Las Colombianas y el Amor (Marzo-05)

Hoy cedemos nuestro espacio a la inspiración de una de nuestras lectoras:

LAS COLOMBIANAS Y EL AMOR...[1]

Como tema de investigación, queremos compartir con las mujeres Colombianas y con todas las mujeres, los descubrimientos, experiencias y sentires en relación a un tema tan sutil, tan incomprensible, tan misterioso como es el Amor y con la esperanza que pueda ser una vía de sanación.

La mujer colombiana con su exuberante belleza, se ha visto atrapada por una fuerte y evidente competitividad como expresión de su amor, una expresión más de violencia. Una competitividad generada por el varón, que ha hecho casi imposible las relaciones entre su mismo género, como también con el género masculino.

Esas vivencias amorosas han ido dificultando la comunicación, la relación solidaria y la unión, base fundamental de una auténtica expresión de amor en cualquier comunidad donde se albergan la pareja, la familia, la unión libre, la amistad etc.

Buscando información para comprender y encontrar una respuesta sanadora que nos abriera una vía, recurrimos en un principio a la historia de la mujer colombiana, para descubrir acontecimientos que nos hablaran de cómo eran esas relaciones amorosas antes de la llegada de los españoles, de cómo eran esas relaciones amorosas con la llegada de la mujer africana, el supuesto desenlace de la unión de esas tres culturas y su influencia en la mujer de hoy.  

Un poco de historia.

Si nos remetimos a la historia de ese primer encuentro entre conquistadores y conquistados, en esa tierra que ahora llamamos Colombia, resulta que fue de forma violenta.  En ese primer contacto podríamos destacar aspectos que hicieron de ese primer mestizaje una violación colectiva de las mujeres indígenas, un sometimiento con el arribo de las mujeres españolas y una esclavización con la forzosa llegada de las mujeres negras africanas.  Eran apenas ejemplos de un proceso que convirtió a los Colombianos, en un país que justamente se ha destacado por la magnitud de su mestizaje, en involuntarios y legítimos herederos del violador y su victima.

¿Como eran esas indígenas antes de la llegada de los españoles?

 En la América antes del descubrimiento, existía una particular visión de la vida que era compartida por todo el continente. Que aunque mostraba diferentes enfoques entre las culturas del norte, del centro y del sur, poseía una unidad que conformaba una verdadera cultura panamericana, basada en una forma de concebir la vida en diferentes manifestaciones espirituales y materiales.

La observación del medio permitió a la comunidad indígena aceptar la diferencia sustancial del hombre y de la mujer como categorías complementarias pero diferentes, donde ellos llevaban el peso de las actividades físicas más fuertes como la caza y la defensa, desarrollaban la inventiva de instrumentos y a cada acontecimiento le daban un sentido trascendente. Ellas en cambio, hacían posible la unificación del grupo, germen primario de convivencia, mediante el atractivo sexual y cuidado de su belleza, al mismo tiempo eran custodias de los hijos que permitía la continuidad.  También se hacían cargo del mantenimiento del fuego, la recolección de fuentes alimenticias, la confección de vestidos y, en ocasiones de gran importancia, proporcionaban el consejo intuitivo que posibilitaba la permanencia.  La sociedad era matriarcal y la sabiduría de la mujer, conservadora del medio, organizadora e innovadora, llevaba las riendas de las sociedades primarias. No existía el complejo de imperfección, de inferioridad o de impureza que existía en el occidente del siglo XVI, donde “la mujer había motivado la pérdida del paraíso y el surgimiento del trabajo como un castigo celeste”.

En Colombia, existió una importante cultura femenina extendida desde la Sierra Nevada de Santa Marta hasta la frontera con Venezuela y la costa caribeña: “La comunidad Chibcha”. Que fiel a su orientación de cultura femenina, practicaron el matrimonio exogámico (uniones entre personas de distinta tribu) donde la filiación de los hijos era por la línea materna. En sus costumbres tenían gran cuidadode su cuerpo, cuidado de sus prendas de vestir para mantenerse atractivas y la libertad y el gusto para elegir una unión sexual con sus hombres. Se decía que eran las más hermosas y amorosas. En cuanto a  su organización política y social estaba matizada por la estructura femenina, al igual tenían un sentido profundo religioso de la vida, un respeto permanente por la naturaleza y por el hombre, una solidaridad social, un desinterés por la acumulación de riquezas y una tendencia al bien común.

