Inspiración de Otoño (Octubre-03)

"Cuando llegue el otoño, no te lamentes por la caída de las hojas.

Percibe el eco de tus pisadas de la alfombra del árbol.

Que no te invada la nostalgia por la desnudez de las ramas.

¡¡Comienza una nueva vida!!

El asalto hacia la recuperación y creación de la esencia se ha iniciado".

Estamos en Otoño. Septiembre con sus últimos calores diurnos y sus noches frescas de rocío, parece lánguido, como si no tuviera prisa, como si quisiera retener entre las primeras hojas que se dejan caer, recuerdos de lo vivido. Las hojas también tienen sus recuerdos. ¿Recuerdos de primavera cuando aún eran una insinuación del verde? ¿Recuerdos del implacable verano cuando fueron sombra fresca? Quién sabe. Están demasiado ausentes, demasiado ensimismadas, demasiado ocupadas en su danza. Ellas tampoco parecen tener prisa. Danzan su viaje hasta la tierra , ajenas a su caída, como si supieran que su verdadero sentido está en esa danza, en ese arrebol suspendido, en donde no hay inicio y tampoco hay fin.

El Otoño está mal visto en nuestra ¿cultura? Se asocia al fin del verano. Y, ¿qué tiene el verano que tanto gusta? Pues que es la estación que ostenta el cartel de "vacaciones", ese momento de "exorcismo ambiental" en el que el mundo "libre" se ¿libera? de sus tensiones-compulsiones y luce un bronceado de playa, signo de bien estar y poder adquisitivo. Hasta en esto, nuestra cultura es racista y el bronceado de "protección solar" es el güay, mientras que el moreno de "campo" no luce igual, no tiene el mismo palmito porque, en definitiva, se consigue trabajando: segando, labrando, cosechando; y ésas son actividades inferiores. Después se va perdiendo tan radiante aspecto para dar paso a ese grisáceo-verdoso, propio de las urbes, de "ocupado", "preocupado", "stresado", que dan en el fondo ese aire tan "interesante" de primer mundo. Y cuando ya estamos a punto de naufragar en la ciénaga del morbo existencial, de nuevo llegan las tan merecidas vacaciones.

Nuestro querido otoño tiene esa mala suerte: La de llegar después de las vacaciones. Y él, que suena a retoño, ha sido interpretado como "fin".

Fuera de nuestro contexto de "progreso y desarrollo", el otoño ha tenido unas connotaciones bien distintas que queremos exponer.

En la tradición de oriente, el otoño se corresponde con el oeste y encontramos lo siguiente en la filosofía taoísta :

Dentro de la filosofía taoísta , Xi Wangmu es la Reina Madre del Oeste, diosa de la inmortalidad , símbolo del Yin supremo y de la feminidad. De gran belleza, reina en lo alto de la montaña Kunlun -paraíso poblado de mujeres inmortales- y vela en sus huertos por los melocotones de la inmortalidad.

Sabemos que Kunlun se corresponde con un resonador de energía que, en occidente, se ha dado en llamar 60V y cuyo nombre alkímico es: "Montaña del valle de Lun". Es un resonador alkímico por excelencia.

Además de ser la Reina Madre del Oeste y cumplir la función de la reina de la inmortalidad , es la diosa de las epidemias. Reside al oeste del mundo y acaudilla a los demonios de la peste , tiene el poder de proteger de las epidemias.

Así se la describe en textos taoístas:

"En el inicio de los tiempos, los alientos energéticos del Dao se coagularon y generaron, en un primer estadio, al Duque de la Madera. Él, representaba el soplo vital de la suprema perfección de la flor del este -era llamado el Emperador Soberano de la Flor del Este- y engendró el aliento armonioso yang. A continuación, los alientos del Dao se transformaron en la Madre del Metal, soplo vital de las supremas maravillas de la flor del oeste. Estos dos alientos vitales son los que engendran y nutren el cielo y la tierra , así como engendran y nutren a los diez mil seres".

