La Trampa del Dilema Maternal (Mayo)

 

Queridos lectores, recordarán que en los últimos artículos estamos ahondando en algunas trampas que vivimos en nuestra sociedad actual, y que pretendíamos desarrollar determinados temas que nos parecían de vital importancia a tener en cuenta en nuestro día a día, para estar alertas y buscar dar respuestas diferentes, para, así, no llevarnos la sorpresa de encontrarnos presas como ratas de laboratorio.

 

Y una de esas trampas creemos que es el dilema maternal.

 

En este caso podríamos parafrasear la famosa frase y preguntarnos: “¿Ser o no ser madre?”…, o: “¿Ejercitar o no ejercitar la función de madre?”. O también podría ser: “¿Ejercer o no ejercer mi labor?”.  “¡He aquí mi dilema!”.

 

Un dilema aparece cuando uno tiene una duda, cuando uno se encuentra ante una disyuntiva. En este caso específico, sobre si ejercer o no el papel maternal, u optar por cumplir con una función laboral.

 

El dilemahace con que uno tenga cierta confusión en sus sentimientos. Algunas veces es exteriorizado y compartido; otras, guardado y escondido. Expresado o no, lo cierto es que está ahí. Y hace que este ser viva en un estado de ánimo que depende de este dilema. Mientras vive en esta duda no está del todo bien.

 

Cabría preguntarse por qué existe, hoy por hoy, este dilema maternal. Ya que, antiguamente -no tan lejano en el tiempo-, las mujeres no se planteaban si deberían ser madres o no. Al ser madres, tampoco se preguntaban si deberían dedicar más tiempo a la crianza de los niños o no. Ocurría, digamos, de manera natural. Esta era la función de la mujer, y ya está. Seguramente algunas mujeres se frustraban y sufrían por esta posición social, pero la gran mayoría de las mujeres -creemos- lo vivían como algo normal y natural, sin cuestionarse al respecto.

 

Lejos de querer decir si esta situación era mejor o peor -no es nuestra intención entrar en críticas-, queremos evidenciar que este dilema maternal no existía, o existía para muy pocas mujeres. No era, entonces, un motivo de sufrimiento, estrés y enfermedad en la mujer.

 

Pero a partir de la revolución industrial -momento en que las mujeres salieron de su única y exclusiva función de ser amas de casa y madres, y empezaron con una doble jornada- se iniciaron los “problemas”. Porque, de repente, la mujer se encontró en un mundo con unas normas y criterios que no son los suyos, son los de una sociedad que ella no ha creado. En definitiva, en un mundo patriarcal que no da apertura para una expresión maternal femenina.

 

Siendo así, en este nuevo mundo ¿cómo encajar maternidad-labor?

 

Con todo este cambio profundo en la vida de la mujer, esta buscó adaptarse y seguir con las dos tareas, no cuestionándose cómo asociar la crianza con su trabajo.

 

Sin embargo, actualmente, este dilema se está haciendo presente en la mayoría de las sociedades. Quizá, ahora, la mujer se está dando cuenta de que no puede con todo, de que no es una super-woman, de que no puede hacerse responsable de todo y de todos. Y es más, está empezando a tomar consciencia de que seguir así está dañando su salud mental, física y emocional.

 

Por eso, creemos que el dilema maternal es una alertaque la mujer moderna está teniendo. Una alerta que le avisa de que como las cosas sigan así, ella  va a terminar desquiciada y agotada.

Tanto es así que muchas mujeres profesionales transmiten la sensación de estar donde no tienen que estar. Y así, se culpabilizan por no cumplir de manera perfecta con todos los mandatos, por no ser buenas madres, por no estar tan pendientes de los hijos, por no tener tiempo para su desarrollo profesional, etc.

 

La resultante de todo esto es que en España, por ejemplo, la maternidad se ha ido retrasando hasta los 30-33 años, en cifras de 2010, cuando en 1990 era de 26-28, y ya significaba un retroceso notable respecto a décadas anteriores. Con este cuadro, la maternidad empieza a preocupar a los gobiernos, que han empezado a tomar medidas de protección gubernamentales a favor de la maternidad. En definitiva, se convierte en una trampa más, movida por intereses económicos y sociales. 

