Maltrato (Abril-06)

El edificio estructural de nuestras sociedades está basado en un criterio violento, en una guerra permanente. Ejercemos la violencia en nuestro trabajo, en nuestras  actitudes, en nuestros humores, en nuestros puntos de vista.

En medio de ello, la mujer, por su condición de inferioridad y de esclavitud a lo largo de milenios en quien más la sufre. Según UNICEF, más de 60 millones de mujeres y niñas mueren al año a manos de sus maltratadores. La violencia doméstica produce al año más casos de invalidez que la malaria, los accidentes de tráfico o las guerras. En Estados Unidos, cada nueve segundos una mujer es maltratada. Los maltratos se producen tanto en los países pobres como en los del primer mundo.

Cuando hablamos de maltratos, no nos referimos sólo a la violencia física. Hay una violencia de guante blanco: el maltrato psicológico.

Este maltrato psicológico es un comportamiento habitual entre las relaciones hombre – mujer. Sí, en la relación amorosa o afectiva que empieza una pareja, ya hay un cierto grado de maltrato porque partimos de la base de una posición de superioridad del varón, por tanto, la mujer ya va con ese handicap, con esa disposición a ser maltratada, siempre con cuidado, no vaya a molestar al señor… menor autoestima y más dependencia de lo que él diga.

La última palabra la tiene el señor. Ella va con infravaloración. Y él va en plan superior. El maltrato está servido. Luego dependerá de la buena persona o la mala persona que sea el señor. Pero de entrada las condiciones de comienzo no son precisamente las mejores, porque claro, hay un establecimiento nupcial que define que las cosas son de una manera: “Y seguirás a tu marido...” Hasta la fórmula matrimonial te lo dice.

¿QUÉ ENTENDEMOS POR MALTRATO PSICOLÓGICO?

Evidentemente, precisa una definición, porque a veces se consideran maltratos actitudes que no lo son, por ejemplo, el manejo y la manipulación de la otra persona, para conseguir que haga lo que uno quiera -que es una actitud también frecuente en la pareja, por ambas partes-, o una mala relación, cuando no se tienen claros los roles de uno y otro; y actitudes que sí son maltratos, son consideradas simplemente como “mal carácter”.

Tampoco vayamos a pensar que el maltratador es un psicópata especialista en torturas en mujeres. No, es un frustrado, es alguien a quien habitualmente han maltratado, alguien a quien habitualmente han menospreciado, y busca venganza. Es un niño que ha sido permanentemente reprimido o perseguido, entonces, ellos, guardan una memoria de venganza. Y claro, la tiene servida en una mujer, y por ella van. En alguna medida son algo sicópatas, pero también, en alguna medida son personas normales. Es decir, en su trabajo, con sus amigos... no hay ninguna tacha, son gente estupenda.

 

El maltrato psicológico sería el menoscabar o menospreciar, despreciar a la persona, ponerla en una situación en que se auto-desprecie esa persona a sí misma.

 No necesariamente tiene que haber insultos, se trata de hacerla sentirse culpable. Eso es muy importante en el maltrato, que la persona se sienta culpable, para que así no note que se la está maltratando. Es una estrategia que utiliza el maltratador: hacerla sentir inútil, incapaz, culpable... Con lo cual lo único que hace es poner en evidencia que ella así, “eres un desastre, no vales para nada”. Pero en realidad, eso no es así. Él ha ido buscado y creando las condiciones para que esto parezca que es así.

Hay muchísimos más maltratos de los que se puedan pensar. Lo que pasa es que las mujeres, la mayoría de las veces, no son conscientes de que están siendo maltratadas psicológicamente.

Asumen y aceptan que son inferiores, que son torpes, que son incapaces, que son inútiles; es más, que lo hacen fatal. Porque claro, si le dan un día un golpe y otro día otro golpe... sólo se fijan en sus defectos, finalmente, termina siendo un desastre; y termina admitiendo que es un desastre. Eso es un maltrato psicológico. Pero la mayoría de las mujeres no se dan cuenta de ese maltrato. Un grupo de mujeres sí, cuando el individuo se pasa un poco.

