Enfermedad de la mujer-3 (Mayo-07)

Hoy nos inspiramos en… datos estadísticos mundiales acerca de la mujer. Nuestra interpretación. 
Ésta es la tercera entrega de la ponencia que el grupo de la Escuela Neijing, Inspiración Femenina, presentó en el XI Congreso Internacional de la Asociación Hispanoamericana de Acupuntura, Beijing 84, llevado a cabo en Cartagena de Indias, Colombia, en octubre de 2006. Los datos estadísticos que les hemos proporcionado en los anteriores artículos nos siguen resultando impresionantes y nos acercan a la idea de que la mujer, como especie, está gravemente enferma y no exageramos cuando afirmamos que, en este momento, se encuentra en período de extinción.

El hombre está creando seres enfermos; y como están enfermos a pesar de que los manipule y estruje, sólo puede contagiarse. Creando enfermos, él mismo se va a enfermar.Si creo una comunidad enferma, termino enfermándome. Si creo una comunidad sana lo propio es que esté sano.

Las fuentes internacionales y nacionales que hemos consultado están dirigidas por hombres. Los hombres suelen ser quienes nos suministran las estadísticas. Si participara más la mujer en estas investigaciones, probablemente, las cifras serían mayores. Todos éstos son datos estimativos que el hombre suele camuflar y acomodar en virtud de no crear una alarma social a nivel mundial. (Recordemos el episodio post-caída de las Torres Gemelas en el que Wolfang Amadeus Bush declara, públicamente, el recurso de la mentira en los medios de información como forma de desarrollar sus investigaciones y búsqueda de «terroristas».)

Con estas cifras y evidencias estamos hablando de la humanidad. No estamos hablando de las excepciones, porque las mujeres excepcionales -que las hay- están muy ocupadas en mantener su estatus. Les requiere, por supuesto, mucho más esfuerzo que al varón. Tienen que estar demostrando instante a instante su valía -eso también es inferioridad y esclavitud-. Y esto no les permite dedicar su tiempo a solidarizarse con la inmensa mayoría de mujeres que habitan este planeta en condiciones deplorables . (Detrás de cada mujer que tiene oportunidades, independencia económica y no está oprimida emocionalmente, hay un millón de mujeres que están en condiciones de grave sometimiento.) Esas mujeres, en su inmensa mayoría -por supuesto, hay excepciones-, se quedan dentro del sistema. Por fin entraron a ser parte de la casta de los varones, y eso les basta. En consecuencia, estas excepciones no implican un cambio en la situación del femenino.

El genocidio Femenino

Se conoce y se sabe de genocidios cometidos por la humanidad a lo largo de la historia. Se sabe y se conoce del exterminio de pueblos enteros. En la memoria reciente está el genocidio de Hiroshima y Nagashaki, el genocidio de Ruanda, el genocidio de los Balcanes, el genocidio del pueblo judío y el de las comunidades musulmanas. Todos estos genocidios y los que nos precedieron, como el de los indígenas de América, han sido en alguna medida denunciados en el Tribunal de la Haya, en la ONU, en la UNICEF, en la Comisión de Derechos Humanos, por Amnistía Internacional. Los genocidas han sido perseguidos por la justicia y algunos han sido capturados, y se festeja como un gran éxito cuando esto ocurre. 
Pero lo que también ha sucedido y no se ha dicho, lo que también es cierto y no se ha expresado, ni ha ido a ningún tribunal, ni está escrito en ningún libro de historia, ni se ha dicho en ningún libro de política, ni de economía, ni de arte, ni de humanidades, ni de sociología, ni de filosofía es: el exterminio sistemático que la especie ha hecho en torno a la mujer.

Este exterminio, este genocidio, este holocausto, está basado en el racismo y la xenofobia hacia lo femenino. Ése es el holocausto latente. No te mato ahora, te voy matando poco a poco.
En América, Europa, África, Asia y Oceanía, en los cinco continentes, la mujer ha sido perseguida, maltratada, humillada, enfermada, vilipendiada, despreciada y convertida en esclava sexual en el mal llamado «oficio más antiguo de la humanidad»: la prostitución. La mujer ha sido estigmatizada para que todo el mundo tenga derecho a acabar con ella. Y lo que es más grave, no han acabado con ella. Y eso es grave porque se fue tomando la decisión de acabar con ella poco a poco. Es como si hubieran dicho: «acabemos con ellas torturándolas». No acabemos con ellas con bombas incendiarias, encerrándolas en sitios y haciéndolas explotar y que se mueran -cosa que también ocurrió en USA con las obreras textiles-, sino que se decidió acabar con ellas torturándolas: impidiéndoles leer y escribir, impidiéndoles la cultura, impidiéndoles el acceso al conocimiento, impidiéndoles opinar, hablar, participar.