 En sus relaciones amorosas, esta comunidades indígenas comprendía que si un joven, ya hombre, había puesto sus ojos en una joven, casi mujer, y la cortejaba desde su intimidad, lo hacía en un lenguaje inocente – amoroso. ella le respondía con una actitud de coquetería, muy diferente a la coquetería actual, pero su andar insinuante, su mirada penetrante, que parecía traspasar la penumbra, hacían que vibrara en él ese sentimiento de atracción amorosa, que eran acompañados también, por los toques furtivos al pasar, por los comentarios risueños de las mujeres mayores, que expresaban el grado de aceptación o no.

La mujer indígena, en muchas ocasiones, tomaba la iniciativa, sobre todo cuando los adolescentes de una misma comunidad o de otras comunidades se reunían con motivo de una fiesta sagrada, como los solsticios o equinoccios, y ella deseaba ser cortejada por alguien en particular. Entonces se daba comienzo al juego amoroso, que muchas veces terminaba en un contacto íntimo entre ellos. Era necesario que ese cortejo fuera aceptado tanto por ella como por la comunidad, que lo manifestaba en señales prudentes pero transparentes.

Cuando la relación intima se producía, ella recorría el camino hacia “la chagra”, lugar donde depositaba la semilla, efectuaba el ritual de la fertilidad terrestre, al mismo tiempo indicaba al hombre el lugar de la primera unión de los cuerpos, para que la Madre Tierra recibiera el semen y los efluvios femeninos sobrantes.  Era ella quien guiaba esa primera relación amorosa desde el inicio hasta la culminación íntima de los amantes. La practica amorosa íntima de ese primer contacto sexual, acompañado de caricias, y de suaves movimientos, tenían una clara reminiscencia oriental, a tal grado que en poblaciones indígenas de la selva amazónica, una pareja que hacía el amor en un lugar de la maloca, difícilmente era detectado, debido a la sutilidad del acto, que se prolongaba toda la noche en un goce lento pero continuo.

 

El arribo de la mujer española

Se puede entender a la sociedad española del siglo XV como una dialéctica entre dos grupos de hombres y de mujeres; de opresores y de oprimidos.

La mujer peninsular del siglo XV es fruto de la rígida moral antifeminista de la época.  Ella tiene un hombre en matrimonio, pero lo comparte en el lecho con sus amantes y siervas, manteniendo una rivalidad constante, que desemboca en una lucha soterrada o abierta.  Además, la pareja se institucionaliza por presiones o conveniencias, en las que el mutuo afecto juega un papel secundario o inexistente.  Era diferente la libertad que gozaba las mujeres de la clase noble de la burguesía a comparación con las mujeres de clase inferior, aunque todas padecían la dominación de los hombres de su familia fueran padres, hermanos, maridos e incluso hijos. Por otra parte, la mayor parte de la sociedad española estaba integrada por individuos pertenecientes a tres religiones como eran la religión cristiana, la religión judía y la religión musulmana.  O sea, que religión era otra variable que diferenciaba la  situación de las mujeres,  por ejemplo las  cristianas incluso las de clases inferiores, no soportaban  la presión de sentirse oprimidas,  las judías y musulmanas sufrían, en cambio, la doble presión de ser mujeres, de pertenecer a un grupo minoritario y  estar sometidas.

 Ese modelo femenino, como complemento del masculino y cuya existencia se debía a su relación con el masculino era de  mujer, madre, esposa, hija abnegada, sacrificada, trabajadora y devota, cuya actividad se reducía al espacio privado y  al ámbito doméstico, esto es, al cuidado de la casa y a la reproducción. Al hablar de espacio domésticos no solo hablamos de la casa sino del convento que era un espacio cerrado en el que las religiosas reproducían las formas de actuación de las laicas. Las monjas y el convento eran los dos únicos lugares idóneos para las mujeres honradas. Las monjas fueron sin duda, como excepción, las mujeres que gozaron de mayor autonomía y libertad en ese tiempo.

