Llamada orante (Junio-08)

Cada domingo Inspiración Femenina realiza un programa de Internet-radio en Comunicaciones Tian 24 horas y más, basado en las oraciones que hemos vivenciado cada mañana en Tian -sede central de la Escuela Neijing-, durante toda la semana. Aplicamos la oración a la vivencia cotidiana del femenino de humanidad -hombres y mujeres-, haciendo un mayor hincapié en la mujer que es quien ahora necesita más de nuestra intención humanista sanadora. 
La oración es una necesidad del femenino que va más allá de lo que tenemos consciencia, más allá de lo que podemos imaginar.

Hoy les traemos una de esas secuencias orantes, y nuestra visión acerca de ellas. En negrita verán los fragmentos de la oración en su versión original, y, seguidamente, el comentario del grupo.

Magias... Revelaciones... Impresiones - Dones, penas y fantasía

Quizás, un léxico un tanto antiguo, pero magia, revelación, impresión, son acontecimientos que subyacen en la naturaleza del ser. Si bien es cierto que las metodologías que han inspirado el desarrollo del hombre hacia el mundo de lo material, no dejan mucho espacio para que las visiones sean mágicas, las revelaciones sean claras, y la impresión sea vibrante.

El ser cuando nace es mágico porque nace en un sitio mágico, y la vida es mágica, está repleta de milagros mágicos... la naturaleza es mágica, el planeta mismo es mágico. Todo es magia en el bebé que viene al mundo, cuando descubre sus dedos, su cuerpo, todo su entorno, todo le resulta mágico.
La palabra magia es femenina, es «la» magia no «el» magia... Y es que la magia como tal es una vibración, una manifestación de la vida -como Creación-, y una manifestación del femenino de humanidad que escapa a lo racional, a lo lógico, a lo calculado, a lo controlable.

La magia es ese toque instantáneo de encuentros de diferentes motivaciones que, por un momento se confabulan, se unen y crean otra dimensión. Es similar a una transfiguración que se promueve y se activa cuando la intención del ser se hace lubricante, se hace suavidad, se hace ilusión. Ver también la magia de la vida en el sentido de... de estar palpando el misterio.  
Esa fractura que genera la racionalidad del hombre y la necesidad de explicárselo todo, se ha filtrado tan profundamente en lo femenino que ha ido coartando su vivencia natural de la magia. La mujer, como tantas veces hemos expresado, tiene un vínculo tan natural con la magia que, anularlo, es anular su feminidad. Si anula su feminidad, ese vínculo va disolviéndose. Cuando la mujer empieza a usar los argumentos de la humanidad masculina, va perdiendo su acceso a la magia y, en consecuencia, su función. 
Cuando se masculinizó la magia, surgió el mago con truco, o sea, el engaño, la mentira. Se pasó de la magia a el acto de magia, el arte de engañar la percepción...

A pesar de esa fractura dolorosa, permanecen los recursos de exclamación interna, de convocatoria confabulante para que los elementos se movilicen y se reagrupen según... según las intenciones; las que queremos y las que necesitamos ver.... oír y sentir. Y así surgen las percepciones y las interpretaciones sin truco...

La magia se presenta como calidad de vida tanto para los hombres como para las mujeres...  Y la mujer necesita mucho de vivir en la magia. 
¿Quieren vivir un día mágico? Es muy sencillo: Desde Inspiración Femenina les proponemos que se vayan al campo, dejen el móvil apagado en el coche... y empiecen a respirar y contemplar... a caminar y dejarse llenar por la magia que les está esperando... Sencillo, ¿no?, pero eficaz. Vayan al sitio que amaban en la infancia; esos sitios que nos cautivaban eran espacios naturales de especial energía para nuestra estructura; de singular vibración para nuestro ser. Reencuéntrense con esa magia particular, original, que corteja a cada uno. La Creación es sublime, nos cautiva a cada uno con lo que necesitamos para nuestro desarrollo. 
Y si hay algo mágico en cada ser humano, son los dones que cada uno tenemos. Los dones de cada ser, son manifestación pura de Magia Divina.

