Divorcio (Octubre-08)

Hoy en día, parece que las relaciones de amor, desde sus inicios tienen un carácter preocupado. El estado idílico -diríamos- que se tiene cuando te enamoras y que te hace lanzar a la aventura, a un viaje mágico sin límites, a una experiencia sin precedentes que te hace actuar de forma impredecible, casi de locura, ese estado idílico es algo muy excepcional en una sociedad que, por seguridad, evita el riesgo.


Y el amor es un riesgo…

Y quizás por eso se ideó una forma de contrato como el matrimonio que evitara el riesgo del amor. 


Porque no negaremos a estas alturas  -pleno siglo XXI- que el matrimonio siempre fue un contrato de compraventa (alianzas entre reinos, dotes, matrimonios pactados) que se ha ido regulando y ajustando de acuerdo a las necesidades económicas y políticas. Además, cada cultura le pone su toque, y también cada religión le ha impuesto su rito y, por su puesto, sus leyes.

Pero no deja de ser un contrato en el que cada parte aporta algo…

Ese contrato contiene diferentes aspectos, pero el que más tiene peso, en la actualidad, es el factor económico.

En la Europa premoderna, el matrimonio solía comenzar como un contrato de propiedad, se centraba, posteriormente en la crianza de los hijos, y terminaba convirtiéndose en amor. Por el contrario en la sociedad occidental actual, el matrimonio casi siempre empieza con el «amor», después se centra en la crianza de los hijos (si los hay) y termina -a menudo- ocupándose de las propiedades, cuando ya el amor no existe y es sólo un recuerdo distante.

Entonces aparece otro mecanismo: el divorcio, que para unos puede ser la prueba del fracaso del matrimonio; para otros puede ser un mecanismo que te permite sentirte libre aunque te hayas atado con el matrimonio, porque cuando quieras lo puedes desatar. También, puede ser la puerta tan esperada de probar sin compromiso, total no se pierde nada con probar porque cuando quieras te vas. Según la ley es un mecanismo de protección y defensa, que otorga la ley ante situaciones de maltrato o de riesgo para alguno de los dos cónyuges.

En todo caso, parece un mecanismo que en ocasiones se ha prohibido por la ley o se ha promocionado por la ley de acuerdo a las necesidades del guión, y que tiene mucho que ver con la economía, con la política y con lo que llamamos «las libertades» que nos ofrece una sociedad demócrata.

Pero ya a nivel individual, cuando una pareja se separa, comienza la gran batalla del divorcio, en la que los arreglos económicos cada vez son más largos y tormentosos.

Y te preguntas: ¿Y esos dos se amaban de verdad? ¿Dónde se quedó tanto amor, que ahora les ves que se están matando hasta por las sábanas del ajuar de boda?

Pero así es. El amor se diluye ante tantos intereses y normas.

El divorcio, que parecía un buen mecanismo de fuga en caso de incompatibilidades de caracteres y demás motivos internos de la pareja, ha dejado de ser simplemente el mecanismo de separación y se ha convertido en el escenario de una batalla campal que es cruel y aburrida. Se entiende que si se divorcian es porque no se soportan, o no pueden vivir juntos; lo más sano sería dejarse de ver; pero cuando se entra en la guerra del divorcio no sólo se ven con frecuencia, sino que agregan sobre sus espaldas odios y rencores, que hasta entonces no existían.

Actualmente, la batalla económica que libra la pareja que se separa, se ha convertido en una preocupación social, de ahí que los gobiernos promulguen leyes al respecto, buscando evitar  estos conflictos.

Además, también influye el hecho de que los divorcios sean cada vez más frecuentes: «Por cada cuatro nuevos matrimonios hay tres divorcios, lo que supone una ruptura cada 3,7 minutos, 16 a la hora y 386 divorcios al día. Si sigue esta tendencia, antes de 2010 por cada nuevo matrimonio habrá un divorcio».

El Estado toma cartas en el asunto y propone leyes que disminuyan el impacto social. En España -que está a la cabeza de número de divorcios en la Unión Europea-, por ejemplo, los matrimonios celebrados en la Comunidad Valenciana pasarán a tener un régimen de separación de bienes, salvo que las parejas acuerden y firmen un régimen de gananciales.

Dado el alto índice de divorcios que existe en la actualidad, legalmente se considera la mejor opción para conservar el patrimonio individual, y de paso evitar un largo proceso legal.

Otra alternativa es el contrato prematrimonial, que es muy común entre parejas con acentuadas diferencias económicas. Los cónyuges pueden acordar la manera en que serán repartidos los bienes en caso de muerte o divorcio por medio de dicho contrato prematrimonial, que puede ser redactado ante Notario y anexado al acta matrimonial en la modalidad de contrato de separación de bienes.


Nos llama la atención que ante esa guerra declarada del divorcio, centrada en la repartición de bienes y de hijos -toda una guerra económica-, los gobiernos quieran mejorar la situación de una realidad social estableciendo leyes que salvaguarden el patrimonio individual y de los hijos.

Quizás lo que tan sólo parece una ley, puede ser una vía para evitar el deterioro del amor.


En algunas ocasiones, cuando hemos hablado de la pareja humana, dentro de la Escuela Neijing, hemos planteado que partiendo de lo que hay y reconociendo lo que somos -una sociedad de mercado y de capital-, si apartamos de la relación de amor todos esos aspectos que la pueden contaminar y entorpecer -como el dinero-, a lo mejor tenemos la oportunidad de vivir una relación de amor más sincera y menos interesada. 

Hemos propuesto que antes de establecer un vínculo más formal, la pareja revise, negocie, finiquite el aspecto económico, para evitar que el interés y la renta sean los motores de la unión, y generen desconfianza e inseguridades.

Se ha propuesto también que se viva el amor al «margen» de la ley. No necesito un papel, o la firma de un juez, o la legalización de la pareja de hecho para amar. Sabemos que todos estos tipos de unión son mecanismos económicos.

No olvidemos que las leyes surgen, en la sociedad, como consecuencia del fracaso en la convivencia, de la insolidaridad y del desamor.

Vivir al margen de estas leyes puede hacer viable el amor. Puede ser un buen «detalle» a tener presente cuando nos sintamos enamorados. El «detalle» es ese ingrediente que marca la diferencia entre el antes y después. Y el amor se compone de detalles.


Hasta el próximo mes…

 

ACCESO

RED INSPIRACIÓN

ESCUELA NEIJING

CONTACTO

 

 

COMUNICACIONESTIAN

 

TIANTV