Futuro (Septiembre-06)

Tiempo, materia y espacio son las bases fundamentales sobre las que se asienta la Humanidad hoy en día. De una forma u otra todo está regido por el control del tiempo, la posesión de la materia y la ocupación del espacio.

Para ello el hombre inventó el minuto, el metro y la propiedad privada, como forma de control de todos y cada uno de los elementos sobre los que se fundamentaba su sociedad, a fin de controlarla, poseerla y ocuparla.

 En otros números de esta Revista ya hemos tenido la oportunidad de abordar la física cuántica que pone en duda nuestro concepto de espacio, la teoría de la relatividad que hace detonar nuestro concepto de tiempo y la física subatómica que dinamita el concepto de materia que creemos que poseemos.

La primera porque pone en duda la posición de los cuerpos en el espacio, demostrándonos que la posición son solo tendencias y no lo que nosotros creemos como realidades; la segunda porque ha demostrado que pasado, presente y futuro son simultáneos en el tiempo; y la tercera, porque nos permite descubrir el Universo subatómico, que contra la creencia generalizada, su solidez queda en entredicho al ser mayor el espacio vacío que el ocupado.

El futuro de la Humanidad hacia donde nos dirigimos, basado en estos tres sólidos pilares, ¿tiene que ser así?

En este mundo diseñado por ideas de varones no puede ser de otro modo, pero desde la perspectiva de la Inspiración Femenina creemos que es posible otro futuro diferente, cuya puerta hemos visto entreabierta a través de las teorías científicas enunciadas; no es solo una locura de una noche de insomnio, es real.

¿Cómo puede ser?

Evidentemente tendríamos que recuperar la auténtica esencia femenina para que este mundo se manifestara de una forma diferente; una forma en donde los valores, principios y relaciones no tuvieran nada que ver con las actuales.

¿Es utopía?, ¿es realidad?, ¿es posible?

La respuesta es: sí.

Claro que para ello primero tendríamos que definir cual es la auténtica esencia femenina, y esto es harto complicado porque incluso definir la palabra mujer nos resultaría terriblemente complejo dada la confusión existente. Para rescatar esa esencia sería necesario descubrir todos los acontecimientos a lo largo de la historia, para comprender y realizar cambios en el presente.

Como ello excede ampliamente las dimensiones de este artículo recurriremos nuevamente a nuestros queridos amigos los científicos, para descubrir claves que existen en todas nosotras.

De esta forma podemos rescatar una parte de nuestras células: La mitocondria

La palabra mitocondria procede del griego Mitos, que significa hijo, y de “Xondros”, que significa cuerpo duro y redondo, grano de sal, grano de incienso, grano de trigo, de cualquier cereal. En diferentes culturas significa el hilo, simbolismo de la conexión esencial en cualquiera de los planos espiritual, biológico, social, etc, por ello, nos permitirá atisbar esa esencia sin que de momento sea necesaria recurrir a la historia.La mitocondria es uno de los orgánulos de la célula cuya procedencia es exclusiva del óvulo, porque el espermatozoide al penetrar en él pierde su cola en donde estaban situadas todas sus mitocondrias. Por lo que podemos decir en sentido estricto que son puramente femeninas.

En un pasado remoto, como buenas féminas, las mitocondrias eran bacterias libres, que en un momento determinado y merced a un milagro divino inexplicable para la ciencia, fueron rodeadas por las células y con esa entrega de la que las mujeres hacen gala se pusieron a disposición de ella para albergar la respiración celular y ser el receptáculo en donde se acoge el continuo movimiento.

De esta forma tan sencilla, la mitocondria se convirtió en la responsable de la vida en la célula, al realizar la respiración aeróbica, así como de su muerte o apoptosis; pero, de igual forma, del surgimiento de la dualidad en el Universo celular.

Dado que la mitocondria es exclusiva del óvulo, recientes investigaciones han permitido reconstruir el árbol genealógico de la Humanidad analizando el ADN existente en la mitocondria, porque es el único que permanece y no se recombina ya que es esencialmente femenino.

¿Y para que nos ha servido?

Para conocer que, probablemente, todos los humanos procedemos de una misma Eva que existió en África, por lo que las diferencias de razas que parecían tan claras se caen por sí mismas, mostrándonos que son solo los hechos culturales los que establecen diferencias entre los distintos grupos humanos.

Igualmente este ADN mitocondrial da identidad a la mujer porque ella es la única que lo transmite, demostrando que su genética no es inferior a la del varón, como muchas veces se intenta poner de manifiesto, y que cuando éste desprecia a una fémina, se está despreciando una parte de sí mismo, porque en el fondo, aunque no sea consciente, su mitocondria procede de su madre y además, él también tiene un cromosoma X.

