Desde la Sociedad Priápica hasta el Derrumbe Cultural (Octubre 2015)

Las cifras que recogemos de los organismos internacionales nos dicen que la disfunción eréctil en el mundo se incrementa de forma llamativa. Desde los 152 millones de varones que padecían esta situación en 1995 hasta los más de 322 millones de casos que se estiman para el año 2025. Se sabe que, aproximadamente el 8% de los varones de 40 años presentan disfunción eréctil, cifra que se eleva al 40% entre los hombres que superan los 60 años. Este hecho ha posibilitado que las ventas de Viagra muevan aproximadamente 1800 millones de dólares anuales.

Al mismo tiempo y en la misma década, cada 9 minutos una mujer es violentada sexualmente, unos 120 millones de niñas de todo el mundo (poco más de 1 de cada 10) han sufrido el coito forzado u otro tipo de relaciones sexuales forzadas en algún momento de sus vidas; en los países de la Unión Europea, entre un 40 y un 50 por ciento de las mujeres sufren insinuaciones sexuales no deseadas, contacto físico u otras formas de acoso sexual en el trabajo; en Estados Unidos, un 83 por ciento de las niñas del octavo al onceavo grado de estudios (de 12 a 16 años) han experimentado alguna forma de acoso sexual en las escuelas públicas; y en Nueva Delhi, un 66 por ciento de las mujeres declaraba haber sufrido entre dos y cinco situaciones de acoso sexual en el ultimo año.

Al mismo tiempo y en la misma década, la prostitución se ha convertido en el segundo negocio mundial más lucrativo, tras el tráfico de armas y por delante del narcotráfico. La ONU, en su informe del 2000 nos mostraba que los beneficios de la industria del sexo a nivel mundial ascendían a siete billones de dólares anuales, cantidad que probablemente haya aumentado en la última década.

 

Si tratamos de relacionar estas cifras –aparentemente desconectadas- solo encontramos un punto en común: la obsesión por un pene erecto, grande, potente y que pueda demostrar su dominio.  O lo que podríamos llamar una mentalidad priápica.  

El priapismo es un trastorno del pene, en el que se produce una erección prolongada, que no es causada por la estimulación sexual o excitación, y es normalmente dolorosa. El nombre de este trastorno viene del dios griego Príapo (en griego Πρίαπος), un dios de la fertilidad a menudo representado con una erección desproporcionadamente grande y permanente.

Creemos que esta imagen de Priapo bien podría servir de metáfora para hablar del paradigma sexual dominante de nuestras sociedades. Una sexualidad basada en el tamaño, la potencia y el rendimiento. Una sexualidad centrada única y exclusivamente en los órganos genitales y que, por ello mismo se hace sesgada, no permitiendo incluir en el encuentro sexual la profunda intimidad de los sentimientos.

Esa mentalidad priápica de tener que estar siempre  preparado, siempre con ganas, siempre potente ante cualquier posible encuentro, lejos de proporcionar al varón la tranquilidad del dominio, lo ha convertido en esclavo de sus propias exigencias. Y tras esa superficial máscara de macho sexual se esconden la mayoría de las veces multitud de inseguridades y miedos a no ser capaz, a no ser suficientemente potente, a no rendir, a no estar a la altura. Una altura que solamente ha sido marcada por él, pero que desgraciadamente muchas mujeres, poco conscientes de su propia sexualidad, se encargan de seguir manteniendo.

Como expresa Sergio Sinay en su libro La Masculinidad Tóxica, “Mientras sexo y poder vayan el mismo paquete, la impotencia (literalmente significa no-poder) será el fantasma más temido por el hombre”.

Esto, unido a que las mujeres están empezando a abandonar el papel de pasividad en las relaciones sexuales y se convierten en sujetos activos con capacidad de observación y opinión, hace que la sexualidad en la mentalidad priápica empiece a tornarse más en un elemento de angustia que en una experiencia placentera.

Y es aquí donde comienza a aparecer el derrumbe cultural de la sociedad priápica. Porque ningún pene puede mantenerse erecto eternamente. En algún momento llega el momento del derrumbe. Y es quizás a lo que estamos asistiendo.

Si continuamos con el símil del priapismo, las consecuencias de una erección tan prolongada pueden llegar a ser muy graves, ya que la sangre atrapada en el pene se ve privada de su suministro de oxígeno y se transforma en tóxica para los tejidos. Cuando la erección dura más de 4 horas, la sangre pobre en oxígeno puede comenzar a coagularse y dañar o destruir los tejidos del pene. Como resultado, se puede producir disfunción eréctil, desfiguración del pene o incluso gangrena.

Siguiendo con esta licencia literaria, podríamos concluir que ese priapismo mental que ha dominado la sexualidad es lo que está produciendo que halla un incremento tan severo de trastornos en la erección y en la sexualidad. Esa búsqueda permanente de potencia, dureza, vigor… -poder, en definitiva- termina volviéndose tóxica para el propio individuo, y le hace perder la referencia de sí mismo. Asistimos así a un momento de humanidad en el que los varones están muy desubicados, no saben todavía qué papel ocupar; saben que ya no pueden ser los machos alfa de hace 50 años, pero tampoco se ubican desarrollando su parte femenina. La confusión y la falta de referencias se unen al miedo y a la inseguridad ante una mujer que está cambiando, que se está descubriendo, que está buscando.

Ante los momentos de derrumbe siempre surge la tentación de la reconstrucción, de volver a construir desde las ruinas. Eso es lo que se está tratando de hacer con medicamentos como Viagra, o  el reciente Addyi (popularmente Viagra femenina). Se está desmoronando una concepción mental sobre la sexualidad y nuestros propios cuerpos están hablando. Es tiempo de escucharles. En vez de tratar de construir el mismo edificio priápico buscando maneras de conseguir erección, de conseguir deseo sexual… quizá tengamos que replantearnos la búsqueda de nuevos horizontes.

Otros horizontes que –como nos trasmitía el Maestro José Luis Padilla en el seminario de Humanismo Sanador impartido a finales de agosto en Tian- nos permitan descubrirnos como Ofrendas Universales, que es en definitiva el objetivo de ese Soplo Espiritual Sensible que nos anima.

De ahí que el resonador 4B GONG SUN Ofrenda Universal, sea extremadamente recomendable para que tanto mujer como varón descubramos nuevas perspectivas. Nuevas perspectivas que nos lleven a las mujeres a dejar de ser esclavas sexuales y a recuperar una dignidad sexual. Nuevas perspectivas que lleven a los varones a desarrollar la sinceridad de sus sentimientos, para que puedan dejarse llevar por la espontaneidad de la sexualidad femenina –que ha sido reprimida hasta ahora-. En la medida en que las mujeres despertemos a nuestra dimensión del Soplo Espiritual Sensible, y podamos expresar nuestras fantasías, nosotras nos sentiremos liberadas y ellos gozosos.

Y así, juntos, podremos descubrir que la sexualidad no es un elemento de dominación sino de liberación; que no es una soga sino un trampolín; que no es una ventana, sino un campo abierto.

Comencemos a caminar…

 

 

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