El Sentido Común (Mayo 2015)

Sentidos Inmateriales: el sentido común, el menos común de los sentidos

 

Permítannos comenzar nuestra exposición con un pequeño cuento que consideramos muy ilustrativo:

“Y fue en ese instante eterno, en ese suspiro de Aliento, cuando la Creación… se expresó. Y desde entonces, la Creación se expresa… Y se expresa en común. En común, desde el gran estallido, donde todos los fragmentos se expandieron, se alejaron, se enfriaron… permanecieron, siguieron…

En común -que es simultáneo-, todos los elementos se equilibraron, manteniendo fuerzas capaces de danzar en belleza, en equilibrio, en armonía, en impresión.

En común, también, en diferentes lugares del universo, surgieron expresiones distintas de la vida, que se fueron diferenciando y distanciando, y fueron expresando sus fuerzas para mantener el nivel de equilibrio, de homeostasis, de intercambio, de cooperación, de solidaridad…, de sentir común.

Y cierto es que cada fragmento, cada vida, adquirió particulares... expresiones, particulares manifestaciones, particulares características... Unos más grandes, otros más pequeños, otros más cuadrados, otros más redondos, otros más oblicuos, otros...

Cada uno de los comunes se significó, adquirió significado. Y en esa adquisición de significado, cada fragmento, cada expresión de vida, secuestró parte de su origen ¡en común!, en beneficio de “en privado”, “en particular”. Como si -y así ocurre- al expandirse y expandirse..., los fragmentos, las vidas se fueran... despegando de ese nexo común; que hace que se aleje, de ese espacio nuevo que se crea.

Pero la Creación, en su expresión, dejó dentro de cada pequeña partícula, de cada una de las expresiones de su expansión…, una brújula, un sentido que les permitiría retornar: el sentido común. Aquel sentido que les permitía percibirse de que provenían de un origen común, el que les posibilitaba percibirse como una parte del todo…

En su inconmensurable Amor, esa Creación dejó la clave, el mapa, para que cada pequeña partícula pudiera retornar a su origen: así, dotó a todo lo existente del SENTIDO COMÚN. Sí, sí, un sentido más… para percibir el mundo. Un mundo unitario, un mundo común.

Nosotros -los humanos- nos hicimos tan particulares, nos hicimos tan nuestros, y tan individuales, que empezamos a olvidarnos de ese común denominador, de ese Común del que habíamos partido, y empezamos a pensar que ese sentido común nos quitaba nuestra impronta individual. Quisimos escapar de esa trama que todo lo unía, que todo en común ponía, y hacer un reino a nuestra imagen y semejanza, sin darnos cuenta de que no podíamos escapar de lo que éramos…

A pesar de tener esa brújula, ese sentido que nos indica el camino…, los seres se empeñaron en secuestrarse a sí mismos, en sus mismidades. Y así, iniciaron su propio desastre, pues dejaron de apreciar su entorno, su nido, y se disgregaron tanto… que llegaron a perder su sentido, y con ello empezaron a vivir en su angustia, en su ansiedad, en su preocupación, en su miedo.

Pero a poco..., a poco, poco que se piense..., el ser tiene capacidad para darse cuenta de que es necesario... ¡para la propia autoestima! mantener un equilibrio entre lo común -la primera manifestación, ¡la primera manifestación!, el surgimiento del Origen- y la individualización, la particularidad.La originalidad que se engrana, si se sabe aceptar, como haciendo el camino de retroceso, perfectamente, hacia la Unidad.

Es esa fuerza que mantiene... sujeta a la vida, que mantiene en suspenso galaxias, soles, lunas... Es esa Fuerza Divina el común denominador de todo lo existente.

Y en la medida en que el ser se secuestra en sí mismo..., ¡que levante los párpados y contemple la inmensidad... de Fuerza que le anida! Porque cuando el Misterio Creador se reparte en muchos trozos, ¡cada trozo es... Él! Y cuando decide juntarlos todos... ¡es más Él!

¡Cada ser, en su aparente individualidad, es un holograma de la unidad del Todo! Y por eso, cada vez que rescatamos el hacer en común, cada vez que realizamos haceres y actividades junto a otros, cada vez que vivimos en lo común…, es como si nos acercáramos a ese origen común del que provenimos. Es como si la brújula de nuestro sentido común… nos indicara el camino de regreso… a casa; ese ¡retorno! a la consciencia de estar unidos por una Fuerza Generadora, Creadora, Intermediaria.