¿Y todos... todos tienen algún don? ¿Aunque sea difícil encontrarlo? Cada ser, por el hecho de vivir, tiene un don como expresión de originalidad, de diferenciación -aunque sea pequeña, mínima- con los demás. Y no se trata de mejor o peor, sino de cualidad necesaria para el resto.

Llevado esto a lo femenino vemos que, habitualmente, la mujer no aprecia sus dones, no los siente como tales. ¿Por qué? Porque a nivel familiar y cultural no son valorados. Sencillamente, no son valorados socialmente. Esto hace que la mujer se sienta mal respecto a sí misma, y enfoque su realización en la imitación de los dones masculinos. En ese proceso de imitación de dones masculinos, la mujer va perdiendo sutilmente sus propios y originales dones, y esto le lleva a perder su identidad.
Si la Fuerza de Creación se ha «esmerado» en distribuir una serie de dones para cada ser, y esto hace de cada ser, «una necesidad» para el resto, evidentemente, la usurpación de roles ajenos y la pérdida de los dones originales irá haciendo desaparecer, poco a poco, la función de ese ser. Se tenderá cada vez más a la pérdida de ternura, de belleza, de solidaridad, de búsqueda de equilibrio, de complacencia, de custodia, de delicadeza... etc.

Pero, ¿qué tienen que ver las penas con los dones? ¿Quieren saberlo? Lo que se nos ha revelado esta semana MÁGICA nos ha impresionado profundamente, siguiendo las palabras del lema orante: magia… revelaciones… impresiones...

 

¿Y qué son, y qué son, y por qué las penas? Desechos... desechos propios y ajenos. Todo lo que se deja de hacer y todo lo que se hace inadecuadamente, se convierte en partículas, en elementos que tienen que buscar su ciclo, su evolución su ritmo. Y así aparecen, llegan, se desarrollan y, en la medida en que el ser lo encaja y lo incorpora y lo disuelve, queda completado su ciclo. Desecho.

Y esto llevado a la mujer, ¿tendrá algo que ver? Tiene tanto que ver que se hace exageradamente evidente en las consultas. 
Depresión: 70% de todos los depresivos son mujeres, mientras que sólo el 30% son hombres.
El otro día comentando este fenómeno con una persona de la Escuela que lleva largos años en la idea, nos decía que esto era debido a que hay más mujeres que hombres... Por si alguno de ustedes también ha pensado esto -que puede ser-, les vamos aclarar que están un poco obsoletos en sus datos estadísticos de la población mundial -esas estadísticas son de la época de la Segunda Guerra Mundial, cuando había entre seis y siete mujeres por cada hombre-. Actualmente, el planeta está equilibrado en porcentaje de hombres y mujeres, o sea 50% de cada uno. Lo que sí se desequilibra un poco, es en el primer mundo, a partir de los 60 años, donde empieza a aumentar el número de mujeres... que llega, apenas, a 2 mujeres por cada hombre. Como vemos, el porcentaje de mujeres depresivas supera ampliamente esta diferencia.

Y ¿por qué se da la depresión más en mujeres que en varones? Desde Inspiración Femenina, desde la Escuela Neijing, desde la transmisión que el Maestro Padilla nos viene haciendo desde hace cinco años -y más también-, creemos que esto se debe a la condición de inferioridad que tiene la mujer dentro de la especie, lo cual le ha generado una serie de renuncias, postergaciones, desamores, rencores, frustraciones.

La mujer, como todo ser humano, es un ser de proyectos, de sueños, de ideas... y la inmensa mayoría de las mujeres de este planeta han desechado su proyectos, sus sueños, por dedicarse a las actividades socialmente correctas, como el cuidado del marido y la crianza de los hijos. Suponiendo que esos fueran algunos de los dones femeninos, esa labor, en algún momento de la vida de la mujer, genera contradicciones y, muchas veces, se hace con reparos, a disgusto, a medias, a regañadientes..., aspirando a otras cosas que la mujer posterga y nunca cumplirá.

