Senos (Octubre-06)

Los senos de la mujer han sido objeto de múltiples significados a lo largo de la historia y de las diferentes culturas. En cada época, han sido considerados según las necesidades imperantes del momento. Así, de tener un significado sagrado, pasaron a ser objeto de fijación sexual,  emblemas de libertad política,  estandartes de liberación sexual,  valuarte de cánones estéticos e, inevitablemente, fuente de ingresos económicos. Muchos son los condicionantes que han influido y que han ido modelando a estas delicadas y bellas partes de nuestro cuerpo. En este artículo queremos recoger cuáles han sido esos condicionantes y descubrir el resultado de todo ello en la situación actual.

En primer lugar, nos preguntamos, inevitablemente, en cuanto a su forma y su fisiología. ¿Por qué la hembra humana es la única que conserva la redondez de sus pechos más allá de las épocas de lactancia? Las hembras de todas las especies de primates tienen un pecho plano que se hincha durante el tiempo de crianza, cuando éstos se llenan de leche materna. Después de lo cual vuelven a recobrar su forma habitual plana.

Los pechos de la hembra humana son diferentes. Aunque aumentan de tamaño ligeramente cuando rebosan leche, permanecen protuberantes y firmemente formados durante todo el periodo de la juventud, independientemente de consideraciones maternales. La mayoría de su volumen está compuesto por tejido graso, mientras que sólo una pequeña parte es tejido glandular relacionado con la producción de leche. Su forma redondeada, creada por este tejido graso, requiere otra explicación que vaya más allá de la producción de leche.

Para los biólogos y antropólogos la respuesta es bien sencilla: son un indicador sexual. Según Desmond Morris: »El origen de los hemisferios emparejados como señal sexual femenina no es difícil de encontrar. Las hembras de todos los demás primates exhiben sus señales sexuales hacia atrás, desde la zona del trasero, mientras caminan a cuatro patas. Sus abultamientos sexuales son estímulos claves que excitan a los machos. Las señales posteriores de una hembra humana consisten en un par de hemisferios, las nalgas. Éstas pueden actuar como poderosos indicadores sexuales cuando se ven desde atrás, pero la mujer no camina a cuatro patas con su región frontal oculta a la vista. Ella permanece vertical, y en la mayoría de los contextos sociales se la ve de frente. Cuando permanece cara a cara con un macho sus indicadores posteriores permanecen ocultos a la vista, pero el desarrollo de un par de nalgas simuladas sobre su torso le permite continuar transmitiendo la señal sexual primitiva sin dar la espalda a su compañero.

Tan importante fue este elemento sexual en el desarrollo del pecho que, realmente, empezó a dificultar la función maternal básica. Los pechos se volvieron tan abundantemente esféricos en su intento de simular las nalgas, que hicieron difícil que un bebé cogiera los pezones. En otras especies los pezones femeninos son alargados y el bebe de mono o simio no tiene ninguna dificultad de coger la larga teta en su boca y extraer la provisión de leche. Pero la cría humana de una madre bien redondeada puede casi asfixiarse por la gran curva de carne que rodea al más bien modesto pezón humano.

Las mujeres que tienen los pechos pequeños se preocupan a menudo de si podrán dar de mamar adecuadamente a sus bebés. Irónicamente, puede que sean capaces de hacerlo de un modo más eficaz que sus compañeras más redondeadas.

Aunque para un biólogo está claro que esto tiene que ver con una señal sexual, algunas mujeres se han opuesto a esta interpretación. Encuentran ofensiva la idea de que algunos aspectos del cuerpo femenino puedan haber evolucionado hasta su forma presente para atraer al macho humano. Ignorando el hecho de que la atracción física sexual estuviera en su propia concepción, insisten en que la función del pecho femenino debe ser puramente maternal y aportan su ingenio para encontrar explicaciones no sexuales a la evolución de la redondez del pecho.» (Desmond Morris «La mujer desnuda»).

Probablemente las diferentes versiones del carácter esférico de los pechos se deban a la multitud de significados que éstos han tenido en la historia. Hagamos un breve repaso por ésta para descubrir todos los pesos añadidos que tenemos en nuestros pechos.

En los primeros tiempos de la humanidad, los senos femeninos estaban rodeados de una aureola sagrada. Eran motivo de culto como bendición de la divinidad. De ahí que las estatuillas femeninas de esas épocas tengan esos grandes pechos e inmensas nalgas. Este sentido sagrado de los pechos perduró, en alguna medida, hasta finales de la Edad Media, donde el cristianismo imperante contemplaba los pechos de la Virgen María como sagrados, ya que fueron el alimento del Cristo. Además, eran pechos de una virgen, con lo cual estaban limpios de pecado.

