Enfermedad de la mujer-4 (Junio-07)

Ésta es la cuarta entrega de la ponencia que el grupo de la Escuela Neijing, Inspiración Femenina, presentó en XI Congreso Internacional de la Asociación Hispanoamericana de Acupuntura, Beijing’84, llevado a cabo en Cartagena de Indias, Colombia, en octubre de 2006. En el artículo anterior les habíamos anticipado que resumiríamos nuestras doce propuestas sanadoras, sin embargo, debido a su extensión, creemos conveniente exponer sólo algunas que distribuiremos este mes y el siguiente para culminar de esta manera nuestro año de curso. 
Partimos de la idea de que todos vivimos en guerra, y dentro de ese estado bélico que marca nuestro estilo insano de vida como humanidad, mujer es sinónimo de enfermedad. Y esa enfermedad ha sido gestada durante milenios por un pensamiento, una filosofía, un desarrollo cultural, social, político, económico, religioso, predominantemente masculino. Es urgente sanar a la mujer porque en ella radica la esperanza de la humanidad. 
¿Qué tenemos que hacer para sanarnos como mujeres y contribuir a sanar a la especie femenina?

Dejar de ser esclava, Inferior y O.S.S.I. (Objeto Sexual Sí Identificado)

Dejar de ser esclava

Después de miles de años de experiencia como esclavas, domésticas e inferiores -que ustedes han reconocido en cifras mundiales en las anteriores entregas-, la mujer tiene un conocimiento y una forma de haber ido sobreviviendo que le permite establecer esa vía de liberación. Además hay que tener claro que esa liberación no solamente va a ser para ella, sino queva a repercutir, irremediablemente, en la liberación también del varón, pues, en alguna medida él también es esclavo, también es doméstico y también es inferior. El primer mecanismo, por tanto, para afrontar este desafío de salud, es que la mujer tenga la voluntad firme de dejar de ser esclava. Y esto no implica ningún enfrentamiento: aunque estés esclavizado, si sabes que eres libre, ya estás libre. 
Somos esclavos cuando nos sentimos esclavos. Y eso es lo que le pasa a la mujer: que la mujer se siente esclava. En la medida en que se sienta libre, será libre. Es una actitud mental: «Se acabó; ya no soy tu esclava. No me puedes ni comprar, ni vender, ni soy tu propiedad». 
Luego, en la práctica, irá encontrando los medios para realizarlo.

La mayor esclavitud que hay en el planeta, es la que ejerce el varón sobre la hembra. Ésa es la verdadera y la gran esclavitud.

Si algún día cesa la esclavitud del varón sobre la hembra, se habrá acabado la esclavitud. 
Sólo a partir del momento en que haya un ensamblaje, una compenetración entre ambos sexos, el varón no tendrá ningún instinto de doblegar ni esclavizar a nadie, porque se le habrá quitado la raíz de la esclavitud: la de esclavizar a la mujer.

Actitud que debe asumir el varón

¿Cuál debe ser el primer cambio que tiene que hacer el hombre si quiere contribuir a la salud de la especie humana?
Procurar por todos los medios desarrollar el respeto hacia los demás, especialmente, hacia la mujer. Con ello estaremos en condiciones de poder amar verdaderamente. En definitiva, el amor, es el único que puede diluir la esclavitud. Ésa es la posición respetuosa que puede asumir el varón en este Desafío de salud:
Deberá crear las condiciones para que la mujer se tome todas las libertades que crea convenientes: «Te dejo que te tomes la libertad y no voy a hacer nada por impedirlo. Te dejo que te tomes las libertades que creas convenientes. Las que tú creas, no las que yo te dé, porque las que yo te dé van a ser libertades condicionadas -libertad condicional-». 
La forma de promover ese cambio sanador de parte del varón hacia la mujer, es generar condiciones para que ella se tome todas las libertades que crea convenientes. ¿Cuáles son esas condiciones? Por ejemplo: Si hay una responsabilidad que compartir, y hablamos de que el desarrollo de la inteligencia femenina es lo más perentorio, abrir la posibilidad de que la mujer adquiera unos niveles de responsabilidad importantes.

Una vez que hemos incorporado la idea de que ya no somos esclavas, sino que somos libres, la mujer tiene que avanzar hacia:

No sentirse inferior


La mujer debe aceptar que en esta sociedad donde todo se mide con el patrón del varón, es considerada inferior. Pero tiene la posibilidad de dejar de sentirse, a sí misma, inferior. En la medida en que la mujer decide sentirse libre, en la medida en que decide dejar de ser esclava como expresión natural de la vida, casi inmediatamente, se da cuenta de que no es inferior, sino que es distinta, es diferente a la especie dominante. No somos seres inferiores con respecto a nada ni a nadie. Y, en consecuencia, no hay superiores, porque si no hay inferiores, no hay superiores.

