuidar nuestro espíritu, sin desdeñar lo material. Pero, dejando a cada cual en su lugar. La mala interpretación, la manipulación y tergiversación posteriores separaron lo espiritual y lo material, apostando por lo primero y haciendo de la vida material un espanto con connotaciones "pecaminosas" y exacerbando crueles ascetismos y desprecios al cuerpo.

Ningún evangelio nos cuenta que Cristo no comiera, no bebiera y fuera desnudo, por el contrario, nos hablan de las bodas de Caná, de su comida en casa del fariseo, de su última cena (por cierto comieron cordero y bebieron vino) ... Eso sí, también nos hablan de sus cuarenta días de ayuno, hábito, por cierto nada practicado ni estimulado por la posterior oficialidad religiosa. En fin, es tan clara su posición hacia uno y otro aspecto, que sólo el posterior "hacer de nuestra capa un sayo" puede justificar tales desvaríos.

Quizás la historia del occidente cristiano haya sido una reacción de feed back, hartos ya de estar hartos de tanta espiritualidad vacua y de convivir con el pecado de la materia, y de un extremo nos hayamos ido al otro, generando un exacerbado y cruel materialismo en donde "tanto tienes, tanto vales".

¡Ah! pero en este vertiginoso shoping, por si tuviéramos poco con lo gastado en el desvirtuado tiempo de Navidad, nos sugieren que para comenzar el año nos vayamos de ¡¡¡rebajas!!!

¡Dos por el precio de uno! ¡Cinco por el precio de diez! Marcas y firmas al alcance de cualquiera que no tenga pedegree. ¡Pasen, pasen! ¡Se permiten empujones, carreras e incluso algún mordisco por conseguir la prenda deseada!

¿Y quién se va principalmente a las rebajas? Las mujeres.

Sí, la mujer se ha convertido en un mercado fácil de creación de "necesidades". Primero porque los criterios de diseño, belleza, moda están, fundamentalmente, en manos del varón. Son ellos los que nos dicen cómo tenemos que pintarnos, cómo tenemos que vestirnos, y nos ponen el marchamen de "apta"... para el consumo.... Y segundo porque la incorporación de la mujer al mundo laborable del varón le requiere cumplir los requisitos, no siempre de formación y de profesionalidad, sino más bien de carácter, digamos para ser suaves, "externos".

Todos sabemos que la moda cada vez es más rápida y lo que ayer se llevaba, hoy huele a naftalina. Con lo cual hay que renovar permanentemente, pues ese color ya no está de moda. La mujer media, en los países capitalistas invierte cifras astronómicas en cosméticos y ropa, para estar a la última, para seguir siendo un valor en alza. Pero ¿quién le pone el valor? Desde luego ella misma no. Son criterios que le vienen dados por una cultura que exige un modelo y establece una dictadura del gusto.

¡Ah!, pero para que el consumo no decaiga contamos con "lo desechable". ¡Usar y tirar! ¡Qué cómodo! Y así el jersey que nos costó tan barato, no importa que se nos haya quedado hecho un gurruño en la lavadora ¡total por lo que me costó! ¡Y las toallas! ¡que a la tercera ducha se me deshacen! ¡Si compré 3 juegos por el precio de una! ¡qué voy a pedir! Etc, etc, etc. Y así continuamente, nunca acabamos de cubrir una necesidad.

El consumo necesita de lo desechable y esta sociedad que, como el dios Saturno, devora a sus hijos, y ha puesto como vara de medir "la renta per capita", necesita, para su continuidad, de la mujer con la tarjeta de crédito en la mano, dispuesta a comprarse cualquier chuchería, en cualquier ocasión. Además hay una buena disculpa:

¡Cómo no te vas a dar este capricho y éste y aquél, con lo que trabajas!

¿Y para quién trabajas? Para el mismo sistema que te crea las necesidades.

¡Uy, uy, uy! ¡ A ver si ahora va resultar que es la mano de obra de la mujer la que mantiene (a base de sueldos inferiores) el sistema capitalista, que a su vez nos crea necesidades para que invirtamos y alimentemos al $aturno!

En este comienzo del año, bajo el augurio celeste de el cuido, cuidar, cuidarse, ¡cuidado!, la inspiración femenina, nos lleva a revisar y a revisarnos en qué y cómo cuidamos lo que tenemos. Quizás, si dejamos a un lado la mentalidad "desechable" (no olvidemos que, según los criterios de valor actuales, formamos parte de lo desechable a partir de los 40) en vez de tanto comprar haya que empezar a cuidar todo lo que tenemos un poco más.

Quizás haya que empezar a revisar esos aspectos que hemos descuidado como la educación de los hijos, la alkimia de la cocina, el desarrollo del arte, aspectos imprescindibles para la supervivencia de la especie. Sería otra forma de cuidarse, aparte de la física, que, desde luego, nos corresponde como custodias de la belleza, no por imposición de modelos de consumo.

Quizás haya que tomar consciencia de tener cuidado con un modelo frívolo, coqueto y bobo, de "mujer gastadora" que sustenta y mantiene en buena parte a un sistema económico donde el valor es cabeza/renta, en donde por ese mal reparto de los bienes, las tres cuartas partes del planeta vive en algún tipo de carestía primaria y en donde $aturno devora a sus hijos. Por el hecho de ser mujer, nos deberían doler todos los devorados, sean hijos propios o no. Muchos, muchísimos de ellos no pondrán el zapatito la noche de Reyes, entre otras cosas, porque no lo tienen.

 

Quizás, quizás, quizás..... Tiene swing, ¿verdad? Feliz Año.

     

 

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