Parece ser que es a partir del siglo XIV, en los albores del renacimiento, que las imágenes inmaculadas de los pechos de María empiezan a competir con otras representaciones más mundanas de los pechos. Empieza a crecer el significado sexual de los pechos, las mujeres empiezan a descubrir sus cuellos y sus escotes, y los pechos se convierten en un objeto erótico. Aunque probablemente siempre hayan tenido su función sexual, es a partir de este momento cuando la fijación por parte del varón sobre los pechos, empieza a desplazar a éstos de su función maternal, hasta el punto que las mujeres empiezan a dejar de dar de mamar a sus hijos, con tal de mantener unos senos turgentes. Es entonces cuando aparece la figura de la nodriza, cuyos grandes y descolgados senos son maternales, mientras que los senos pequeños y prietos de la verdadera madre se pueden seguir considerando puramente sexuales. «A partir de 1444 empiezan las mujeres a destaparse el cuello y empiezan a aparecer los escotes. Desde ese momento, el pecho iba a pertenecer cada vez menos a el niño o a la Iglesia y más a los hombres seculares que lo tratarían únicamente como un estímulo del deseo (…).

Durante el Renacimiento, muchas mujeres renunciaron a dar de mamar a sus hijos, porque como el pecho ya se había convertido en objeto sexual, los maridos les ordenaban que no les dieran de amamantar. En esta época, el potencial erótico del pecho empezaba a oscurecer su función materna. Eran muchas las damas que no querían dedicarse exclusivamente a sus hijos, a expensas de sus relaciones con el esposo o posibles amantes.

En la sociedad renacentista había dos clases de pechos: los compactos de la aristocracia para el deleite del hombre, y los repletos de leche de las clases bajas, propiedad de las mujeres que amamantaban a sus hijos y a los de sus ricos señores».(«Historia del pecho»).

 

Pero estos dos significados, sexual y maternal, no han sido los únicos otorgados a nuestros pechos. En la iconografía de la Revolución Francesa se utilizaron los pechos desnudos de la mujer como símbolo de libertad y como emblema nacional. Utilizaron los modelos de la Grecia Clásica: una mujer ataviada con livianas túnicas, que deja al descubierto sus pechos.

«En el discurso revolucionario, la leche pura de las madres amorosas se comparaba implícitamente con la leche manchada de los aristócratas, muchos de los cuales se habían criado con la leche de sus nodrizas.

La asociación de la lactancia materna con las virtudes de la república y la utilización de las nodrizas como imagen de la decadencia de los aristócratas, ofreció a las mujeres una lección patriótica: a las que amamantaban a sus hijos se las contemplaba como si hubieran hecho una declaración política a favor del nuevo régimen.

Las mujeres de esa época declaraban: «Procuraremos que nuestros hijos beban leche incorruptible, para lo cual la purificaremos con el espíritu natural y conveniente de la libertad».

Los pechos femeninos se reclutaban para transmitir un amplio sentido de ideas republicanas como la libertad, fraternidad, igualdad, patriotismo, valor, justicia, generosidad y abundancia. La idea de la república como una madre generosa, con sus abultados pechos al alcance de todo el mundo, fue a partir de ese momento un puntal para las políticas liberales».  («Historia del pecho»).

A partir de entonces la figura del pecho femenino sería politizada en diferentes épocas y naciones. En la Francia del siglo XIX y XX seguía considerándose como símbolo de libertad. Pero la magnificación de los pechos se extendió desde Londres hasta el Nuevo Mundo e incluso hasta Rusia, donde se utiliza para reforzar el creciente espíritu nacionalista. Por ejemplo, en Rusia recogen la imagen de las campesinas nodrizas que amamantaban a los niños rusos como símbolo de la madre tierra y de la Madre Rusia. A estas dos madres se les invocaba como el principio de la redención del hombre y del renacimiento social.

En la Rusia de 1860 se proclamaba el pecho femenino como el defensor del orden tradicional y vehículo de las virtudes cívicas femeninas.

 

En el transcurso del siglo XX los pechos de las mujeres han visto cómo distintos gobiernos los politizaban por múltiples causas distintas, sobre todo en tiempos de guerra. Durante la Primera Guerra Mundial, la propaganda añadía una nueva dimensión a la utilización política del pecho femenino. En Francia, por ejemplo, se utilizaba la figura de una mujer con pechos desnudos que alzaba los brazos para pedir préstamos para el gobierno francés. Se utiliza la figura de la mujer en su papel de enfermera, conductora de autobús, obreras, campesinas, amas de casa como madres prolíficas que todas contribuyen al esfuerzo de la guerra. En Alemania, por el contrario, se utilizaba la figura de la desnudez femenina para caricaturizar al ejército francés. La propaganda alemana raramente recurría a la mujer como figura estimulante.

Los norteamericanos caricaturizaban al enemigo alemán como un monstruo inhumano, un gorila circense con el casco prusiano, enormes colmillos, con una porra en la mano que lleva a una mujer en brazos con los pechos desnudos, que simbolizaba la vulnerabilidad femenina. Estos carteles, suministrados por el ejército, pretendían que la belleza suave de la mujer conmoviera a los jóvenes norteamericanos para que se alistaran en el ejército.