El siguiente paso hacia esa identidad femenina es:

Aceptar que es considerada una O.S.S.I.: objeto sexual Sí identificado

Hemos llegado al punto más difícil, dejar de ser un objeto sexual. Para poder llegar a un mecanismo de liberación la mujer tiene que aceptar que, en esta cultura de humanidad y para la inmensa mayoría de hombres y de mujeres, e incluso para sí misma, es un objeto sexual. Pero como ya ha incorporado la idea de que no es esclava, ni se siente inferior, puede tener la siguiente nueva visión de sí misma:

-«Soy un objeto sexual, pero, puedo ser libre… Un objeto sexual libre». 
-Inferior: Acepto que soy inferior también. Sí, soy inferior comparada con la otra especie. Pero que conste que el varón sería inferior si lo comparáramos con la mujer.

-soy un objeto sexual libre, inferior.

Por ley natural, la mujer deja de ser objeto sexual cuando llega al climaterio. Pero la única posibilidad de que la mujer deje de ser un objeto sexual, en su etapa fértil, es que el hombre y la mujer y, sobre todo, la mujer, no consienta ningún tipo de relación que no sea vinculada por una experiencia amorosa. 
Hoy por hoy, todavía la mujer emplea su sexualidad, emplea su capacidad de atracción para captar y capturar al varón y para manejarlo. En ese sentido, se deja usar como objeto sexual para conseguir un varón. Pero hay que tener en cuenta que, en esa relación de pareja, la mujer es siempre quien pierde. Y siempre pierde porque está en inferioridad de condiciones con respecto al varón, porque como ya hemos expresado, estamos en un mundo creado por y para el hombre. 
Entonces, les pediríamos a las mujeres: que estén alertas, que sepan guardar su feminidad adecuadamente, que sepan esperar el cortejo del varón -si es que éste se produce-, y que nunca vayan al asalto del hombre. Esta propuesta les puede dar una mínima ventaja y les puede permitir salir poco a poco de ser y sentirse un «objeto sexual»; y evitar, por supuesto, todas las consecuencias -en general más catastróficas- que tiene para la mujer un fracaso amoroso. 
Para la mujer, la relación de pareja es un objetivo prioritario, le influye mucho más que al hombre. Le lleva mucho más tiempo asimilar sus movimientos emocionales, y los desengaños le generan más enfermedades.

 

El hombre que diga tener una vocación sanadora, tiene que tomar consciencia de que lleva mucha ventaja en esa relación, por tanto, tiene que proponerse aminorar las ventajas. Para eso tiene que dar muchas prestaciones, para que la relación tenga un cierto equilibrio. 
Cuando uno siente que está enamorado se da cuenta de que es un regalo que nos dan, a partir del cual, si es menester canalizar la energía sexual, se canaliza. A partir de ahí, la mujer deja de ser un objeto sexual, para ella misma y, sobre todo, para el varón.

Por eso, a cultivar el amor como si fuera lo único que existe.

Superar la esclavitud, el complejo de inferioridad, y el objeto sexual, son los tres elementos que pueden permitir alcanzar un nivel de comunicación, de fusión, de complicidad con lo femenino, realmente liberador.
Mientras esos tres núcleos no se diluyan de la esfera de la sociedad o la cultura, todo seguirá igual.

 

Más allá de la pobreza de las estadísticas: la pobreza del varón y la pobreza de la mujer.

¿En qué se diferencian?

La pobreza del varón es la que le ha llevado a hacer la guerra a la mujer y luego, extenderla a todo el planeta. La pobreza del hombre está sustentada en:


-La envidia que le tiene a la mujer.


-En su necesidad de tener poder.


-En la coraza que tiene en su corazón que no le permite vivir el Amor.

La pobreza de la mujer, que conocemos a nivel material, está más que ratificada por las estadísticas y las evidencias. Pero la mujer sufre de una pobreza más profunda que va más allá de lo material y que podemos decir que está conformada por tres pilares fundamentales: 
1- La culpa 2- El miedo 3- Haber perdido su propio lenguaje -y por tanto su identidad-.