 El arribo de las mujeres españolas con su concepto filosófico y religioso de la vida, basada en principios que se enmarcaban dentro del concepto de “impureza femenina” que partía del génesis con la Eva pecadora en el paraíso, y María como mujer virginal, casta pero sometida al varón; ese ideal burgués que preconizaba la reclusión femenina en el espacio doméstico y con la cultura patriarcal dominante, fue la base filosófica que llegó a estas tierras.

         El arribo de la mujer africana

El análisis de la presencia de la mujer africana en Colombia con la inmigración forzada hacia América es tan escaso, como el de los niños que desde los comienzos del siglo XVI llegaron en urcas y filibotes para la trata esclavista. Aunque llegaron desprovistos de sus trajes, armas y herramientas, desposeídos de sus instrumentos musicales y bienes terrenales, trajeron con ellos imágenes de sus dioses, recuerdos de los cuentos de los abuelos, ritmos de canciones y poesías.  Quizás también, memorias de linajes o de sus familias extendidas, así como representaciones icónicas (descripción de imágenes de los antiguos).

De la raza negra podemos hablar de unas memorias, sentimientos, aromas, formas estéticas, texturas, colores, armonías y otros elementos, materia prima de la génesis de nuevos sistemas culturales afro - americanos. El más importante legado africano en la diáspora es el que proviene de la familia extendida, la cual recreó principios éticos, modos de comportamiento, rasgos estructurales y nuevos lenguajes de parentesco, que le permitieron sobrevivir en el nuevo mundo. La familia extendida, ha sido base primordial de la sociedad africana, siendo como una constelación de parientes que descienden de un ancestro fundador de referenciadonde la descendencia se reclama por línea materna.

  El ciclo de unión de la familia extendida, era que si un hombre tenía una esposa e hijos, dos esposas e hijos, o muchas esposas e hijos, su familia era una familia y la mujer ocupaba un lugar trascendente para la comunidad, pues era la única figura estable y la sola referencia de filiación de los hijos. La mujer era, entonces, un elemento referencial ante el desfile sucesivo de maridos. También, la comunidad concedía al mismo tiempo un generoso patrón de hombría al varón de múltiples mujeres y descendencia numerosa, donde a mujer era la responsable de los hijos de varios maridos, que influía cada vez más hasta que su figura era dominante. Con el tiempo el protagonismo de la mujer convertida en abuela y en personaje central, dentro del conjunto familiar extenso, contrastaba con el del hombre empequeñecido “perdiendo prerrogativas y atribuciones para quedar como una figura grata y simpática, sin muchas responsabilidades y con derechos emanados más que, el del afecto de sus hijos”. Era entonces, esa mujer experimentada un tronco común que compartía fuertes relaciones de solidaridad, autoridad y ternura en la comunidad.

 Ya en Colombia, la mujer negra ha sido considerada una criatura sensual, bella y alegre con virtudes de sones, rumbas, candombes y cumbias, que trovan los negristas, inspirados en nociones de culturas primitivas como “paraísos perdidos” y de “libertad”.

En sus relaciones amorosas, “el cuagro” ( lugar, espacio intimo), es el escenario que propiciaba el acople sexual, en el cual  miembros de la mitad masculina contraen matrimonio con los de la mitad femenina.  El rapto o jaleo era el inicio para la unión, después la pareja comienza el cortejo y la seducción que luego establece su residencia en la casa de la familia del hombre. Si la mujer es virgen, los jóvenes empiezan un período de endichamiento que puede durar hasta seis meses. Si durante ese tiempo ella decide seguir la relación con ese hombre es integrada a la familia extendida, sino ella regresa a su comunidad.

Ya, la mujer negra en su papel de madre es una imagen recurrente en la poesía, canta arrullos a sus hijos vivos y a los hijos muertos, quienes la deificaban, le reconocían sabiduría.

