Labores (Junio-03)

La palabra "labor" es latina: "Labor-Laboris" y significa 'fatiga", "trabajo", "tarea".

La semántica del vocablo fue amplia en los primeros siglos: Se refiere a cualquier clase de trabajo u obra, tanto en lo material como en lo espiritual. A finales de la edad media, el término empezó a usarse referido a tareas agrícolas o en los ejecutados en telas.

El vocablo ha sido siempre femenino, salvo algunos textos arcaicos de Burgos y León.

Aún podemos recordar en España la escena de nuestras abuelas Haciendo las labores a la puerta de la casa. Raro era verlas solas y, si lo estaban, enseguida se llegaba alguna o algunas vecinas. Incluso era costumbre quedar en tal o cual casa para sentarse hacer las labores. Sin duda han sido "las labores" una actividad que congregaba a un colectivo, en este caso, a las mujeres.

Esos encuentros no eran eventuales o casuales, constituían una forma de convivencia y sobre todo de comunicación. Durante ese tiempo se Hablaba de todo:

Cómo Engracia preparaba ésta o aquella comida, de cómo Rosario Hacía con su niño para bajarle la fiebre mientras venía Don Ricardo, el médico, que había ido a atender a otro pueblo. En fin, consejos para las más jóvenes y aprendizajes para todas eran el entramado entre puntada y puntada. Y por supuesto, de las más primorosas, ¡aprender!

Constituía, sin duda, un momento de "complicidad".

Curiosa

Curiosa escuela ésta, de tardes al sol, cuando corrían los días buenos de febrero, que quiere despedir ya al largo invierno y que, con su Buena luz, aliviaba a los ojos de la luz del candil de Noviembre. De sombra de parra frondosa, fresca, de Agosto. Y en cualquier época, con olores a jara, tomillo o hierbabuena.

España por supuesto no ha sido el único lugar. Y pudiéramos decir que con sus características propias del entorno, esta escuela ha estado en todo lugar donde ha habido mujeres. Por lo cual, pudiéramos decir que ha constituido una "universidad", peculiar,sin duda.

¿Cuándo empezó la mujer a tejer, a hilar? Pudiéramos decir que en todas las agrupaciones humanas, nómadas o sedentarias la "tejeduría” en sus múltiples variedades ha acompañado a la mujer. Pareciera que fuera fruto, más allá de la necesidad de tejer ropa de abrigo para los miembros del klan, de un recuerdo muy ancestral.

Nosotras así lo creemos. Esto nos lleva lejos en nuestra pequeña investigación, hasta la mitocondria celular y hasta el carácter profundo que en muchas culturas ancestrales tiene la tejeduría y el hilo:

Según el Zohar, el texto cabalístico por excelencia, el hilo es uno de los símbolos más antiguos como el cabello. El hilo simboliza la conexión esencial en cualquiera de los planos espiritual, biológico, social, etc.

El símbolo del hilo es esencialmente el del agente que liga entre ellos y a su principio todos los estados de existencia. Este simbolismo se expresa sobre todo en los Upanishads (textos sagrados hindúes), donde el hilo se dice que religa este mundo y el otro mundo y a todos los seres. El hilo es ala vez el Atma (el Si) y prana (el aliento).

Esto evoca el simbolismo del hilo del Ariadna que es el agente de la vinculación al centro del laberinto y que conduce del mundo de las tinieblas al de la luz.

En el plano cósmico hay que distinguir el hilo de la urdimbre y el hilo de la trama: La urdimbre liga entre ellos los mundos y los estados; la trama representa el desarrollo condicionado y temporal de cada uno de ellos. El conjunto de este tejido se designa como los cabellos de Shiva (deidad hindú). El desarrollo exclusivo del hilo de la trama está simbolizado por las Parcas (diosas griegas) que hilan el tiempo y el destino.

Siguiendo con la idea del aliento, en el ámbito taoista, está asociado al vaivén de la lanzadera sobre el telar. Estado de vida, de expansión y reabsorción de la manifestación.

 

El tejido acabado de día y desecho -por la noche (mito de Penélope) se utiliza en el Rig Veda (texto sagrado hindú) para simbolizar una vez más el ritmo vital, la alternancia indefinida de la respiración, como la que ocurre entre el día y la noche.

Diversas iniciaciones femeninas, especialmente en China, comportaban una tejeduría ritual asociada a la reclusión, a la noche, al invierno. Participar en la tejeduría cósmica es, en verdad, peligroso y por ello el rito necesitaba del secreto. Por otra parte los trabajos diurnos y veraniegos son los agrícolas, trabajos de carácter masculino.

El encuentro celeste de la Tejedora y el Boyero (constelaciones) es el equinoccio, el equilibrio y la unión del yin y del yang.

