Dios es... (Marzo-06)

DIOS ES: ¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿

DIOS ES:  ¿??????????????????????????????????????????????????

DIOS ES:   ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

Está claro ¿no?

Este es el principio y fin de toda “nuestra teología”.

Simple ¿Verdad?

Muy obvio, también.

Para nosotras sí, pero somos mujeres. Que tampoco sabemos muy bien qué o quienes  somos, pero estamos en ello.

Pero para algunas  mentes masculinas es mucho más complejo. Es el caso del cardenal Ratzinger, actual Papa  Benedicto XVI.

 En la primera encíclica de su pontificado nos dice que “Dios es Amor”.

 No sabemos si la definición de Dios por parte del Sumo  Pontífice, se quedará ahí o en sucesivas cartas nos seguirá revelando más sobre Dios. ¡No queremos ni pensar que resulte por entregas, como los fascículos! Sería de muy mal gusto por su parte.

  A lo mejor, más adelante escribimos sobre el contenido de la encíclica con más detenimiento, para ello debemos de aguardar a que se nos sosiegue “il cuore”.

 Pero no podemos dejar pasar el título, porque nos preocupa mucho.  ¿Por qué?     Porque siendo la presencia de las mujeres  escasa   (versión optimista) o nula (versión pesimista)  en las religiones, en cuanto a los ritos, doctrinas, etc y siendo el  varón la cabeza visible y por tanto el “mediador” entre Dios y nosotras,  nuestra posición ante el amor de Dios ¿cómo queda?  ¿Tan lejos como la Luna? ¿Tan inalcanzable como Casiopea? ¿Quedará relegado a ejercitarnos en obras de caridad?

 ¿En qué punto  se encuentra nuestra espiritualidad? ¿La tenemos?

Siempre, porque nos dieron el cariz de “impuras” y “peligrosas”, quedamos relegadas a limpiar las sacristías y a lavar manteles y casullas. Eso unido a nuestras tareas “domésticas” hizo que la “espiritualidad” de la mujer  relegada a “actos piadosos”.  Como recursos nos quedaron, los que el hombre nos dio: el rosario y el novenario. Pero ¿son nuestros estos recursos?

  La mujer  ocupada, por designio del varón, en el “pan nuestro de cada día” facilitó mucho el que el hombre se pudiera ocupar de asuntos de “altas miras”.  A nosotras nunca nos dieron tiempo para generar un sentir religioso propio.

El varón ha tenido el aspecto material arreglado gracias a la mujer y  se ha permitido el lujo de “espiritualizarse”.

Con esta espiritualidad que proviene de la domesticación a la que ha estado sometida, manipulada y condicionada ¿qué recursos propios  tenemos?

Sentimos que ninguno. Toda la “espiritualidad” que hemos vivido, a parte de haber sido  fruto de la interpretación que el varón ha hecho de Dios,  nos ha sido impuesta. La mujer ha creído en lo que le ha hecho creer el hombre.

Y volviendo al título: ¿Qué hay de nuestra forma de vivir el amor? Referente a nuestra espiritualidad ya vemos como ha sido condicionado a la “condición de nacida  mujer”.

  ¿Y de cara al varón?

No hay que darle muchas vueltas: El varón siempre ha marcado la pauta y la mujer siempre ha estado a remolque. Siempre esperando a ver que hace el hombre y  el la  entretiene: Ahora sí, ahora no, lo cual inhabilita a la mujer.

Y eso es una característica del líder: El jefe está de buen humor y todo marcha sobre ruedas, pero si no es así, el vestido que ayer te hacía parecer la Venus de Milo hoy te “saca todos los michelines” y la palidez que hoy te da un “aire interesante”, mañana puede ser motivo de un: “¡A ver si te arreglas un poco”! Y la mujer se viene abajo.

La especie femenina ha dependido de la especie masculina y no sólo desde el punto de vista económico y cultural, sino desde el punto de vista afectivo. Y la dependencia afectiva es la peor que hay,  porque en medio de todo está la autoestima algo que es fácil que la mujer tenga por los suelos, siendo como es su referencia el varón.

En la actualidad esta dependencia afectiva es mayor, aunque parezca mentira. Aparentemente se han ganado “libertades”, pero no hay que olvidar que éstas las alcanzó la mujer por consentimiento del hombre, no es una libertad que ella alcanzara  por sí misma. Y la peor de las dependencias que es la afectiva continua y sigue siendo muy severa.

¿Por qué llegó la mujer a esta dependencia? Porque el varón- en su interpretación de las revelaciones- usurpó lo divino. Ahí estuvo la trampa. El hombre se hizo Dios y la mujer se enganchó a él. Y la mujer hizo del hombre “su Dios” y aún no lo ha bajado del altar de su ignorancia.

Mi  situación no es la de pasarme la vida mirando a un señor y que toda mi vida gire en torno a él.

Si el varón cumple con su ser varón, será un intermediario útil. Si el varón está en su sitio, le sirve a la mujer, de referencia para establecer su vínculo con lo divino. Si no, hay que decir: “¡Ahí te quedas!”

La mujer es la custodia de lo Divino. Es función prioritaria de la mujer el restablecer esa comunión, que en un momento perdió. Debe de volver a la época de bruja, chamana, hechicera, maga, consejera.

Ha de verse la mujer en ese proceso si quiere mantener una relación satisfactoria con el varón. Y esto será bueno también para el varón, quien reconocerá que la mujer se ha enamorado de su parte divina; y ella le debe de exigir que no se endiose. Con lo cual será muy liberador para los dos.

¿Y cómo  pensaría una mujer en su espiritualidad? No lo sabemos. Pero intuimos, desde la Inspiración Femenina, que el espíritu de lo femenino se desarrolla en una relación espiritual-animista con la naturaleza y eso le da un tinte sagrado, trascendente.

Debemos de recuperar el sentido de la contemplación para restablecer ese vínculo con lo Divino, al margen de las interpretaciones humanas.

Y para ello proponemos recapacitar cada día en algo de nuestra jornada que no hayamos entendido, que no estaba en nuestro pensamiento lógico. Sin duda ahí estaba Dios. No es fácil tarea, pero hay que disponerse para desarrollar nuestra sensibilidad contemplativa, así podremos decir que:

   Dios Es: ¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿

   Dios Es: ??????????????????????????

   Dios Es: ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

Y desde estas líneas le pedimos cardenal Ratzinger que disuelva el Estado Vaticano, aunque solo sea por lo que dicen los evangelios:

 “Mi reino no es de este mundo” Jn. 18. 36

 “Una sola cosa te falta: vete, vende cuanto tienes y dalo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sígueme.”  Mc. 10. 21

Estamos seguras que si así ocurriera, cambiaría la faz de este nuestro maltratado planeta, la tierra, que al fin y al  cabo es mujer.

 

  

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