Después, como consecuencia de esa unión entre las mujeres de esas tres culturas aparecen mulatas libres, mestizas, donde sus labores eran cuidar la casa, sembrar, cuidar el ganado y buscar oro en las arenas de los ríos, ayudar a sus amos en el cuidado de sus hijos, es decir todo lo que tuviera que ver con el trabajo doméstico. También, esta nueva mujer, tuvo un papel muy importante en las relaciones interpersonales que se expresaban en resistentes movimientos generados por el nuevo modelo impuesto, sumado a la  constante discriminación cultural, apareciendo conflictos violentos que muchas veces terminaban con la encarcelación femenina o eran entregadas a sus maridos  para ser custodiadas por él o por algunos personajes de la iglesia.  Estos conflictos eran generados por el chisme, la envidia, injurias verbales, habladurías, por el adulterio y los amancebamientos que eran considerados como delitos. Generalmente eran conflictos entre las diferentes mujeres, es decir, mestizas, negras, indígenas o españolas, como promotor el varón que imponía nuevas formas de relacionarse con él.

A esto le llamaban “desordenes morales”, “ desordenes sexuales”, pues,  había mucho interés por la conducta sexual de las mujeres que al no adaptarse ese modelo, eran perseguidas. Era todo un intento por restaurar la familia monógama por parte del dominador, que al resistirse la mujer figuraban como agresoras de su mismo sexo llamándose “rivales sexuales”. A las esclavas y en particular a las mulatas, se les veía más “aptas para la vida sexual” consideradas por el masculino débiles innatas frente al pecado,  además se les catalogaba como inestables, perezosas, lentas para aprender y de carácter fogoso. 

Tales conceptos facilitaron a elites y a hombres sustentar y mantener el control social, racial y sexual sobre las mujeres.  Hay un proverbio que describe muy bien las actitudes de la élite colonial al respecto:  “Para el trabajo una mujer negra, añadir india; para el matrimonio o el convento, una mujer blanca y para las relaciones sexuales una mulata o mestiza”.

En realidad negras, indígenas, mulatas, mestizas y blancas participaban en la construcción de una nueva sociedad, que aparentemente era trenzada, desde el principio por normas e instituciones trasladadas por los españoles. Desde esta perspectiva, aquello que era juzgado colectivamente como trasgresión a la norma, no era mas que el reflejo de una sociedad en proceso de ajuste entre sus estructuras dominantes  españolas y los comportamientos de los sectores dominados.

Aunque la mujer era considerada de naturaleza malvada, el ideal cultural que se imponía era la identificación de la mujer blanca moralmente pura con los valores de la virgen María, que entró en contraposición con la mujer de la tentación, la Eva pecadora, que eran la indígena, la negra y la mestiza.  Lo que generó una violenta competitividad entre las mujeres y una necesidad imperiosa por sobrevivir sometiéndose finalmente al varón.

  Como resultado de este encuentro histórico cultural decimos que las indígenas se encontraban en un estado de inocencia, de belleza sumado a el valor; en las criollas la devoción, la piedad  y el afán de una nueva cultura y la libertad; y en la mujer africana la fuerza, la sensualidad, la alegría.

La colombiana actual

 La mujer de hoy es considerada como mujer sensual, posesiva y competitiva en sus diversas manifestaciones, una forma más de violencia, que continua siendo el mas grave acontecimiento en la historia de las mujeres de Colombia, expresado continuamente en sus relaciones amorosas. Ahora, la violencia contra la mujer significa reconocer la imagen degradada y desvalorizada que se tiene en el contexto de la sociedad, su dependencia y falta de autonomía, que la llevan en muchas ocasiones a soportar maltratos con tal de asegurar su supervivencia y la de sus hijos.

Esta cultura basada en una sobre valoración de lo masculino y en la predominancia del poder del “patriarca” llámese patrón, jefe, autoridad o supervisor es una cultura de violación que impone sobre el cuerpo de las mujeres, rígidos controles para asegurar su posesión. Y están las que tienen dueño “ señora de”, intocable por lo tanto y las demás, las que en cierta forma están disponibles, las que son abordadas en la calle, en las oficinas, en el espacio público y privado por el que las desea, son conquistadas, tomadas a la fuerza o violadas.  