La madre del metal es la madre del oeste que vela por todos los inmortales de ambos sexos. Y es la intermediaria entre el mundo de los inmortales y el de los humanos. Los textos sagrados transmitidos por la divinidad pasan por las manos de la Reina Madre del Oeste.

A partir de las seis dinastías, la Reina Madre del Oeste se fue asociando cada vez más estrechamente a las mujeres. En "Los anales de la ciudad de Yong", Du Guangting dice explícitamente que la Reina Madre del Oeste es el ancestro primordial de las mujeres inmortales.

No es de extrañar que los taoístas escogieran como divinidad suprema a una madre, dado el carácter fundamental de lo nutritivo en China. El mismo Lao Tse lo expresó así en el Tao Te King:

"Sin nombre es el principio del cielo y la tierra.

Con nombre es la madre de todas las cosas".

El otoño parece que es el tiempo en el que todo se cae... en el que todo parece mortecino. "Ha llegado el otoño de tu vida -dice la cultura-, ¿no te ves ya viejo?, ¿no te ves ya calvo? o ¿no te ves ya gordo? o ¿no te ves ya delgado?...". Cualquier insulto puede ser válido en el otoño de la vida.

En ese otoño maduro, cuando ya parece que todo decae, cuando ya parece que todo termina, cuando ya parece que hay que ir al notario para hacer el testamento... ¡Alerta!, hombre de fe; ¡alerta!, hombre de amor; ¡alerta!, ánima viva... no te dejes embaucar por la cultura , no te dejes embaucar por las leyes y las costumbres...

Es el momento más precioso de tu existencia, porque es, en ese otoño, cuando puedes volver a ser indiferente, cuando puedes volver a ser condescendiente, cuando puedes volver a contemplar los recuerdos y hacerlos vivos aquí y ahora.

El tiempo es un impostor, de poderes... el tiempo lo inventó aquel hombre que usurpó el espacio del otro, y lo hizo temporal, y lo hizo perecedero, no imperecedero. El humano es imperecedero.

Y cuando llega ese tiempo otoñal en el que el cuerpo avisa de sus bisagras, el cuerpo avisa de sus cansancios, el cuerpo avisa de que hay que ir más despacio, que hay que ir más lento... ¡No se dejen de engañar! ¡Están a punto de transmutar! ¿No ven? ¡Mirénlo! Estamos viviendo la transmutación del ánima del amor, y eso hay que llevarlo al cuerpo, a esta cárcel que, entre barrotes, ES ORACIÓN.

¡Entre barrotes es oración! Si me quedo prendado en los barrotes, no sé ver el espacio vacuo que hay entre barrote y barrote, y eso es elemento de liberación; eso es lo que me hace posible, no solamente salir de mi cuerpo y volver a ser consciencia de Eterno, como habitáculo que estoy aquí en esta tierra, sino que me hace hacer presente todo lo que viví antes y lo que me queda por vivir, más allá de mi cuerpo, más allá de mi forma y que soy consciente de ello. Estoy en ese momento, al borde de convertir el pasado en presente, el futuro en presente, y hacer del tiempo un instante. Con lo cual, deja de existir como tiempo.

Y en ese momento, cuando todo parece caduco y caído, estoy a punto de convertirme de nuevo en agua de vida, para volver a empezar otro ciclo, que ya no será igual que el de antes. Daré un salto en espiral para ir hacia la continuidad de una vivencia de amor de eternidad.

Quien realmente puede fabricar el futuro es aquél que está en su tiempo otoñal, porque tiene los suficientes recursos del pasado para convertir ese pasado, transformar el presente y proyectar una nueva eternidad.

Ése es el momento clave del amor del ser, el momento en que llega a ese tiempo del otoño, ese tiempo del recuerdo. Porque ahí es cuando puede borrar el tiempo, antes no pudo hacerlo.

Ésa es la característica básica del amor del alma en ese reino: la opción , la posibilidad de borrar el tiempo; la opción y la posibilidad de traer al presente ese pasado; la opción y la posibilidad de fabricar ese futuro. Pero tiene que estar muy alerta, porque en esta cultura o sociedad, evidentemente, el velo de la existencia lo han centrado en la juventud , a la que los poetas se prestaron a decir que era un "divino tesoro". ¡Ah!, ¿y no es también un divino tesoro el tiempo del otoño?, ¿sólo es divino tesoro el tiempo de juventud? ¡Ay! ¡Qué trampa más cruel!

