Regeneración (el año de la regeneración) (Febrero-08)

Este mes nos inspiramos en… La Regeneración, porque estamos en el momento más adecuado para que esta palabra se haga presente en nosotras, en nosotros, no sólo como una palabra, sino como una realidad que nos haga evolucionar y acercarnos un poco más al descubrimiento de lo femenino de humanidad.

Este año que comienza, según la visión de la Escuela Neijing, estará regentado por la Regeneración, así como en el año anterior era el Rescate la cualidad que se nos brindaba. Por tanto, no queremos dejar pasar más meses sin hacer una reflexión en cuanto a qué implica la regeneración para la especie femenina.

No hace falta irse muy lejos para contemplar los procesos de regeneración; la vida en sus diferentes manifestaciones nos muestra este proceso. Todos los elementos que se organizan de una determinada manera, cuando se reorganizan, se vuelven a configurar de otra forma, más capaz y con mayores recursos.

Regenerar sería como poner en funcionamiento o dar la opción de algo que se tiene y que no ha salido, de algo que se tuvo y se olvidó, o se retuvo o  simplemente no se le dio más ocasión. ¿Les suena? ¿Acaso la especie femenina no guarda dentro de sí cantidad de elementos que, por retenidos, han ido quedando olvidados, y a los cuales no se les ha dado ocasión? Indudablemente hay un sinfín de ocasiones, de actuaciones, posiciones, posibilidades que hemos ido perdiendo por el camino. Pero siguen ahí y hay que tener la suficiente humildad para retomarlas.

Regenerar también implica recogerse en las posibilidades que cada cual tiene y sabe. Implica igualmente, no dejar que la degeneración vaya ganando el terreno inadecuado, amparada en la lógica del tiempo. ¿Cuántas mujeres se abandonan a la degeneración por el simple hecho de no ser jóvenes y lozanas, de no tener los requisitos que la sociedad considera como rentables? Ése es un acontecimiento que ha de hacernos reflexionar, porque en nuestras sociedades la mujer se abandona a la degeneración antes que el varón, pues se la considera vieja con mayor anticipación. Si ya ha entrado en la época climatérica, sus pechos han ido descendiendo como proceso natural de la ley de la gravedad, su piel ya no es tersa y suave… Prontamente ella misma se empieza a sentir inservible. Un producto más que se usó, se gastó, y hay que desecharlo.

Sentimos que ésa es una de las consecuencias de vivir en una cultura de usar y tirar. Pero ni la vida ni nuestro organismo utiliza la actual filosofía del «usar y tirar», ni el pensar que lo nuevo sale más barato. No sigue una economía consumista, sino regeneradora. Y eso está inherente al funcionalismo y a la esencia del ser, pero hay que disponerse a ello. 

Cuando vivimos en la inconsciencia de esa regeneración, ocurre que, siendo la capacidad regeneradora del ser, ilimitada, habitualmente no la empleamos, queda secuestrada por la comodidad, la tranquilidad, el ocio… todo eso que nos devora ferozmente.
«Todo va a seguir igual», «total que más da», «la vida siempre ha sido así»… Hay como una señal de apoptosis -como ocurre en las células- de autodestrucción, que a veces es muy sutil, y que está llena de fatalismo por una parte y de comodidad vital por otra. No queremos quedarnos en eso, apostamos por: Regenerarse, es decir no asumir los viejos postulados que siempre tienen una justificación.

Y es que, a poco que nos fijemos en nuestra biología, podemos aprender mucho de su sabiduría. Somos organismos generacionales. Generamos continuamente productos, substancias, enzimas, coenzimas, mediadores, hormonas. A lo largo del día generamos multitud de sustancias. Se pueden describir muchísimos más mecanismos reparadores que están actuando las veinticuatro horas del día para regenerar y reparar situaciones por las que la estructura formal del ser tiene que pasar. Nuestra piel se regenera continuamente. Nuestras células, en una zona como es el hipocampo, se regeneran y se reproducen para mantener la memoria y, sobre todo, para desarrollar nuevas habilidades. Somos generadores, además, de multitud de intenciones, proyecciones, ideaciones, sensaciones.

Pero esa regeneración biológica es mucho más sorprendente aún en la mujer, por todo el proceso de regeneración que hace su endometrio cada mes.Está diseñado lo femenino como un elemento de permanente regeneración, pues ésa es la única posibilidad de albergar la vida.

Fíjense, esto nos enseña mucho de lo que implica vivir en la regeneración. El cuerpo de la mujer nos muestra que la única posibilidad de gestación de nuevos proyectos de vida, es que haya una permanente regeneración. Porque la vida no puede nacer en lo que ya es caduco, en lo que está estancado, en lo que está deteriorado. La vida nace de la permanente regeneración, y por eso el útero de la mujer se regenera mes a mes, para hacerlo viable ante la fecundación. Pero este acontecimiento nos da la clave para muchos otros aspectos de la vida, y nos enseña que hemos de regenerarnos en nuestras ideas, en nuestras concepciones, en nuestros vínculos, para ser fecundos gestadores de ideas, de proyectos, de fantasías, de ideales.

Tenemos esa capacidad, por ser una expresión creadora, de generar esa regeneración y regenerar así lo que parecía perdido. En el programa de la vida, está previsto el hecho de regenerar el proyecto de vivir, como el Ave Fénix, cada día, y en cada cosa. Generar implica la actitud y la capacidad de promoverse a sí mismo por las condiciones innatas de la composición de la materia.
 Así que, no dejemos pasar más tiempo, y atrevámonos a lanzarnos a la regeneración.

Plantéense qué tienen que regenerar este año. Ahora, no lo dejen para luego. ¿Qué tienen que regenerar como mujeres? ¿Qué tienen que regenerar como varones? ¿Acaso han de regenerar la relación con sus hijos? ¿Quizá la relación con su pareja? ¿Acaso han de regenerar la viabilidad de su proyecto vital, de sus ideales? ¿Su forma de concebir las cosas, de relacionarse con las personas?

Empiecen por lo más pequeño y, poco a poco, podrán aspirar a lo más grande. A veces, cambiando una pequeña cosa se entra en la disposición adecuada para aprovechar las oportunidades que nos da la vida. Sólo cuando somos conscientes de nuestras verdaderas necesidades se van dando las situaciones adecuadas para cubrirlas. Por eso les proponemos que se planteen pequeños cambios, pero que pueden generar otros mayores.A cada una se le ocurrirá una forma: cambien la disposición de su casa, cambien el camino de ir al trabajo, cambien los temas de conversación con sus personas queridas… Pequeños cambios que pueden hacer funcionar el motor de la regeneración que, desde el sentido oracular, ya nos lo han puesto en marcha.

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