1- LA CULPA:

Hay que reconocer que, desde que le especie se reconoce como especie, la civilización triunfante es la judeo-cristiana. Ésta se fundamenta en que el modelo de la mujer, o el sexo femenino es peligroso, maligno, ligado con las tentaciones del demonio y causante del pecado. ESO ESTÁ METIDO EN EL ADN de toda la humanidad.
Un ser que ha estado sometido a una represión pasiva, activa, semi-pasiva, semiactiva y que ante todo es culpable, para salir de ese yugo va a emplear atributos masculinos, que son los que tiene como modelo dominante. Y, entonces, ¿qué es lo que ocurre? Ocurre una cosa muy simple: hay unos criterios morales y éticos instaurados por el hombre; cuando la mujer quiere salirse de esa opresión, y se sale de la norma ya es culpable. Con lo cual, la solución la tiene muy difícil, porque como no hay leyes, no hay ornamentos legales, morales, éticos, estéticos que estén diseñados por mentalidades femeninas, con cualquier intento de salida va a ser culpable. Así que se la juzga como se juzgaría a un varón, la diferencia es que por ser una mujer se la juzga con más rigor.

Propuestas

-La posibilidad que tiene la mujer para salir de su pobreza es: ser clara, sincera, expresar lo que siente sin tapujos y en el momento justo. Vivir, digamos, al margen de la ley, sin estar en su contra, y tener mucha paciencia, pues, pasarán muchos años para que cambien las cosas.
A ella siempre le tocará demostrar que no es culpable. 
Al hombre se le presupone la inocencia y hay que demostrar que es culpable.
En el caso de la mujer la ley diría: de entrada es usted culpable, ahora, demuestre que es inocente. 
La mujer recurre muchas veces al engaño, a la trampa, a la mentira como una estrategia de supervivencia para tener una calidad de vida mejor, para obtener algo; está educada así. Por eso su posibilidad de salir de la pobreza está en la sinceridad, en plantear su posición tranquilamente, con inteligencia. Es fundamental, además, que la mujer, antes de relacionarse con una posible pareja, tenga un cierto grado de abstinencia y de reconocimiento del terreno, para saber dónde se va a meter. Sabiendo que estamos en una guerra en la que, de forma interna, la mujer es: la enemiga, la que traiciona, la culpable, la que engaña. Ése es el presupuesto.

-En cuanto al hombre -que tenga vocación sanadora, por supuesto-, ha de tener mucho cuidado en cada detalle y palabra. No para igualar los sexos, sino para hacer que las cosas se flexibilicen de manera que cada uno cumpla con su rol sin el miedo de que le estigmaticen, lo persigan o lo culpabilicen. La excepcionalidad del varón le tiene que llevar a no permitirse crear desengaños. Estamos en guerra, un desengaño puede ser la mayor catástrofe de una existencia y de una vida... puede llegar hasta la médula de los huesos y convertir a alguien en un leucémico irrecuperable.

2- El  MIEDO:


El miedo es el elemento fundamental de la nueva esclavitud que domina nuestro estilo de vida. 
El único depredador del hombre es otro hombre, porque ejerce fuera de su espacio vital y usurpa el espacio vital de los otros, y en esa medida gesta violencia y genera miedo. En nuestra cultura quien tiene más miedo es la mujer, ésa es una de sus más profundas pobrezas. Por su condición de inferior, por su condición de esclava, porque sus potencialidades han sido invalidadas y porque se le ha educado en la cultura del miedo.
Las tres reacciones típicas del miedo son: 
-Quietud, ya que el miedo paraliza.
-Tempestad de movimientos.
-Violencia.
Son reacciones que se generan a partir de haber perdido la respuesta natural y biológica de alarma y alerta. El miedo, por tanto, no es una reacción natural. Se nos enseña, se nos induce. Se educa al niño para que aprenda a hacer las cosas a través del miedo y no de la obediencia. Se enseña y educa a través del castigo, que generalmente genera dolor, y así aprendemos a tener miedo a todo. Se nos gobierna con la táctica del miedo, que más que un mecanismo adaptativo, es un mecanismo de control y manipulación.

En resumen:


-El miedo no es una actitud natural en el ser humano.

-Se educa al niño y a la niña para que tengan miedo.


-El miedo genera violencia.


-Se utiliza el miedo como mecanismo de gobierno y de control.


-Finalmente, tenemos miedo hasta de nosotros mismos.


Entonces para salir del miedo, en principio, podríamos decir que:


-Por una parte, hay que interesarse por ir disolviendo los miedos habituales, los más corrientes, los más pequeños.


-Por otra parte, ir poco a poco recuperando el sentido de la alerta y de la alarma como un mecanismo natural.
-El siguiente paso sería, en la comunicación, comunicarnos mutuamente que no nos tenemos miedo.

 ¿Pero, por qué el ser es miedoso? Porque no se ha comprometido con sus ideales y no ha dado realización a su proyecto vital. El ser que se realiza en su hacer, delimita con firmeza su espacio vital y por tanto nadie puede invadirlo. Eso significa que va desapareciendo el miedo.