La mayoría de los maltratos no se denuncian, no se reconocen; se convive con un maltrato continuo, permanente, constante, porque se da por natural, por lógico. Sólo desde hace poco tiempo ya se está viendo que, efectivamente, eso es un maltrato, pero antes eran los problemas normales de una pareja.

¿Qué va a ser normales? Si el varón persigue a esa mujer y le hace la vida imposible. Pero alguien tiene que darse cuenta. Normalmente, la mujer no se daba cuenta, porque partía de la condición de que ella era inferior, ella era incapaz, ella era una inútil... Claro, partiendo de esa base, ya estamos en una situación de maltrato institucional. Cuando ya se pasa de maracas y comienzan los golpes, entonces, ya puede que se denuncie.

Y este maltrato es sencillo: Si, por ejemplo, se le cae algo -un vaso al suelo- se va a meter con ese vaso y con todo lo demás: “Fíjate si te lo tengo dicho, no sirves para nada, lo mismo pasa con tus hijos, se te cae el chupete al suelo, no haces bien la comida...” O sea, cualquier cosita que haga, aunque sea pequeña, el hombre la va a agrandar, y va a rodear muchísimos puntos. Con cualquier, ella se va a sentir mal en todo. Y eso es una vez y otra vez y otra vez... Con cualquier tontería que pasa la va a menospreciar.

Es un hecho innegable que se le ha caído el vaso, tú no le puedes discutir a ese señor que te ha caído el vaso y que ha sido una torpeza, es verdad. Pero no se te está cayendo el vaso todos los días. Pero él rápidamente aprovecha el vaso y lo liga con el chupete y lo liga con la comida y lo liga con... Y finalmente, tú, sin darte cuenta, te das cuenta que eres un desastre, que todo lo haces mal.

Claro, llega un momento en que te sientes culpable y reniegas de tu esencia y de todas las cosas, porque no te has dado cuenta que él te ha ido envolviendo.

¿Qué consigue él con ese maltrato? Porque claro, el maltratador, evidentemente, lo hace porque busca un beneficio. El beneficio que consigue es obediencia, sumisión, acatamiento, y hacer con la persona lo que le dé la gana, en el amplio sentido de la palabra. Entonces, mañana le dice: “Tú para ser útil tienes que ser puta”... Y la pone en un burdel... (no es la primera vez, ¿eh?) y vive de ella. Y ella agradecida porque le ha encontrado una función social qué cumplir.

 

Otro detalle importantísimo: Hacer que la mujer se vuelva absolutamente dependiente de él.

-No salgas a la calle mi Amor, ¿para qué?, quédate aquí en la casa, tranquila, no te preocupes... Imagínate si te pueden pasar cosas... No te vayas a juntar con la vecina, qué pereza, después se va a meter aquí a la casa...

 Y la va aislando poco a poco y la hace dependiente totalmente de él, porque todo es por su bien, porque la ama, porque la quiere tanto que no quiere que nadie se la toque. Y después de eso él es la victima: si se le cae el vaso, él dice:

-No, déjalo así, yo lavo la losa, tú vete a ver televisión, tranquila, vete, yo hago todo”... En esa dependencia, él siempre está de víctima y la hace sentir culpable en el sentido de que ella es inútil, y no sirve para nada.

-No puedes ir a pagar el recibo del teléfono, porque esto es muy complicado para ti. Tú tranquila, haz otra cosa. La novela ya va a empezar, ve.

Poco a poco la incapacita y no puede salir a la calle, no puede pagar los recibos del teléfono o coger un bus... No puede hacer nada, porque no sirve para nada.

Y ella se lo cree. Y llega al punto de decir:

-Ay, perdón mi Amor, pero es que soy tan imbécil. Discúlpame...

Y así está absolutamente convencida y dependiente psicológicamente. Y el día que él le pegue el primer grito, él pone más drama, dice que está nervioso, que le perdone. Y así ella se va a sentir muy mal y va a ceder el triple en su autoestima. Ella va a hacer lo posible para que él se vuelva a sentir bien, porque ella fue la culpable, la que provocó sus nervios.