¿Puede llegar el momento en que, si el hacer es pulcro, equitativo, ordenado, impecable, no hay desechos, no hay producción de penas, no hay polución de penas que alcanzan a cualquiera? Cierto.Los des-haceres de cada cual, no sólo se quedan en el protagonista que deja de hacer lo debido, sino que también se irradian a todo el torrente de humanidad. Son las penas que llegan y llegan... Y hay que saberlas metabolizar, hay que saberlas reorientar, recanalizar, y el ser está preparado para ello porque tiene dones suficientes para no convertirse en un vertedero o basurero, donde van a llegar todos los desechos. De ahí que sea tan importante el... el descubrirse en los dones, el dejar que se expresen, sin tratar de aprovecharse de ellos; porque en la medida en que se expresan y están, van a ser los capacitadores del encaje y la reconversión de los desechos-penas, en amores.

Pero, ¡ojo, alerta!, un desecho puede ser un don no valorado o despreciado-esto vale tanto para hombres como para mujeres-: un don no ejercido, no puesto en práctica, o puesto en práctica a regañadientes, a desgana... o asfixiado por otro don que se imita. De ahí también nos vienen las penas. Pero supongamos que recanalizáramos nuestro hacer, que ejerciéramos con fluidez nuestros dones; que, además, hiciéramos las cosas por las que hemos optado, con entrega, con ganas…; que manifestáramos los dones que traemos sin menospreciarlos, o sin regateos, esto generaría, sin duda, una opción liberadora.

Y como imprescindible actividad depuradora para poder dar el último, el culminante acto interpretativo de las vivencias de las penas, surge la imaginación, la fantasía....

Y a propósito de la fantasía, queremos incluir un cuento orante:

CARMiNA

Carmina rondaba ya los cincuenta y tantos. De Carmina le quedaba poco porque el carmín, los carmines, se le habían perdido en las camisas de… tantos hombres.


Carmina solía jugar con las palabras: Carmina… Na de Carmín, decía riéndose mientras se miraba al espejo delineando con perfección sus labios aún suaves, pasando luego el rouge y retocando su sonrisa con el brillo.


Hacía mucho que se le había ocurrido la peregrina idea de inmortalizar... el carmín. 


Y, desde entonces, se puso a coleccionar las camisas de aquellos que habían sido alguna vez sus amantes. Las tenía colgadas por categorías. Las clasificaba según el color, la calidad de la tela, la zona donde había dejado impreso su carmín, la edad, la altura, lo engreídos que eran, lo buenos, lo generosos, lo vulgares, lo inocentones, lo delicados, los aromas que desprendían sus cuerpos. 


Seleccionaba las camisas también por el roce de los años de uso. 


Cada camisa mantenía el vigor de aquellos encuentros, porque ya nunca había sido lavada. Era condición imprescindible para pertenecer a una colección tan… original. 


Las artes de Carmina para despojar a sus amantes de ese estimado atuendo no eran muy elaboradas. Solía contar a sus amigas: No se necesita mucha estrategia para hacer desaparecer una prenda de vestir masculina sin generar escándalos y sin mayores reclamos... y luego reía sonoramente.


Ante las más esperables interrogantes: «¿dónde puse…?», «¿tú has visto?», «¿tú tienes…?», una inmediata negación por parte de Carmina, con el acompañamiento de un simple regaño cariñoso, otro beso y un lúdico pase de manos, hacían de la desaparición asunto olvidado. Se marchaban de su casa con un aire de desasosiego; la chaqueta, sobre la camiseta interior, abrochada hasta el cuello, y la corbata en el bolsillo. Al rato ya iban divertidos de pensar cómo iban a resolver su llegada a casa si los llegaban a descubrir sus señoras.


Señora. Eso sí que Carmina nunca quiso ser, no le gustaba ese título nobiliario… porque esa palabra le sonaba a mobiliario.


