Enfermedades de la mujer (Enero-12)

No es novedoso afirmar que la enfermedad viene acompañando a la humanidad –y por tanto a la mujer- desde hace mucho tiempo. Muchas causas de carácter biológico lo explican y, si bien todas tienen un fundamento, en el caso de la mujer queremos ir más allá de lo meramente físico para adentrarnos en una visión de carácter humanista que nos permita entender las condiciones en las que ha vivido la mujer en todo el planeta y como éstas, no le  han permitido  vivir en un estado saludable.

Fruto del desarrollo de las sociedades de carácter agrícola, la mujer se convirtió en una mercancía, algo que perdura hasta nuestros días. Valorada por ser mano de obra gratuita, valorada por aportar hijos que también lo eran, se la puso un precio. Fuera de esta compra-venta no era nada.

De ahí que en la mujer poco a poco se fue alterando la esfera de sus sentimientos y emociones con una repercusión que consideramos vital: Confundió el sentirse protegida por el esposo, con el sentirse amada. Esta tremenda herencia psico-afectiva aún perdura. La mujer cuando se casa y tiene hijos, alcanza  un   status que la sociedad aún valora sobremanera, por tanto esa confusión –por supuesto de carácter inconsciente, pero muy operativa- sigue actuando en ella.

El desconocimiento de nuestros sentimientos y de nuestras verdaderas emociones forman parte importantísima de la desidentificación de lo femenino y ello trae como consecuencia, lo que consideramos la primera causa de su enfermar:

Un ser que no conoce su identidad no puede desarrollarse y no puede relacionarse adecuadamente con su medio y lo que es peor, al  no conocer sus propios recursos no puede adaptarse al medio, algo imprescindible para cualquier organismo vivo.

Estamos, de este modo, ante un ser incomunicado. Los organismos están destinados, tal y como es la dinámica  de la vida, a una interrelación, a una interdependencia, a una solidaridad, lo que hace de ellos seres comunicados; cuando así no ocurre, la supervivencia es cuestión de tiempo,  y mientras ocurre su desaparición, lo más seguro es que enferme.

Por ello, y sin ánimo de exagerar venimos afirmando desde hace tiempo que mujer es igual a enfermedad.

Indudablemente –y como solemos decir- dentro de este mundo- hay muchos mundos; no es igual la situación de una mujer de la Comunidad Europea –y ni siquiera es igual la situación de una mujer de Hungría a una mujer Francesa- que la situación de una mujer del Magreb o de los Emiratos Árabes- que tampoco es la misma- o la de una mujer de Canadá o de Mongolia Interior.

Pero lo que sí podemos afirmar es que, en cualquier parte del mundo- y debido las condiciones sociales, económicas, religiosas, y sanitarias en las que se ha desenvuelto la mujer:

NACER MUJER ES UNA CONDICIÓN.

A todo esto tenemos que añadir una consideración que nos parece imprescindible de tener en cuenta a la hora de abordar a una mujer en proceso de enfermedad.

Desde hace a penas unos años, la mujer “se ha encontrado en el mundo”, un mundo con unas normas y  criterios que no son los suyos, son los de una sociedad que ella no ha creado; en definitiva no es su mundo. Es como ser pez y tratar de vivir en el bosque o ser gato y tratar de vivir en el mar.

Esta irrupción “en el mundo” supone una adaptación a un entorno hostil. La mujer es afectiva, emotiva, tiene su forma de relacionarse, su manera de comprender e interpretar los acontecimientos.  Nada de esto le vale en el mundo del varón. El desgaste que sufre la energía de una mujer en el día a día es muy grande y eso provoca que su sistema inmune no esté lo suficientemente alerta, por ejemplo, amén de originarle multitud de síntomas: dolores de cabeza, insomnio, aumento de peso, problemas de tiroides, ansiedad y un largo etc.

Nuestro organismo no es capaz de asimilar todo el acontecer vertiginoso que estamos viviendo, vive desbordado y no es capaz de expresarse porque no tiene recursos. Finalmente es el cuerpo el que empieza hablar y lo hace a través de mareos, vértigos, estreñimiento, diarreas y un largo  y penoso etc. Todos estos síntomas no son sino un lenguaje, producto de tal idea o tal pensamiento que no ha podido ser expresado porque no se tienen los elementos para decir: ¡Basta! o ¡no!

Hay un profundo lenguaje, de órganos, de entrañas, de sentidos, que nos están diciendo algo. Lo que ocurre es que lo dicen de una manera en que nos resulta difícil de interpretar. Esa mujer, desde su patología, está hablando,  está contando una historia a través de su aparato digestivo, su metabolismo, etc.

Todo este cambio en nuestro mundo  nos obliga a adaptarnos a la misma velocidad; no es raro pensar que –por ejemplo- ello active enormemente el metabolismo celular y sea causa de anomalías genéticas que puedan desembocar en problemas de neo formaciones. Quizás el estrés sea inductor de desarrollo de tumores. A esto no escapa el varón, pero por el desarrollo que venimos haciendo, sin duda, a la mujer le afecta de plano.

En esta sección abordaremos, durante unos meses, algunas patologías propias de la mujer, y lo haremos desde la visión humanista con la que la Escuela Neijing aborda al ser en el tiempo de enfermar.

ACCESO

RED INSPIRACIÓN

ESCUELA NEIJING

CONTACTO

 

 

COMUNICACIONESTIAN

 

TIANTV