 

Muchas mujeres no quieren verse en la obligación de tener que elegir. Pero lo cierto es que muchas se ven entre la espada y la pared, por el miedo a perder su posición en su trabajo, o a perder su trabajo, o a no ser buena madre, queriendo compatibilizar vida personal y profesional sin tener que renunciar a una de las dos.

 

Ante esa trampa, que ahí está y que no vamos a cambiar de un día para el otro, nos preguntamos: ¿Qué actitudes y respuestas sanadoras podemos tomar para que esto no sea un motivo de duda y consecuente sufrimiento y enfermedad?

Desde Inspiración Femenina creemos que es importante tener algunos elementos en consideración para liberarse poco a poco de esta trampa, sin la intención de cambiar el modelo que tenemos, ni mucho menos de nadar en contra de la corriente.

 

Uno de estos elementos -que ya hemos rescatado en otras ocasiones- es que la mujer descubra cuáles son las funciones que le gustan. Que no busque una función solo por mantener una posición en su trabajo o en la sociedad. Sabemos que no es tarea fácil. Pero si ella busca realizarse en su función, eso facilitará que, por lo menos, uno de los elementos que puede causar tanto dilema esté sanado. Cuando una mujer hace algo que le hace sentir plena, el trabajo -al que preferimos llamar “labor”- pesa menos y conlleva un disfrute que facilita una parte del problema.

 

Sabemos que no siempre se puede llegar a hacer solamente lo que a una le haga ilusión, porque hay que conseguir el pan nuestro de cada día. Y en este sentido, la sociedad no colabora mucho, ya que hay que producir, mantener la familia, etc. Pero si esta mujer que trabaja -aunque no le guste su trabajo-, dedica un momento de su día a hacer lo que realmente le motiva, su ánima y su entusiasmo serán adecuados y todo lo demás se hará más fácil.

 

Otro factor que no podemos dejar de lado... es que la duda muchas veces está porque hay un sentimiento de culpa. La culpa siempre está presente en la mujer, pero cuando hablamos de temas tan instintivos y entrañables como es el caso de la maternidad, lleva un peso mucho más grande.

 

Para ir sanando poco a poco esta culpa que sentimos con tanta facilidad es importante que la mujer identifique cuáles de sus actitudes están basadas en la culpa, y buscar no hacerlas. Y en caso de que las haga, saber que lo está haciendo por la culpa que siente. El hecho de ser consciente ya puede ser un elemento sanador.

 

Otro elemento que las mujeres del mundo actual deben rescatar es entregarse en lo que están haciendo en cada momento. O sea, si estoy en el trabajo es en eso que estoy, no estoy con la cabeza en otra cosa; y si estoy con los hijos, estoy plenamente entregada a ellos. Porque muchas veces no es una cuestión del tiempo que se dedica a algo, sino que es una cuestión de entrega, de intensidad. Es decir, de calidad. Una puede estar solamente durante la cena con sus hijos, pero si está totalmente en eso, los niños lo perciben y están agradecidos.

 

Lo que pasa es que hacemos tantas cosas a la vez, que, en realidad, no nos dedicamos por entero a ninguna. Debemos recuperar la entrega en lo que hacemos.

 

Sin embargo, creemos que lo más importante es rescatar el papel maternal que hemos perdido a lo largo de nuestra historia por cuestiones políticas, sociales, económicas, etc. Una maternidad que va más allá de la crianza, y que se expresa en todo el acontecer humano, incluso en la crianza.

 

Creemos que ser… maternal… es entrar en un estado de consciencia mucho más allá de un acontecer físico y reproductor, que nos permite generarnos, recrearnos como seres del universo. Gracias a este vínculo maternal hay una conexión que permite mantener la expresión de la vida. Ese estado de consciencia maternal está en todo: en la naturaleza y también en los humanos -varones y mujeres-.

 

Es preciso recuperar esa consciencia maternal, porque nos permitirá vivir la verdadera maternidad como un amor amplificado en todo y para todos, y, de esa manera, restablecer un estado saludable y saltarnos libremente esa trampa del dilema maternal.

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