Por eso, cualquier oportunidad de conjugarse, conjuntarse... y hacer engranaje, cada individualidad con otra, es una ocasión... de no perder... ¡el sentir común!, de no perder... ¡el ánima!... de que somos recogidos en el nido que ha gestado la Fuerza de Lo Eterno... ¡en torno a cada cual!, ¡a cada uno!

Estamos en un proceso de incorporar... el Primer Estallido, la Primera Unidad... y todo el grandioso recorrido, hasta ser lo que cada uno es. ¡Y contemplar con aprecio y con asombro! toda la Fuerza, en ese inmenso vacío... de aparente ¡Nada!”.

El sentido común nos recuerda que formamos parte de la
trama del Universo, y que todo a nuestro alrededor es parte de la misma trama.El desarrollar y expandir este sentido nos permite relacionarnos con todo lo que nos rodea, de una manera muy diferente. Nos permite percibir esa unión que tenemos con todo. Y nos da la consciencia de unidad con el Todo, más allá de los límites de nuestra individualidad.

El sentido común no lleva ningún calificativo específico, como puede ocurrir con el oído, que sirve para oír; el ojo, para ver; el olfato, para olfatear; el gusto, para saborear… El sentido común sería otro sentido. Un sentido que podríamos situarlo globalmente en el hacer del hombre. De tal forma que pensar y sentir estarían ocupados por los otros sentidos, y el hacer estaría vehiculizado por el sentido común.

El sentido común se evidencia en las
actividades vitales comunes: todos los seres respiran, comen y se emocionan.
Se alimentan de tres cosas básicas. Y eso es algo que todos tienen en común. A través de esas actividades que tenemos en común también percibimos el mundo. A través del
alimento, de la respiración y de las emociones percibimos y nos hacemos una idea de la realidad, y según sea la calidad de estas, nuestro pensamiento se configurará de una manera o de otra.

La respiración: hay una información que nos entra a través de la respiración, a través de la interconexión que tenemos todos los seres humanos, y que no es visible. El aire que respiramos es común para todos. En él dejamos la huella de lo que vivimos, de lo que sentimos, de nuestras alegrías y nuestras tristezas. Y lo compartimos inevitablemente.

Las emociones: la vivencia emocional que compartimos con determinadas personas también forma parte de ese sentir común. Es el poder percibir emociones y sentires de personas ligadas a nosotros afectivamente.

Movimiento común de todo el universo: el giro-planetas, estrellas, galaxias…-. En el ser humano ocurre lo mismo. Cada ser tiene un giro en torno a sí mismo, y un giro en torno a otros.

El sentir común entre lo masculino y lo femenino: la expresión de la vida.
 ara poderlo expresar adecuadamente, sin guerra, sin competitividad y sin hegemonías, precisamos que tanto varones como mujeres desarrollen su identidad. Cuando hay una intención muy clara de hacer algo en común, hay un proyecto muy definido en el que todos creemos, se establece ese sentido común en el que cada uno aporta lo mejor de sus cualidades en pro del objetivo y del proyecto para el que se está haciendo. El masculino aporta lo mejor que tiene, el femenino también, y ambas cualidades se conjugan de manera perfecta para lograr un bien común.

Si queremos rescatar ese sentido común, y lo hacemos desde la mujer, todo lo que esta haga debe incluir al hombre en algún aspecto, porque de lo contrario estaríamos cayendo en el mismo error en que hemos vivido, es decir, desarrollar una vía donde no existiera ese sentido común necesario para permanecer y evolucionar.

El sentido común de la especie humana: SERVIR.

El servicio a la comunidad viva del Universo. Si los seres no se sirven entre sí, a sí mismos, ninguna especie -y menos aún la humana- hubiera sobrevivido. Porque es el servicio que unos prestan a otros y viceversa, lo que hace posible el desarrollo de nuevas capacidades.

Si mi actitud es servir -sin pretender conocer los misterios celestes-, estaré confiado de que sí estoy en el sentir común con la referencia de la Creación. Porque esa Fuerza, esa Creación ha empleado el servicio como medio para que surja la vida -a la cual pertenezco-.

El consenso: expresión del sentido común. Se podría decir que el consenso es un proceso de toma de decisiones en grupo, en el que se intenta incorporar los conocimientos y preocupaciones de todas las personas, para lograr soluciones con las que todas se sientan comprometidas. En vez de votar, y que la mayoría del grupo imponga su voluntad, el grupo se compromete a encontrar la solución con la que todo el mundo está de acuerdo (o por lo menos, con la que todo el mundo puede vivir). Esto asegura -en teoría- que las opiniones, ideas y reservas de todos se tengan en cuenta.

En la medida en que seamos capaces de relacionarnos a través del consenso, estaremos promoviendo el retorno al origen de la Unidad.

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