Urdimbre y trama son respectivamente lo que la India denomina "shuti" y "smiriti", los frutos de la facultad intuitiva y de la facultad discursiva.

En el caso del tantra, el tejido puede ser la interdependencia de las cosas, de las causas y los efectos. Pero el hilo tántrico es también el de la continuidad tradicional, hilo de Ariadna en el laberinto de la búsqueda espiritual, vinculación al Principio de todas las cosas.

En la cuenca mediterránea y, especialmente, en el norte de África, hilar y tejer son para la mujer lo que labrar para el hombre: Asociarse a la obra creadora.

La tejeduría se equipara a la labor: Acto de creación del que salen, fijos en la lana, los símbolos de la fecundidad y la representación de los campos cultivados.

El enhebrado de la aguja es simbolismo del paso por la puerta solar, es decir, de la salida del cosmos. El hilo aparece aquí como el lazo entre los diferentes niveles cósmicos (la profundidad, la tierra, lo celeste) y psicológicos (inconsciente, consciente, subconsciente).

Por otra parte la palabra mitocondria viene del griego "mitos", que significa hilo y de "xoudros", que significa pequeño cuerpo duro y redondo, grano de arena, grano de sal, grano de incienso, grano de trigo, cualquier cereal

Siendo que, en la reproducción celular es la mitocondria del óvulo la que se trasmite, vemos cómo lo femenino está ligado a estos conceptos que simbólicamente las sabidurías antiguas relacionaron con el hilo. Hilo que forma parte de la palabra mitocondria. La creación hila bien las cosas, ¿verdad?

Y son conceptos que expresan la unión de los diferentes mundos con la creación, la unión de diferentes estados de conciencia, los ritmos vitales de expansión y contracción, el tiempo, el destino. En definitiva, la vida.

De ahí que dijéramos al principio que tal vez hubiera habido en ese inconsciente colectivo femenino un recuerdo que la haya llevado a la necesidad de expresarse a través del arte de las labores, como expresión de estos conceptos de la Creación a la que está íntimamente unida por ser el vehículo de la vida. Tenía que ser haciendo "arte" pues la Creación es el Arte Supremo.

Con el paso del tiempo llegaron "otras labores" unidas al desarrollo productivo de renta "per capita" que ha llevado la humanidad y ya no hay tiempo ni para dar una puntada.

No queremos invitaros a que os quedéis ahora en casa haciendo bolillos. No. Pero tampoco sería descabellado plantearse retomar ciertas labores, que en el caso de nuestro país se pierden, como es el caso mencionado de los bolillos. Las hay más sencillas, desde luego, y pueden darnos paso a abrir "un tiempo" dentro del "no hay tiempo" en el que vivimos. Se nos ha acelerado nuestro ritmo biológico, lo cual ha colaborado sin duda al deterioro de nuestra salud, cuando sabemos que lo femenino necesita tiempo como el puchero a la lumbre. Es cuestión a veces de plantearnos otras necesidades y darles curso.

Pero ésta no era la reflexión que os queríamos plantear. Lo anterior queda como sugerencia.

Lo que nos planteamos es que hoy día se ha perdido esta escuela. Y con ello lo más importante, se ha perdido la complicidad de lo femenino. Quizá esa complicidad constituyera una clave de permanencia. Si los miembros de un Klan no se ayudan, no se confabulan, no se inspiran unos en otros, difícilmente van a sobrevivir.

Esa complicidad tenía un matiz especial No era una complicidad de carácter humano, entre humanos, esa complicidad era con el Principio, de quienes se saben designadas por un destino común: Dar continuidad a la vida y al arte. Que, en definitiva, son lo mismo.

No ha sido de golpe, pero la mujer poco a poco fue sustituyendo esa complicidad por una competencia y sembró el espacio idóneo para que creciera la "competitividad", propia del mundo de "prét a porter", de "usar y tirar".

Y hay otro aspecto que consideramos esencial: Era un tiempo de "comunicación" y por tanto sanador. Un ser vivo, como es un colectivo, necesita de la comunicación entre sus miembros y al exterior para sobrevivir. Las mujeres han dejado de compartir de verdad sus preocupaciones, sus ideas, sus proyectos con las demás mujeres, se temen, no se tienen confianza y todo ello por ese sentido de competitividad entre nosotras mismas, que no es propio de lo femenino. Lo femenino es "confabulación", como lo es la vida misma.

 

Sentimos que en todo ello hay muchos elementos de reflexión propia y de especie. Tal vez descubramos aspectos interesantes que nos lleven a ver cómo la mujer ha dejado de ser cómplice de la vida, y por ello esta humanidad sea ahora la mejor aliada de la muerte.

Vayamos "desenredando algunos enredos" y

vayamos poco a poco "tejiendo" de nuevo

la vida.

 

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