La mujer ha vivido y vive Guantánamo hoy.

Guantánamo, hoy, es la vergüenza del planeta. Quinientas personas están allí detenidas sin ningún derecho, sin ninguna legalidad, sin ningún criterio, viviendo en unas condiciones que son una tortura permanente. Ése es el equivalente que vive la mujer. Ésa es la tortura que vive la mujer. No le falta agua, no le falta comida pero llevan el «overall» siempre puesto. La vida es: interrogatorio, pequeño paseo… interrogatorio, pequeño paseo… y así todos los días; un año, dos años, cuatro años… ¿Y qué hace la comunidad internacional ante la tortura de Guantánamo? Nada. ¿Y qué hace la comunidad humana ante la tortura del varón sobre la mujer y la de la mujer sobre la propia fémina? Nada.


Los únicos que han hecho algo son los movimientos feministas que, con todo el respeto y con todo lo que han conseguido, creemos que han agotado su acción con ese enfrentamiento permanente pretendiendo igualdades. Sentimos que ése no es el camino.

Nuestra idea es que haya una identidad propia de la mujer y del hombre, ya que están destinados a entenderse y a amarse. Pero, históricamente, se ha tomado otro camino en el que el aprovechamiento que se hace de la mujer es tan fuerte que ésta vive un Guantánamo universal en todos los continentes. En cada uno con un diferente nivel.

Así que si se nos preguntara cómo está la mujer, diríamos: La mujer está como en Guantánamo están los hombres. ¿Quién protesta por ellos? Y ¿quién protesta por la violencia de género tan bestial que hay hoy? ¿Quién protesta por Tijuana, por ciudad Juárez, con tantas mujeres desaparecidas? ¿Quién protesta por la violencia de género en EEUU o en Rusia -que son el primero y el segundo país con índices más altos de violencia de género-?

Cada 15 segundos una mujer es golpeada en EEUU y ¿qué se hace? Nada. Eso es torturar.

A las mujeres se las ha torturado excluyéndolas de las religiones. Y no hay más que citar a la Iglesia Católica, por ejemplo: torturándolas sistemáticamente en su expresión corporal, en su dinámica sexual, en su conservación de la especie, en sus hijos. Torturándola convirtiéndola en una coneja que reproduce, reproduce y reproduce. 
La tortura a la que se ha sometido a la mujer es un método de exterminio. 
Y no es pasado. Estamos hablando del PRESENTE: del presente de África, del presente de América, del presente de Asia, del presente de Oceanía, del presente, también, de Europa.

Sin duda nos es fácil encontrar en Congresos y en lugares de relevancia como éste, a personas que no viven esa realidad o que no la han visto o que no la han contemplado así, peroles rogamos encarecidamente que, en el nombre de la especie, deparen en esta declaración de principios que:

En absoluto pretende culpar a nadie.En absoluto pretende ser ni muchísimo menos feminista -aunque nada tenemos en contra de tal movimiento-.En absoluto pretende condenar al varón.Sino que tan sólo, pretende poner en evidencia lo que ha sido la vida de la especie femenina en este planeta desde sus comienzos hasta el presente: mujer es sinónimo de enfermedad.

Vamos a analizar esta situación, teniendo en cuenta que vivimos en un planeta en el que todos estamos en guerra.

La primera guerra

Mujer significa, en nuestro mundo, alguien a quien se ha sometido a la guerra.

El varón ha declarado la guerra a la fémina desde los inicios de la humanidad. Como hemos podido apreciar en las cifras oficiales, es una guerra mundial, una guerra que nunca ha sido denunciada ante las Naciones Unidas, ni ha sido debatida en la Comisión de Derechos Humanos, ni ha sido levantada como bandera por Amnistía Internacional. Una situación que recién empieza a reconocerse en el 2001, cuando la ONU declara que: 
«Toda violencia que se ejerce contra la mujer son violaciones graves de los Derechos Humanos Fundamentales».

La primera guerra mundial que se ha dado en este planeta, no es la de 1914, ni viene en los libros de historia.

La primera guerra mundial es la del hombre contra la mujer: la Guerra de los Sexos.