Y fíjense cómo la humanidad , en obcecada perversión, ha convertido al ser en un prototipo que, realmente, de vida sólo tiene la juventud. El resto no sirve. En nuestra cultura así pasa en todos los lugares. "Ya has dejado de ser joven, eres maduro y ya después eres ya caduco; estás en tu otoño de la vida , ya no sirves para trabajar, ya no sirves para producir". Es justamente el instante en el que el ser es más productivo en el amor. ¡Eso no lo olviden nunca!, porque están siendo educados para todo lo contrario, están siendo educados generación tras generación para que vivan el amor solamente en una época.

Y todas las épocas tienen su estigma, por supuesto que sí, pero la época que, precisamente, sabe valorar intemporalmente la experiencia de amor, es la época del otoño de la vida : ¡Ésa es la época más fecunda! Y prueba de ello lo tiene el principio femenino. En esa etapa otoñal, cuando esa mujer entra en el tiempo ya no fecundador llamado climatérico -considerado hoy como una enfermedad- es cuando, en realidad, se empieza a enamorar. Antes, amores varios habrá tenido, y sentimientos de afectos habrá vivido, sin duda; y habrá procreado -en demasía incluso, o en carestía, da igual-, pero cuando realmente vemos que, en verdad, el amor fecundo, imperecedero, se gesta, es -en el femenino- justo en la etapa de su climaterio, justo en la etapa de su otoño.

Y el varón ha de alertarse ante ello: "¡ah!, ahí tengo una referencia, como siempre la tuve. Porque si me puedo definir como varón es gracias a que existe una hembra. Por mí mismo no tengo las características necesarias, pero ella sí".

Sí, la humanidad como femenino, como humanidad, en su otoño, es cuando puede borrar la barrera del tiempo, es cuando en verdad se conoce en la verdadera dimensión del AMAR.

Por eso, a los jóvenes, a los más jóvenes que aún andan en hazañas amorosas de las más varias, bien les vendría preguntar a los otoñales "¿cómo es el amor?, ¿me lo quieres explicar?". A lo mejor el otoñal les dice: "Es como una pluma suave, que cae ligeramente en una tarde de otoño, pero que nunca llega a tocar el suelo".

Vive así tu amor, aunque en juventud andes, no olvides que todo simultáneamente se da. No aguardes a que el tiempo encanezca tu pelo, no aguardes a que tu piel se arrugue, para empezar a ejercer como tal... empieza ya a materializarte en el amor, ahora que tienes tiempo. No te dejes engañar en el culto que hacen de ti como un becerro, porque eres joven, eso pasará, quedarás anclado en una progenie que ni siquiera quieres en verdad y que termina, incluso, estorbando y molestando, sobre todo cuando empiezan a crecer devorando. No... no, atente, atente al consejo de aquél, que aún no es anciano, que es otoñal, y que si sabe estar en su otoño fecundo de amor, se volverá también inmortal. Porque de ahí se convertirá en otra agua de vida, ya no importarán las canas, ni la piel curtida o arrugada o deteriorada, ya no importará si los pechos están caídos o subidos, ¡no!, seguirá siendo un aroma de amor el que tengo enfrente -hombre o mujer se trate-; seguirá siendo un aroma de amor esa idea fecunda, que pensé alguna vez, de aquel arte, de aquella acción o de aquella obra.

Sí, en ese tiempo de amor en donde el recuerdo se hace presente y futuro a la vez , está la clave de , realmente, enamorarse del amor. Hasta entonces no era posible.

¡Esténse alerta!

Nuestro otoño ha venido y sí sabemos cómo ha sido,

Nuestro otoño ha llegado y nuestros cabellos ha blanqueado.

Nuestro otoño ha venido y el tiempo se ha extinguido.

Nuestro otoño ha llegado y de amor nos ha inundado.

Y la puerta de la inmortalidad , abierta ha quedado.

 

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