Sin entrar en profundas explicaciones, prefería vivir coleccionando camisas manchadas artísticamente por su boca, de hombres que conocía, digamos que, «lo suficiente». No tenía pretensiones de conocer en profundidad a ninguno; consideraba sospechosa la intención de «conocer»; creía con absoluta certeza que, esa actitud, escondía una inercia colonizadora que, por último, terminaba haciendo de la otra persona un mapa de «comportamiento esperable de fácil manejo». Como eso llevaba rápidamente al aburrimiento y al hastío, lo descartó como estrategia de vida. Así que ella se limitaba a contemplar, compartir, y mantenerse en el resguardo de la ignorancia.  


Por eso había elegido como cómplice, el Carmín.


En alguna ocasión llegó a ponerse carmines de diversos colores con el fin de confeccionar un particular atardecer encendido o un espeso fuego de pasión chispeante. Llegó a comprar por docenas los carmines, estando siempre al tanto de la última novedad.


Sus amigas la admiraban porque siempre la veían alegre.
«¿Que cómo puedo estar tan contenta?... Ejerzo la alegría como labor…. Si me dejara arrastrar por la inercia del mundo humano, tendría mil tristezas. Vivo la vida como una aventura… monto sobre el lomo del ‘ave ventura’ y dejo que levante vuelo. Así encuentro millares de motivos para hacer pasar bien a los demás; a eso me dedico, incluso con los hombres… Sí, por eso vosotras me miráis un poco mal…».

Sus amigas entonces se ruborizaban, porque eran conscientes de que, en sus conversaciones y en su intimidad, condenaban esa vida un tanto casquivana de Carmina. Y se daban cuenta de que aunque Carmina lo sabía, las seguía queriendo sin juzgarlas por ello.


Ahora, a sus cincuenta y tantos, abría de par en par los tres armarios dedicados a la insólita colección y reflexionaba acerca de sí misma. Sentía que estaba en un buen momento, momento de dar un cambio, no por cuestión de años, sino por puro sentir… Tomó una tijera y comenzó a recortar los cientos de miles de besos que habían quedado impresos en tantas camisas…


Lavó el resto, tendiéndolo pulcramente en la azotea del edificio. 


Luego, entró a su departamento, y cosió uno a uno cada retal con besos, uniéndolo al siguiente sin preocuparse de realizar una secuencia histórica y lineal, sino poniéndolos de forma caótica. Así, sin querer, fue eliminando el tiempo y el espacio. A medida que iba cosiendo y cosiendo, los recuerdos iban fundiéndose, los rostros se iban dibujando en un solo rostro, las evocaciones sonoras se iban armonizando en una sola vibración; ¡tantas poesías fueron conformando una sola!; los jadeos se disolvían en un solo aliento; la emoción iba aflorando en sus ojos, en sus manos, en su boca, en su cabello -que se iba renovando a sí mismo-, clonándose a sí misma cada célula de su cuerpo y haciendo de su ser… un inmortal mensaje de amor.


Carmina, confirmaba otra vez que, la trama de la vida era una declaración de amor permanente; que el amor que ella había dado a tantos seres en tantas variantes, sólo había pasado a través de ella, no le pertenecía, y la ternura que había recibido, venía desde un lugar sin lugar y desde un tiempo sin tiempo, desde algo más allá del hombre… 


La ventana, abierta de par en par, dejaba entrar la brisa de la noche de verano. El cielo, negro, estaba fulgurante de estrellas.


Con el largo listón de besos comenzó a diseñar una espiral. Sus manos iban solas, llevadas por los besos rojos, anaranjados, burdeos, rosados de mil matices…. Besos que nunca pidieron explicaciones, besos gratuitos y agraciados, besos que no necesitaron de argumentos, besos sin reclamos, besos sinceros, besos de piedad…


De pronto, la espiral comenzó a girar lenta, acompasada, pulsátil, y en el siguiente instante, levitaba suavemente, incluyendo a Carmina… Salió la espiral por la ventana y Carmina se dejó llevar por esa Fuerza que siempre había sentido, y que, ahora, sabía plenamente que, la seguiría amando…

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