La guerra más extensa que existe y que existió, en la que nunca ha habido treguas.
 Si miramos las cifras de la situación de la mujer en todo el planeta, lo menos que podemos sentir es vergüenza de pertenecer a la especie humanidad. 
La especie -y expresamos esto con dolor, pero con serena dignidad y sin rencor- ha declarado la guerra a la mujer, poniéndonos el cartel de tontas, inútiles, incapaces, reproductoras, objetos sexuales... Los representantes masculinos de esta especie han jugado con los sentimientos de las mujeres: nos han alabado cuando nos han necesitado, nos han abandonado cuando estábamos caducas, nos han esclavizado, nos han llevado a la prostitución, para seguir vendiéndonos con la trata de blancas, negras y amarillas… 
Nos prostituyen diariamente, pues, el principal contrato de compra-venta de nuestra sociedad es el matrimonio. Nos compran como esposas: nos dejan esposadas socialmente, moralmente, físicamente, culturalmente, espiritualmente.

La mujer es la mercancía más utilizada en el planeta y de mejor rendimiento económico desde que existe la propiedad privada.

Sin embargo, la mujer nunca ha declarado la guerra al hombre. Hemos buscado sistemáticamente la reconciliación, por nuestros hijos, por considerar al hombre un mal menor, un adorno utilizable. Y porque no estamos dispuestas como mujeres de Inspiración Femenina a comportarnos como los hombres en la guerra. El varón ha violado los derechos humanos y el derecho a la vida, ha creado un mundo a su imagen y semejanza, y dentro de ese mundo uno de los objetos de compra-venta más cotizados es la mujer.

 

¿Qué ha significado la guerra para el hombre?...


La guerra: una forma de reconciliación

El arte de la guerra -que así se le llama- no es un arte, es la forma más bárbara que tenemos de reconciliarnos. La guerra es una forma que usan los seres inferiores para reconciliarse.

La guerra como medio de reconciliación probablemente surge de la envidia que tiene el hombre hacia la mujer. En el caso de la cultura judeo-cristiana es clarísimo: el hombre declara la guerra a la mujer desde la expulsión del Paraíso, porque la mujer es la culpable de todos los pecados, ahí empieza la guerra, y desde entonces, la ha maltratado. Y como el hombre ve que la mujer no responde como él, entonces, declara la guerra a otros hombres. Y es así que comienzan las guerras como principio de reconciliación, de unión.

Los hombres, desde niños, descubren que la mujer es la culpable de todos los males y de la expulsión del Paraíso. Y piensan: «si no hubiera sido por Eva, viviríamos en el Paraíso. Ella fue la que «me» hizo pecar, y por eso nos expulsaron, y por eso vivimos tan mal. Es por eso que le hemos declarado la guerra. La vemos inferior, deleznable, etc.».

Descubren la violencia y le declaran la guerra a la fémina porque consideran que les ha privado de ver a Dios: «quien nos ha privado de ver a Dios y disfrutar de ÉL ES «LA PUTA MUJER». Por eso el hombre tiene una necesidad ancestral de acabar con ella, pero a la vez la necesita. Es un misterio. Trata de reconciliarse con ella y no matarla, pero la castiga y le pega hasta que ella se convenza de que él tiene razón y de que ella es la culpable; si es así, todo irá bien.

El hombre se reconcilia a través del golpe, a través de la guerra, convenciendo a la mujer de que es inferior, de que no tiene caridad, de que sólo piensa en la maldad; que necesita tener una disciplina como la de él; que no es un ser fiable, no es fiel; es traicionera, perezosa. El hombre ha convencido de todo esto a la mujer, y ella le ha obedecido fielmente.

El varón ha convertido a la mujer en su beata, para que poco a poco, vaya evolucionando a ser como un varón.

Es el mismo pensamiento de la Inquisición: tú no te das cuenta de que estás poseída, y yo, como Inquisición, te doy la posibilidad de reconciliarte con Dios a través de la muerte.

 

PROPUESTAS SANADORAS

Vamos a ver cuáles son las propuestas que, como Inspiración Femenina, como Escuela Nei Jing, planteamos para que esa mujer que ya hemos visto que es sinónimo de enfermedad, comience a sanar.

Mujer, ¿cómo sobrevivir, desarrollarse y potenciarse en una humanidad en guerra?