Asimismo, el ADN mitocondrial es circular como todo ADN bacteriano, esto implica que se pueda replicar ilimitadamente, siendo la mitocondria un ente inmortal, como de hecho lo son todas las bacterias.

En las crestas mitocondriales se produce la formación del agua a partir del fuego, la producción de agua que hace la respiración posibilita el equilibrio entre ambos elementos, que es lo que permite que el ser esté aquí y ahora, en este momento. Si ese equilibrio es distinto, la materialidad cambia.

Cuando la respiración es adecuada, el yin que representa la mitocondria no se consume, se vive eternamente o es posible alargar la vida. En consecuencia, la hembra es la que custodia el mensaje de alerta, del recuerdo de lo que se es y de lo que se debe de ser, por ello, la mitocondria es la que alerta al núcleo cuando este vive inadecuadamente.

Este mensaje que nos transmite la observación de la mitocondria, nos permite ser capaces de afirmar que el futuro que nos han diseñado y hacia el que parece que estamos irrevocablemente abocados, no tiene que ser así;  todo lo ocurrido en el pasado se ha de recuperar en el presente para dar una respuesta adecuada en el futuro.

La mujer está alertando al mundo, desde todos los rincones, que esta forma de vida no es la adecuada, que la sociedad de consumo acabará “consumiendo” a la Humanidad, que la posesión agravará su enfermedad y que el querer no la dejará respirar, y llegados a ese punto solo quedará la apoptosis o muerte.

El mensaje que la mitocondria nos transmite, es diminuto, pequeño, como es ella en comparación con el núcleo, pero no hay que embarcarse en grandes revoluciones para ser conocidos, el reconocimiento habita en el pasado, simplemente, como ella, hay que actuar de forma anónima e individual, sin grandes voces, ni gritos, para que el germen de una nueva Humanidad se vaya estableciendo.

Si la Humanidad es una en nosotras, desterremos el desprecio a los que son diferentes por cualquier causa porque nos estaríamos despreciando a nosotras mismas.

Si en la mitocondria solo tiene sentido el movimiento, no nos vamos a detener. Aprendamos constantemente, simplemente por el hecho de conocer, moviéndonos constantemente de una cosa a otra, de una inquietud a otra,  por el gozo de no estancarnos, sin nada que nos atrape y que nos permita comunicarnos adecuadamente con el resto de seres, sea familia, pareja, hijos, trabajo…

Recuperando el sentido circular de la existencia, en la forma de diseñar los hogares, las ciudades, los cultivos, en la forma de maquillarse, a la hora de preparar el alimento, en nuestros actos más pequeños, para recuperar ese sentido circular que nos es propio, haciéndolo manar de nuevo como un hecho puramente natural.

Y por supuesto, respirando adecuadamente, no solo para que los tránsitos de los reinos se produzcan de manera natural sin nuestra interferencia, si no para que sea posible la verdadera evolución hacia un cambio de conciencia que repercuta en las células para que se repliquen de acuerdo con el ADN mitocondrial y se pueda entrar en un auténtico proyecto de inmortalidad.

Para que en nuestra vida cotidiana se introduzca la pausa que actualmente ha desaparecido, para que seamos conscientes de lo que existe a nuestro alrededor, en definitiva, para que nos desenvolvamos en nuestra cotidianidad de un modo radicalmente diferente al actual, haciendo posible de esta forma la posibilidad de un futuro diferente, ni mejor ni peor, pero radicalmente diferente.

 

Cuando haya germinado esta nueva Humanidad, la economía será diferente porque no consumiremos desaforadamente. Las ciudades darán paso a otras formulas comunitarias mucho más reducidas. La educación no será un sistema de programar vidas competitivas, sino una escuela de vocaciones, donde  se  descubran las habilidades naturales del niño. La familia dejará de ser el núcleo de organización social y la pareja ya no será un ideal de vida con un contrato que te aprisiona. El reír será la forma de comportarse y el humor inundará todos los ámbitos de la existencia,...

Parece una utopía, pero puede ser la realidad.  Futuro empieza con f, como femenino- puede ser una buena pista-y el futuro no está por llegar, es ¡ya!  

El comienzo de un nuevo curso puede ser buen momento para considerar que desde el punto de vista cuántico, todas las posibilidades son contempladas, y somos nosotros los que hacemos que la realidad sea de una manera o de otra.  No olviden que Julio Verne fue tachado de fantasioso cuando escribió “De la Tierra a la Luna”…

 

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