O sea, de esa dependencia se va a pasar luego al capítulo siguiente. Y es que ella hace un día una cosa, y a él le sienta fatal, él se siente muy mal; con lo cual, ella se siente muy culpable por haber hecho algo a su amorcito querido y sin él no puede vivir. Y claro, ella se arrastra más todavía: “¿Qué puedo hacer para no enfadarte?”... Ya él empieza a decirle qué puede hacer para no enfadarle.

Es decir, es una usurpación progresiva de la personalidad de la otra persona. Con lo cual esa dependencia convierte la vida de ese ser en absolutamente inútil. No puede ir a recoger el pasaporte, no puede ir a la compra... La aleja de familia, amigos y todo.

Por supuesto, interesa mucho que no haya amistades, porque puede pasar cualquier cosa: “Imagínate tú que ocurre alguna cosa. ¿Tú qué recursos puedes tener? ¿Tú serías capaz, ante una situación de tal y tal...?” Claro, ella se asusta y él dice: “No te preocupes que yo te lo hago todo”.

O sea, que el proceso, al principio, es el gran cuidador de la pobre mujer que, por supuesto, es tonta. No le dice que es tonta sino que es frágil, delicada, que hay que cuidarla porque es maravillosa. Y mientras tanto la convierte en inútil. Él, por supuesto, lo hace todo, y lo hace todo por Amor. Y siendo así de bueno, haciéndolo todo por Amor, ¿cómo puede ella hacer alguna cosa que a él no le guste? Con todo lo que él ha demostrado que la quiere, ¡en años! dedicándose a ella... él ha sido todo para ella. El día que ella le pone el café tibio, o le enfada... él aprovecha para pedirle o exigirle lo que sea.

Este maltrato psicológico es un comportamiento que es habitual, de inicio, entre las relaciones entre hombre y mujer, porque parten de la base de una posición de superioridad del varón. En la relación amorosa, afectiva, que empieza una pareja, ya hay un cierto grado de maltrato, porque la mujer parte de la base de que hay que tener cuidado, no vayamos a estropearlo todo o a molestar al señor. Es una posición de autoestima más baja, y dependiente siempre de lo que él diga. Ella va infravalorada, con un handicap que facilita el maltrato. Por supuesto, luego dependerá de lo buena o mala persona que sea el señor, pero de entrada, las condiciones de comienzo no son las mejores. Hasta la fórmula matrimonial lo dice. Pero insistimos, el maltrato psicológico es mucho más frecuente de lo que parece, porque se cuela de una forma “tan natural” que lo vemos en cualquier momento o circunstancia, por ejemplo:

-Ante una infracción de tráfico: “¡Mujer tenía que ser!”

-“Si es una mujer, ¿qué puedes esperar?”

-A los niños varones, cuando lloran: “No seas nena”.

-En una conversación: “No le hagan caso, si es que mi mujer de eso no sabe…”

Esto es maltrato, es DESPRECIO. Pero ya se considera una situación normal, ni siquiera la mujer se siente maltratada por ello. Y se educa a los niños en este paradigma.

Se convive con un maltrato continuo, permanente y constante, porque se ha asumido como la situación natural. En la actualidad esto está cambiando, pero, por un lado, el cambio es reciente, y, por otro, el cambio es, sobre todo, a nivel teórico, porque son conductas tan instauradas que no se detectan hasta que no hay maltratos muy evidentes.

Si indagamos ya en el perfil del maltratador evidente –físico, psicológico o sexual-, en el fondo es una persona muy cobarde que, probablemente, ha sufrido maltratos en la infancia, o los ha visto en su casa. No suele ser mujeriego, porque necesita su espacio, seguridad, tener a la víctima ahí continuamente. Suele tener una conducta muy distinta en su casa y fuera: fuera de su casa suele ser un hombre apocado, más bien tímido, o poco fuerte, educado. Demasiado cuidado hacia el exterior, demasiada pantalla. Es poco espontáneo, mide y calcula todo lo que hace, no hay salidas de tono porque lo controla todo para no despertar sospechas en el entorno.

