El Sentido del Sinsentido (Julio 2015)

-Mamá, ¿qué es la vida?

-¿La vida? Este…, bueno..., verás… Pregúntale a tu padre.

-Papá, ¿qué es la vida?

-¿La vida? Este…, en fin, ¿cómo decirte…? Bueno, la vida es como un tren al que llegamos de pequeños, y nuestros papas nos cuidan, y crecemos y nos preparamos para ser alguien.

-¿Y después?

-Bueno, después, conocemos a alguien a quien queremos mucho, y tenemos hijos, y los vemos crecer.

-¿Y después?

-Bueno… después, nos vamos haciendo mayores, nuestros hijos tienen otros hijos y nos hacemos abuelos.

-¿Y después?

-Este…, bueno, después, pues… nuestros nietos se hacen mayores y nosotros nos hacemos viejos.

-¿Y después?

-Bueno, después…, nada más.

-¡Ah!… y entonces ¿qué es la vida?

¿Alguna vez se han encontrado en una situación embarazosa como ésta, con su hijo o con algún niño cercano? ¿O quizá han sido ustedes quienes se hacían la pregunta?

En la cultura en la que vivimos existe un especial terror a perder el sentido. Y es precisamente este miedo el que nos hace olvidarnos de desarrollar un sentido muy particular que tenemos: el sentido del ‘sinsentido’.

El sinsentido -todo junto- es un sentido un poco más complejo y desconocido. Un sentido que nos sitúa en una dimensión sin límites, que es en realidad la dimensión que nos corresponde como seres de Universo. Es el sentido que nos permite percibir sin tener que comprender; el que nos abre las puertas del inconmensurable mundo de lo que no cabe en nuestro entendimiento.

De forma habitual, los adultos adulterados tenemos atrofiado el sentido del sinsentido por las camisas de fuerza -aplastantes- de nuestra razón y nuestra lógica, que, con sus tentáculos, atenazan a nuestro corazón. Temerosos de perder el sentido, nos convertimos entonces en seres que pierden el ‘sinsentido’: el sentido que nos obliga a salirnos de nuestra rígida y controladora capacidad mental de entenderlo y comprenderlo todo.

Entramos entonces en la paradoja de una cultura que vive asustada por perder el sentido, pero que va por un camino que no tiene sentido porque lleva a la degradación y a la destrucción a través de violencia, el individualismo feroz y la conceptualización de la vida como algo exclusivamente material.

Sin embargo, el estilo de vida que se ha erigido nos ha impuesto una lucha interminable por encontrarle sentido a todo. Y caminamos… perdidos, con nuestras camisas de fuerza razonables, tratando de encontrarle sentido a cada acontecer, en un mundo que nos conduce a un sin sentido.

¿No les resulta maquiavélico?

Desde muy niños nos enseñan cuál es el sentido de la vida, nos educan en cómo han de ser nuestras relaciones afectivas, cómo nos tenemos que comportar y cómo han de comportarse los otros, para que creamos que todo tiene sentido; nos enseñan qué hemos de esperar y recibir, para sentir que nuestra vida tiene sentido, que nuestros amores tienen sentido, que nuestros motivos tienen sentido… Pero todo bien revuelto en un sin sentido permanente propio de una cultura de autodestrucción.

También quedan bien diseñados desde temprano los modelos a los que habremos de aspirar de adultos, los modelos de mujer, de varón, de profesional, de éxito. Esos modelos se convierten pronto en el sentido de nuestras vidas. Modelos casi siempre inalcanzables, y cuando nos descubrimos incapaces de alcanzarlos, creemos que nuestra vida pierde sentido. Es entonces cuando la enfermedad hace su aparición triunfal.

Desde la Inspiración Femenina, a lo largo de este curso hemos estado buscando cómo desarrollar una nueva sensibilidad, indagando en las maneras en las que podemos empezar a percibir nuestro mundo de otra manera. Hasta ahora, en cada artículo hemos ido desentrañando la amplificación de nuestros sentidos materiales, y hemos ido descubriendo algunos otros sentidos no tan conocidos, que han quedado abolidos en un mundo de domesticación. Creemos que para contemplar nuestra realidad con otros ojos, y salirnos del “masculinismo” en el que nos movemos, tenemos que atrevernos a desarrollar el sentido del ‘sinsentido’.

Desarrollar el sentido del sinsentido implica descubrir que no vamos a llegar a ninguna parte sino que, sencillamente, vamos.

Desarrollar el sentido del sinsentido implica descubrir y aceptar que no todo hay que entenderlo, ni razonarlo, porque no solo existe lo que cabe en nuestra comprensión.

Desarrollar el sentido del sinsentido implica la oportunidad de vivir permanentemente en el presente, puesto que el presente es el único tiempo para el que nuestra mente no tiene referencias guardadas. Todo ese proceso de intentar darle sentido a las cosas que nos pasan, a todas las experiencias que vivimos, nos mantiene atrapados al pasado, porque la única manera que tenemos de entender lo que pasa es referenciándolo con el pasado, con los parámetros de lo que nos sucedió, lo que nos aleja enormemente de la auténtica realidad.

Desarrollar el sentido del sinsentido implica, por tanto, un idilio con el presente.

Desarrollar el sentido del sinsentido implica ejercer y practicar el estado de contemplación. Un estado que nos sitúa fuera del juicio y de la intervención.

Afortunadamente, la vida no hay ni que entenderla ni descubrir su sentido; hay que sentirla.

¿Se animan?

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