La Adaptación como una vía de sanación:
 Si mujer es igual a enfermedad, y estamos dentro de un Desafío de Salud, es evidente que tenemos el compromiso -tanto mujeres como hombres- de instrumentar cambios -a nivel personal y por supuesto en nuestro hacer sanador hacia el medio- que nos permitan tomar pequeñas iniciativas e introducir nuevas variables en el sentido de la SALUD. Hay que buscar remedios para esta situación. Por ello vamos a proponer una serie de remedios, de cara al hombre y de cara a la propia mujer. 
De cara al hombre porque él es quien controla los medios de producción, los medios de economía. De cara a la mujer para que tome consciencia de su capacidad, de sus recursos.

Hay un desafío de salud que las mujeres tenemos que dar, que implica, generar estrategias adaptativas que nos permitan identificarnos como femenino, porque la mujer no está identificada con su femenino. Y no lo está porque funciona de acuerdo a las exigencias de una cultura masculina que la ha llevado a responder de forma «socialmente correcta». Ha actuado siempre, y aún lo hace hoy, de acuerdo a lo que se espera de ella. No se le ha permitido desarrollar y expandir su feminidad. Por eso, el primer paso en ese Desafío de Salud, es que la mujer se dé cuenta de que no tiene un sentimiento certero acerca de su feminidad, que no sabe qué es ser mujer, y que necesita desarrollarse. Y para hacerlo, ante la guerra, ante la violencia y el estilo de vida que hemos descrito, debe generar estrategias adaptativas que le permitan identificarse como femenino. Para comenzar de buena manera, ante la guerra:

I-No combate – No pactos

Lo primero que deben tener claro hombres y mujeres es que estamos predestinadamente destinados a llevarnos bien. Estamos hechos para intercambiar información masculina y femenina. Pero intercambiar no implica pactar. En consecuencia,no hago pactos con los HOMBRES. Me adapto. Adaptarse no significa aceptar ni pactar.

Si llevamos esta situación a la vida en una fábrica, el obrero no debe tratar de convencer al patrón; ni el patrón debe tratar al obrero como esclavo. A los dos les interesa que la fábrica funcione: a la empleada, para mantenerse y vivir; y al empresario, para ser más rico. 
Se trata de adoptar una postura ante el desarrollo de la inspiración femenina en la que en ningún caso se enfrente al varón. Cualquier enfrentamiento por parte de la mujer está destinado al fracaso. Porque el lenguaje que ha usado el varón, por sus características o por necesidades de especie, es un lenguaje de violencia, de poder, de mando. En ese lenguaje se mueve muy bien, y siempre lleva las de ganar -aunque sólo sea porque tiene más fuerza-.


Entonces, como mujeres, buscaremos nuestros rasgos de feminidad, pero, mientras tanto, no podemos hablar con el varón en el lenguaje de la violencia, del oponernos, de reclamar nuestros derechos, porque seremos atacadas. Y, en este caso, tenemos que recordar que, ante EL ATAQUE, LA MEJOR DEFENSA ES EL NO COMBATE.

Esto no hace referencia a esa famosa frase hogareña: «vamos a tener la fiesta en paz»… Dicho sea de paso, ¿a qué fiesta se referirían esas madres?... No, en estos tiempos que corren, hay que defenderse. Pero la defensa de lo femenino debe ser muy delicada para que no se convierta en un ataque. Si me defiendo con palabras, por ejemplo, no estoy atacando. Tengo que defender mis creencias con hechos sin que con ello dañe las creencias de otros.
Tengo que saber defenderme ante la violencia y ante la guerra, si no, terminaré por perecer o ser cómplice de un propósito destructor; por ser un espía intratable o un franco colaborador. Y no se trata de estar a la defensiva, se trata de, ante cualquier situación, dejar muy claro cuál es nuestra posición como mujeres que pretenden evolucionar. Estamos hablando de una defensa testimonial, verbal, de actuación, de convicción, de ideas claras. En la que se defiende un punto de vista, un proyecto, un ideal, una posición en la vida, un credo. No caigamos en la trampa de dejar pasar las oportunidades de defensa por no discutir, por no crear problemas, por no caer en la violencia. Eso lo ha hecho mucho la mujer, ahora se trata de saber defender sus propias ideas y sentires, con hechos y palabras serenas.

Si no sabemos defendernos, terminaremos siendo víctimas de la violencia y de la guerra. Si sabemos defendernos, existe la posibilidad de sobrevivir y crear la expectativa y la esperanza de una nueva humanidad…

Hasta aquí nuestra entrega de mayo. En el siguiente número haremos una síntesis de las 12 propuestas restantes producto de la investigación que viene desarrollando el grupo durante estos cuatro años intensos.

Gracias.

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