La Salud (Enero-05)

              Hoy nos inspiramos en la “SALUD”

Nos parece un buen comienzo para este año. ¡Salud! es una forma de saludo.

Por ello, que mejor que empezar saludándonos y si además el hecho del saludo implica una cierta salud pues ¡fantástico!

Lo que no es tan fantástico es el constatar que salud lo que se dice salud, hay poca y por el contrario más abunda la enfermedad.

¿Será que no nos saludamos bien?

¡Hola! ¿Qué tal? ¿Cómo estás? ¡Qué gusto de verte! etc, son expresiones normales, o lo eran, de saludarse. Ahora, o se obvia y en su lugar aparece un gesto ceñudo o se balbucea algún “gruñido”, quizás resto   de nuestros antepasados cromagnonenses.

 

¿Y cuando empezó la enfermedad? ¿Es natural de la vida del hombre?

Poco aún se sabe de las enfermedades y menos de cómo solucionarlas. El 95% de la población mundial padece o han padecido alguna enfermedad.

 

En nuestra cultura patriarcal de guerra, la enfermedad es un enemigo más y pasa a englobar la lista de enemigos a los que hay que combatir: La lucha contra el cáncer, la lucha contra el  sida, las campañas  contra la gripe…

El caso es que la enfermedad vaga por nuestras vidas como si de un fantasma se tratara. ¿Desde cuando? Pues según la ideosincrasia judeo-cristiana, de la que las mujeres hemos sido victimas, el pecado de Eva trajo toda suerte de desventuras y entre ellas la enfermedad. Lo cual no es cierto porque cuando leemos la Biblia constatamos que en los tiempos de los grandes patriarcas antidiluvianos: Set, Enos, Quenán, Mahalalel, Yered, Henoc, Matusalem y Lamek, a parte de vivir muchísimos años- 777 Lamek, el que menos, y 969 Matusalem, el que más-   no aparece ninguna enfermedad, ni se relata que alguna fuera la causa de la muerte de estos personajes.  Algo ocurrió con posterioridad que provocó la aparición de la enfermedad:

 

El hombre fue perdiendo su relación con lo celeste. Dejó de considerar que dependía de otras fuerzas ajenas a él y se hizo protagonista principal de la historia de la humanidad.

Posteriormente, el hombre pierde la relación con lo terrestre, de considerar a la tierra como madre-tierra, pasa a explotarla. Esto hace que comience a alimentarse de manera inadecuada y que empiece a relacionarse mal con las energías externas: frío, calor, viento… y comenzaron a dañarle. Pero cuando realmente aparece la enfermedad es cuando el hombre pierde la relación adecuada con los otros hombres, es decir de solidaridad, de clan, en pro de una defensa del territorio y de la propiedad privada. Todo ello transcurre paralelamente a las sociedades patriarcales, agrícolas y sedentarias. La guerra había comenzado.

 Para entonces, mama Eva ya hacía muchos, muchos tiempos que había desaparecido del planeta.

Ahora que leemos la Biblia y otras muchas cosas y no por ello somos pecadoras, nos hemos dado cuenta de que nos colgaron el muerto de la enfermedad a las mujeres. Así que todas las enfermedades se transmitirían por línea materna, pues de Eva vienen.

¡Ah, pues no!

 No es que discutamos teorías o teologías, simplemente es que desde la inspiración femenina no estamos en la disposición de aceptar esa culpa, una más de entre todas las que nos han adjudicado, ¡y que aún tienen mucho peso en las mujeres!-

Más bien pensamos que las enfermedades son síntomas de un vivir inadecuado. Son formas de adaptación que tiene el ser humano para soportar determinadas circunstancias que le toca vivir. En definitiva, síntomas, avisos que nos da nuestro organismo para que cambiemos determinados aspectos de nuestras vidas. Y estos síntomas se transforman en enfermedades cuando solo queremos ver eso. Desde luego es la posición más fácil, porque si lo viéramos como “síntomas” de que algo estamos haciendo, pensando, o sintiendo inadecuadamente, nos obligaríamos a nuevos planteamientos y a cambios, a veces drásticos en nuestras vidas. Mientras le echemos la culpa a la “enfermedad” como algo externo a nosotros, no nos comprometeremos con ese proceso, ni por supuesto nos plantearemos introducir cambios.

En definitiva lo que llamamos enfermedades serían mecanismos adaptativos para desarrollar distintos tipos de salud.

Prueba de ello es que existen “enfermedades” que nos protegen de otras, como es el caso de la anemia falciforme que nos protege de la malaria. Recientemente también se ha descubierto que el gen de la hipertensión y el del envejecimiento son el mismo. ¿Quizá una hipertensión moderada y controlada nos prevenga de la vejez?

Igualmente hay enfermedades que lo son ahora, pero antes no, como es el caso de la menopausia. Es todo un proceso cultural que rinde culto a la juventud.

Toda la vida nos han dicho otras cosas en relación a la enfermedad. Como también nos dijeron que la tierra era plana y estaban equivocados. O que la tierra estaba quieta y el sol giraba en torno a ella y resultó que tampoco era cierto.