Finalmente, los pechos han sido utilizados como emblema de la liberación femenina. A partir de los años 60-70, las feministas comenzaron a reivindicar sus libertades e igualdades, y uno de sus símbolos fue la quema de sujetadores. Aunque algunas feministas también nos advierten de que la quema de sujetadores fue utilizada por algunas personas para ridiculizar al propio movimiento feminista.

 

Así como los pechos han sido un indicador sexual, también han sido un indicador de edad, y dependiendo de la forma que éstos tuvieran nos revelaban aproximadamente la edad de su propietaria. Es por ello que la humanidad ha tenido numerosas formas de mantener la apariencia turgente de los pechos. Una forma externa fue la utilización de corsés, que apretaban y subían los senos. El corsé mejoraba la forma del pecho pero dificultaba el movimiento de la mujer. En la medida que las mujeres empezaron a reivindicar un papel más activo en la sociedad también necesitaron otro tipo de ropas que las permitieran una mayor movilidad.

Del corsé se pasó al diseño de sujetador y faja a principios de siglo XX, quedando finalmente reducido a los conocidos braga y sujetador que imperan aún en nuestros días.

Ha sido muy discutida la invención del sujetador, pues varios diseñadores -tanto hombres como mujeres- se atribuyen el invento. La simple verdad es que todos hicieron su contribución a una tendencia general, a comienzos del siglo XX. Y consiguieron apoyo de una fuente inesperada: durante la primera Guerra Mundial, la Junta de Industrias de Guerra de Estados Unidos se alarmó por la cantidad de metal desperdiciada para hacer varillas de corsé. Comenzó entonces una campaña para que las mujeres dejaran de llevar corsés, y de esta forma, precipitaron el cambio al sujetador. Posteriormente declararon que, de este modo, habían ahorrado 28 mil toneladas de metal «suficiente para construir dos buques acorazados».

Pero los resultados que podían proporcionar tanto el corsé como el sujetador eran inútiles en el momento en que la mujer quedaba desnuda, lo cual hacía necesaria otra solución para mantener la apariencia joven del pecho: así surgió la cirugía. La introducción de los implantes de silicona comenzó a despegar en la década de 1960. El primer implante de gel de silicona fue llevado a cabo por cirujanos estéticos en Texas en 1963. La operación se fue generalizando durante las décadas de los 70 y los 80, y antes de 1990 este procedimiento alcanzó un gran auge con más de 100.000 mujeres al año sucumbiendo al bisturí. Se calculó entonces que antes de 2002 más de un millón de mujeres americanas se habrían realizado esta operación.

 

El pecho ha sido y seguirá siendo siempre un enorme indicador de los valores de la sociedad. Con el tiempo se ha asumido y se ha desprendido de varias capas de pintura religiosa, erótica, doméstica, política, psicológica y comercial. Actualmente refleja una crisis médica y también global. Los senos, como símbolo intemporal del sexo, de la vida y de la nutrición, ahora, tienen que luchar contra su significado contrario: receptáculo de enfermedades y de la muerte.

Dentro de la historia de la humanidad siempre se ha considerado el pecho bueno como aquél que tuvo el carácter sagrado, maternal y de crianza; mientras que el pecho malo era el relacionado con la prostitución y la pornografía. Sin embargo, en el mundo de hoy, el pecho bueno es aquél que está sano, y el pecho malo es aquél que tiene cáncer. Desde 1980 hasta nuestros días el cáncer de mama se ha incrementado en un 26%; supone el 20% de los tumores malignos, le siguen el de estomago y el de cuello uterino. En la franja de edad de 45-55 años, el cáncer de mama es la primera causa de muerte en España, por ejemplo, por delante del cáncer de pulmón. No es casualidad que la mayoría de tumores en mujeres se desarrollen en el pecho, y es algo que, como sanadores, nos debe hacer reflexionar.

Así es, cómo esos senos nutrientes, suaves y sedosos, que han alimentado a toda la humanidad, que han nutrido no sólo los estómagos, sino las fantasías, los anhelos de libertad, el erotismo, dando siempre sin parar, como da la Tierra, sin pedir nada a cambio, han sido tan utilizados, y no sólo por los varones, sino por nosotras mismas, que se han empezado a resentir, a resquebrajar y a perder su verdadera identidad. Hasta el punto de generar enfermedad y muerte.

 

En definitiva los pechos, como cualquier otra parte del cuerpo de la mujer, o de su espíritu, han sido a lo largo de los siglos interpretados y, por consiguiente, manipulados. Dependiendo de la cultura que le corresponda vivir, tendrá unos pechos maternales, sexuales o  panfletarios.  Y esto, obviamente le es muy difícil de cambiar.

Pero, al menos, nos queda la propia interpretación que nosotras mismas queramos dar a esta parte de nuestro cuerpo y, en base a ella, comportarnos. Y sin duda, somos nosotras mismas las que al hablar el lenguaje sexual con nuestras parejas, deberemos de incluirlo en la prosa o verso que nosotras decidamos.

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