A lo mejor, él ni siquiera es consciente de que le está haciendo daño a la mujer, cree que es lo que debe hacer. Como dice el viejo proverbio árabe:“Cuando llegues a casa, pega a tu mujer, porque si tú no sabes por qué, ella sí lo sabe”. Esto nos parece un chiste, pero es mucho más frecuente de lo que imaginamos.

Y la mujer aguanta y aguanta, hasta que ya se excede en el maltrato y se plantea la decisión de irse. Ha aguantado porque consideraba normal lo que sucedía, porque ella se sentía inútil, incapaz, absolutamente dependiente. Muchas veces ella misma no lo ha podido ver, ha sido una persona del entorno que ha tratado de ayudarla. Cuando esto sucede, también es frecuente que el maltratador comience a maltratar también a esa persona que trata de ayudar a la mujer.

Cuando la mujer se ha ido, lo normal es que el maltratador la siga, le pida disculpas, le diga que se arrepiente de todo, que no puede vivir sin ella, que es una víctima pero que va a cambiar “por ella”, etc… y, en la mayoría de los casos, consiguen que la mujer retire la denuncia y vuelva a casa. Y si no lo consigue, lo normal es que busque otra, y en general la encuentra, porque son muy hábiles, despiertan mucha lástima, mucha necesidad. El cortejo de caza y captura –y adquisición-, es impresionante. Luego, cuando ya la señora se siente importante porque le cuida, ya cree que es imprescindible para él, él ya va cambiando su actitud y empieza otra vez el maltrato. La mujer siempre tiene la fantasía de que va a cambiar al varón, de que: “Pobrecito, yo lo voy a rehabilitar, es que necesita comprensión y ayuda”… Evidentemente el maltratador tiene una habilidad especial para quedar siempre como víctima, y la mujer que le ha dejado es “Una puta, una desgraciada, que se ha largado dejándolo solo y desvalido…”

No es que el maltratador sea intrínsecamente malo, sino que ha llegado a un convencimiento y a una visión que, incluso cuando se les castiga, no lo entienden, porque se siente víctima, la mujer le ha abandonado sin motivo.

 

La opción institucional que tiene la mujer, en España, cuando es maltratada, es la denuncia y, si es grave la situación, ir a un centro de acogida para mujeres maltratadas.

O sea, que las cosas tienen una dimensión que no nos lo podemos ni imaginar. Y estas personas que están en estos centros de acogida, ya están despavoridas, huyen, porque se han dado cuenta en qué situación estaban, y ya no tienen recursos para afrontarla. Y tienen miedo de que el sujeto pase a una acción mayor, que el maltrato psicológico se convierta en algo mayor.

Para ingresar en estos centros, se tiene que comprobar que ha existido el maltrato. Generalmente la patología más acuciante de las mujeres en estos centros, es EL MIEDO. Miedo por lo que han pasado, por lo que han vivido, por si se vuelve a repetir. Pero también miedo al futuro, miedo al cambio de vida, de actividad, de entorno, de todo. Miedo a que él la encuentre. Lo único que pueden hacer en el centro de acogida es quitarle completamente la vida que tenía y crearle una nueva. Ella, además de maltratada, es apartada de todo: familia, amigos, trabajo. No puede ni hablar por teléfono, para que él no descubra dónde está ni la convenza de que vuelva.

Evidentemente, una mujer de 54 años que lleva 20 o 30 años trabajando en lo mismo, con los mismos amigos etc, no es fácil que se adapte a un nuevo trabajo, una nueva ciudad, una nueva vida. Por eso hay muchas recaídas, al cabo de un tiempo, es frecuente que las mujeres vuelvan a su vida anterior.

Es una paradoja, pero a la mujer maltratada se la lleva a un lugar, se la aísla, se le cambia la vida… parece una cárcel. Mientras, al maltratador se le deja libre. Pensamos que quizás habría que hacerlo al revés: Que sea a él al que metan en la cárcel, pero no para tres meses, sino que, si está comprobado que es un maltratador, que le metan 20 años sin remisión de pena… quizás así se lo pensarían un poco más.