La humanidad que se ha movido durante milenios por la forma masculina de interpretar el mundo y los acontecimientos, nos ha hecho creer cosas, que afectaban profundamente a la hora de interpretar la vida y que posteriormente se ha visto que no eran ciertas.

 

Cuando vemos, en el caso del sida, que hay personas que mantienen relaciones sexuales con personas portadoras del supuesto virus y ellas no se contagian. Pensamos que el sida es un síntoma de la mala vivencia de la sexualidad. Sexualidad con violencia, búsqueda del placer, por el placer… quizá sea una alerta para que la humanidad se ejercite en otra forma de sexualidad, en la vía del amor, del respeto, de la sinceridad, de la entrega, de la ternura, de la creatividad y buscando esos aspectos espirituales que tan bien describieron pensamientos milenarios como el tantra y la alquimia taoista.

 

Otro ejemplo:

La enfermedad de las vacas locas: ¿Un aviso para que no les demos de comer lo que no deberían?

Los tumores en su crecimiento rápido e incesante: ¿Un proceso que nos estaría recordando nuestro ser inmortal?

La fibromialgia: ¿Una forma de darme cuenta de que me duele el mundo?

El alzheimer: ¿A lo mejor es una forma de olvidar cosas para recordar otras…?

Y todo esto sin olvidar el gran campo de experimentación que es el colectivo femenino. ¿Dónde se prueban los mejores fármacos del mercado?

¡En la mujer!

¿Dónde se prueban los modernos citostáticos?

 ¡En la mujer!

¿Dónde se hacen las mejores operaciones de extirpación?

¡En la mujer!

¿Y la píldora?

Bloquea los neurotrasmisores, hipotálamo, hipófisis, tiroides, paratiroides, timo.

Efectos secundarios: Alteraciones vasculares, aumento del índice de tumores, aumento de colecistopatías, alteraciones de la mitocondria. Según un reciente estudio publicado las mujeres que durante muchos años han tomado anaovulatorios presentan pequeñas alteraciones en el ADN mitocondrial. Si tenemos en  cuenta  que este ADN es el que va a dar la orden de muerte celular o apoptosis y que además se transmite a toda la descendencia ya que las mitocondrias del varón no llegan a formar parte del nuevo ser, si tenemos también en cuenta que en ellas se produce la respiración celular. Las alteraciones de las mitocondria tanto para la mujer como para la descendencia son imprevisibles. Mandémosle una bomba que bloquee todo su sistema y así tendremos la mujer perfecta: Placer-muñeca-placer.

¡Píldora inocente para sexo fácil!  Nos han vendido la píldora como una liberación, pero realmente es el varón quien se ha liberado de la responsabilidad del embarazo.

La mujer podría liberarse del fantasma de la enfermedad si comenzara a desarrollarse como proyecto de la creación. A lo mejor, al principio no puede hacer grandes cosas, pero sí comenzar a formarse, a estudiar, hacer un poco de deporte, hacer las cosas que siempre ha querido, pero que no ha podido, aprovechar los recursos sociales, y escaparse de esos modelos culturales y familiares que aún y con mucha sutileza se le siguen imponiendo y en donde se ahogan muchos de sus proyectos.

 

El estado “saludable” de la mujer empieza por la necesidad de cambiar el concepto de “enfermedad”, como “algo” que existe, externo y ajeno a mi, y empezar a considerar que son procesos adaptativos y evolutivos que nos alertan de la necesidad de introducir cambios y variables, aunque sean pequeñas, en nuestras vidas.

Pasa por dejar de pensar que siempre hay que tener alguna dolencia, sobre todo a partir de una cierta edad.

Durante milenios hemos sido el origen y causa de todos los males, la enfermedad entre otros. Sanemos a la sociedad, quitándonos este lastre, del que la cultura del varón ha hecho una jugada magistral propia del dominador: Hacer sentirse débil al dominado. Y desde luego que cuando estamos enfermos, es cuando más vulnerables nos sentimos. Si además creo unas condiciones de “vida” a las que te someto y que nada tienen que ver con el proyecto vital de una especie-en este caso la mujer- las puertas están abiertas para que  el fantasma de la enfermedad entre.

Hay un dato muy banal, pero a veces conviene recordar hasta lo más simple:

Cuando estamos a gusto, entusiasmadas, realizándonos en aquello que nos gusta nos sentimos ¡bien! y desaparecen todos esos cuadros de migrañas, insomnio, malas digestiones, tristezas etc.

Es imprescindible que comencemos a “pensar” el mundo de otra manera y no es por rechazo sexista, simplemente es porque hasta el momento todas las teorías científicas, políticas, económicas y no digamos las religiosas, se van cayendo ante nuestros ojos. Luego no eran infalibles.

Pensemos algo diferente de la naturaleza de eso que nos han dicho que es la enfermedad, porque a lo mejor en poco tiempo también esos criterios se derrumban.

Pensar en futuro y por tanto anticiparse a los acontecimientos es propio de la inspiración femenina.

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