PROPUESTA ante un miedo paralizante a la pareja: 
La mujer debe hacer frente al miedo con especial esmero, porque el miedo es un mecanismo que paraliza e impide la evolución. Éste es el caso de aquellas mujeres que conviven con alguien a quien aman pero que les genera un miedo paralizante. A su vez, no consideran que tengan que separarse porque se sienten unidas a ese ser. Si establecen un enfrentamiento, la convivencia se convertirá en una guerra que destruirá a la pareja. Por eso, ante una situación de imposición y mando del varón, para ir disolviendo poco a poco el miedo, primero hay que obedecer, ése es el primer paso. 
Junto con la obediencia viene la preparación y la reflexión. O sea, mientras obedezco me preparo, me cultivo, reflexiono, desarrollo argumentos. En suma, sustento lo que siento y lo que creo para poder llegar a un diálogo viable con la pareja.

En esta medida la mujer va dándose cuenta y determinando si hay que obedecer a todo lo que le diga ese señor o no. Y cuando haya cosas que no deba obedecer, estará en condiciones de plantear argumentos: «No te puedo obedecer en eso, no, porque va en contra de mis principios».
 Es ahí que viene el diálogo; ésa sería la siguiente fase. Primero, la obediencia y la preparación; luego, el diálogo. Porque después de la obediencia, puede haber diálogo. Para dialogar, la mujer debe prepararse y formarse.

LA MUJER TIENE QUE PREPARARSE, TIENE QUE SABER, TIENE QUE ESTAR DEBIDAMENTE FORMADA. NO SE PUEDE APEAR DE CÓMO VA EL MUNDO. Ése es el principal argumento para que la fémina pueda obedecer, pueda dialogar, pueda desarrollar su tarea. Y así EL MIEDO SE APARTA.

En la medida en que la fémina pierde el miedo, también dejan de tenerle miedo. Porque claro, también los hombres, a veces, tienen miedo a las mujeres. Muchas veces. Y muchas veces, por miedo se miente y se engaña. 
Ésta puede ser una buena táctica, por lo menos para ir alejando poco a poco a ese impostor, el miedo; es decir:
 La aceptación u obediencia o adaptación complaciente.


Insistimos en que nos estamos refiriendo a una relación -en este caso de hombre-mujer, pero puede ser de otro tipo, laboral, social- en la que se tiene un componente afectivo. Porque el miedo siempre tiene relación con los afectos. El miedo es emocional. Por tanto, con los seres a los que amamos, adoptamos una actitud de aceptación o de adaptación complaciente -en unos casos será aceptación, en otros será obediencia complaciente-. Tenemos tres palabras:
 Aceptación... Adaptación y... Obediencia. Las tres COMPLACIENTES.

Si yo adopto esa postura, esa actitud hacia los seres o las ideas o proyectos que amo y con los que tengo una relación, pero que me generan miedo, probablemente, el miedo empiece a diluirse. Y eso me da pie para no mentir -que sería el siguiente aspecto-, no miento porque lo acepto, y no uso las estrategias habituales de ocultamiento. Empiezo a desarrollarme para ser capaz de entablar un diálogo. Ésa sería la nueva estrategia para salir del miedo.
 Vamos ahora a la tercer pobreza de la mujer; el haber perdido su lenguaje:

3- DESARROLLAR EL LENGUAJE de la fémina

El varón ha desarrollado un lenguaje de dominio, de violencia, de poder, de miedo… La mujer ha tenido queadaptarse a ese lenguaje, dejando de ejercer su propio lenguaje, que ya ha olvidado.
 La especie humanidad está compuesta por varones y hembras. Los varones han establecido, han desarrollado y se han comportado de una determinada forma hasta el día de la fecha, y han impuesto su forma como modelo. El varón ha tenido un comportamiento de conquista, dominio, mando, poder, competitividad, supremacía, golpe, violencia… y sigue igual. Bueno, ha cambiado el mazo por la pistola… ha sofisticado su violencia, pero la base es la misma. Ése ha sido el lenguaje predominante del varón. 
La mujer ha aprendido ese lenguaje para poder participar, aunque mínimamente, en el mundo creado por el varón. Pero si aspira a desarrollar un proyecto femenino, tendrá que indagar en su lenguaje comunicativo. No es natural de la mujer el lenguaje violento. Debe desarrollar el lenguaje metafórico, el lenguaje poético, un lenguaje que le permita «artistizar» su existencia, de acuerdo a su propia sensibilidad. 
En la medida en que siga replicando en el lenguaje del varón sólo será capaz de idear y crear de forma masculina, de modo que no podrá constituir una esperanza de cambio...

 Continuamos el próximo mes. Gracias.

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