“Si, la mujer colombiana de hoy vive en la penumbra de ser esa expresión de amor como  elemento de unión. Ahora lleva un yugo sobre sus espaldas, yugo que le ha marcado una ruta en su camino, de rencores escondidos, de miserias, que se ha identificado con la violencia, con la competitividad.

  Se ha olvidado de aquel sentir de amores enternecidos, de aquella sensualidad que era un encuentro con lo Divino, de aquella devoción por lo que creía que era su destino. Ha perdido su inocencia, su frescura, se ha convertido en un cúmulo de intereses, posesiones, vanidades...

Ahora compite por el poder desde su estructura. Sí, aquel hermoso cuerpo de andares sueltos, donde las danzas eran los encuentros, ahora convertidos en vulgares bailes sin sentido. Cuerpo de amor embellecido que  lo transforma, le quita, le pone como le dicta la moda: deseos infundidos.

Sí, así vemos mujeres universitarias, intelectuales, ejecutivas y artistas sucumbidas en un infierno de inseguridades, temores, desamores que le llevan a arrastrar una cadena de violencia que en sus historias diarias se reflejan.  Sigue idolatrando a un hombre como única referencia que la lleva a olvidarse de sus ideales por muy “berraca” que sea.

Entonces, habrá que rescatar esa inocencia en su verdadero sentido, esa sensualidad como virtud que nos hace bellas, para amar sin que  la cama sea el primer lugar.

Habrá que rescatar esa devoción, esa entrega sin ningún interés mas que sentirse amada y amar, que nos da el impulso en cualquier faena. 

Habrá que  custodiar y proteger la prole,  recordando vivencias primeras,  aquellas de arrullos de nanas, de cantos de sirenas.

Habría que rescatar todo el valor, que nos distinga sin competencia, para ser cómplice con su misma especie y con la existencia.

Habría  que rescatar a aquella  tejedora de recuerdos que entre juegos, cuentos, cantos, danzas y misterios convivía y se hacía una con la naturaleza.

Y así empezar una nueva historia, nuestra autentica historia de amor, sin resentimientos, sin competencias y así confabularse y  hacer de la vida una esperanza, un nuevo encuentro donde el amor sea la auténtica referencia.

Mujer Colombiana, tienes la fuerza de las montañas,

el aroma de las flores,

la candidez de un ave que no conoce de temores.

 

Que  sabes volar como el águila cuando es necesario.

 que cuando necesita poner los pies en la tierra

Lo haces con espera, pero tu vuelo sigue sin parar.

 

Mujer Colombia, pintada de tres colores,

nativa, española y africana:

tienes el vigor de la tierra seca

la exuberancia y la belleza de la selva,

tienes la gracia de escribir versos

para expresar lo que tu alma piensa.

Eres generosa y ardiente,

entregada a lo que sientes

y no hay fronteras en tu corazón

cuando te entregas a el amor.

 

A ese amor aún desconocido

que ha palpitado en tus oídos,

A ese Amor que quieres enjaular

Pero, sabes que es como el viento

que no se puede atrapar,

y, ahí esta tu lamento,

Porque aún no sabes de tu libertad.

 

Mujer colombiana, eres un árbol fecundo

que quiere sus frutos dar y

 continuar mas allá del infinito y ser Inmortal.

 

Y por eso hay que aprender de nuevo... despacio,

Hay que guardar la distancia

Hay que preservar en el silencio

Hay que respirar con suavidad

Hay que imaginar en intenciones

Hay que saber fantasear

Hay que susurrar al oído sin nada que predicar

Hay que insinuar los labios sin llegar a besar

Hay que imaginarse el tacto sin llegar a tocar

Hay que imaginarse la mirada que devora sin llegar a mirar

Hay que olerse sin llegar a opinar

Así... se acerca el ser a la ternura, a esa que ternura de amor que Dios constantemente nos da.

 

María Fernanda Muñoz.

 

[1]  Agradecemos la colaboración de María Fernanda, y contamos con el aporte inspirado de nuestras lectoras en próximos artículos.

 

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