Si nos fijamos, todas las estructuras sociales que se crean, son muy parecidas al paternalismo que ejerció en su momento el maltratador: hay que estar todo el tiempo cuidando a la mujer, protegiéndola. La solución es francamente difícil. Sería una solución a largo plazo, con un cambio de las estructuras sociales y culturales. Tampoco estamos tratando de tirar por tierra la labor que hace mucha gente para ayudar a estas personas, que nos parece importantísima, pero hay que ser autocríticos, y estar alertas de no ejercer un proteccionismo parecido al que tenían esas mujeres en sus casas.

Propuestas:

Hacer prevención no es fácil, ayudarlas tampoco. Pensamos que hay que tomar una actitud rigurosa y tajante, pero no proteccionista.

En la medida de lo posible, lo mejor es alejarse lo más posible del lugar.

Evidentemente, se les puede y debe prestar alguna ayuda, pero no inhabilitar. Una ayuda suficiente para que la persona sea capaz por sí misma.

Primero hay que ayudar a que se conciencien de su situación, que vean que están sufriendo maltrato.

Segundo, que pueda tomar decisiones suficientemente maduras y útiles como para salir adelante y hacer frente a la situación.

Tercero: que tomen consciencia de que tienen que cambiar cosas de ellas mismas, porque son esas cosas las que las han llevado a no darse cuenta o a dejarse maltratar, o a que les invada el terreno el varón. Tienen que ser más fuertes, más capaces, menos dependientes. No podemos plantearles que cambien de personalidad, pero sí que la modifiquen para que no vuelvan a consentir ser maltratadas.

Estos tres puntos los podríamos resumir en: EDUCACIÓN, EDUCACIÓN Y EDUCACIÓN.

Cuarto: Importantísimo: EDUCAR a los niños y a las niñas, para que no sean maltratadotes y maltratadas, que pasa por educarlos en que ellos no son los superiores y ellas no son las inferiores ni las tontas… sobre todo a ellas, que no consientan ser tratadas así.

Una acción de educación imprescindible es el ejemplo en la casa. Si los adultos no se maltratan entre ellos y no maltratan a los hijos, es difícil que luego ellos maltraten. A la vez, hay que poner en evidencia las distintas facetas del maltrato que generalmente no se ven.

Así pues, más que propuestas de ayuda –sin excluirla, por supuesto-, vemos que, tanto a nivel preventivo como a nivel de actuar sobre la situación ya instaurada, lo más importante es la labor educativa que se pueda hacer.

 

Desde el punto de vista energético, también se puede ayudar:

-Actuando en la esfera psíquica, emocional y, sobre todo, en la esfera de la voluntad:

20TM: BAI HUI: “Las cien reuniones”.

3MC: QU ZE: “Vapores luminosos sinuosos”

17RM: REN ZHONG: “El centro del pecho” “El centro de la sinceridad”

5TR: WAI GUAN: “La barrera externa”.

6C: YIN XI, SHI GONG: “Límite del Yin”, “La piedra sonora del templo de jade”.

8R: JIAO XIN: “Confianza mutua”.

 

-Actuando sobre lo que es el ser por sí mismo, es decir, el ser como un elemento que recibe la influencia celeste, que se realiza aquí y que se transfiere hacia el medio. Trabajaremos sobre la energía Yuan. En concreto, haríamos puntura, moxibustión, masaje, o ambos en:

4TM: MINGMEN: “La puerta del destino”.Para fortalecer al ser, para que se modifique esa predisposición o actitud que tienen esas personas a padecer esos problemas. Que se reordenen de otra manera, que la puerta del destino o de la vida pueda modificarse. La puntura será perpendicular, con estímulo fuerte y rápido.

11TM: SHEN DAO: “La ruta Divina”. Para que encuentren un camino del psiquismo adecuado. Puntura oblicua descendente.

13TM: TAO DAO: “Vía de la Mutación”. Para que haya una vía de mutación interna de todos esos procesos. Puntura oblícua descendente.

26TM: REN ZHONG, SHUI GOU: “El centro del hombre, la fuente del agua”. Como sitio centro o fuente del agua. Puntura o masaje.

-Accesoriamente, según esté la mujer, haremos moxa en los BEN SHEN de la espalda.

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