Ser Mujer implica ESPERANZA (Septiembre-11)

Ser mujer, supone… ESPERANZA…

La mujer es la custodia de la espera.

Empecemos con un tópico: dice el dicho que “la esperanza es lo último que se pierde”. El término o palabra esperanza viene del verbo esperar, del latín sperare (tener esperanza) y ésta de spes (esperanza). Es decir, son muy parecidos pero no son iguales. Veámoslo con un ejemplo: cuando uno espera a una persona, es porque tiene la esperanza de que va a venir. Cuando uno pierde la esperanza, se va, y no la espera más.

        En un soneto de Rafaél Guillén podemos leer:

La esperanza es un premio gratuito
a la espera; un don casi infinito
por un merecimiento casi humano.

 

La humanidad ha estado siempre en estado de espera. Por un lado siempre creyó que había algo mejor más allá, adelante, en el futuro, y a decir de algunos pensadores “si algún sentido tenía el transcurrir del tiempo era porque acortaba las distancias con eso tan esperado”. Pero también, en épocas de bonanza, se ha esperado que aquel tiempo no terminase nunca –una espera sin espera-, y cuando así ocurrió se ha escuchado aquello de que “yo esperaba...”, “yo creía...”, y de la espera se ha pasado rápidamente a una pérdida de esperanza.

A nivel humano –y desde un punto de vista humorístico- se podría deducir entonces una relación directa entre dos de las virtudes teologales: la Fe (se “creía”) y la Esperanza (que se perdió), y no hace falta decir que inmediatamente se presentaría la tercera, la Caridad (se pediría, por caridad, que las cosas volvieran a ser como antes).

Bromas aparte, la humanidad actual vive una época de espera de que las cosas cambien, y lo que ocurre muchas veces es que la misma nada o poco tiene que ver con la esperanza. En general hay un ambiente de desespero, de desesperanza. Pareciera como si por alguna razón, Dios hubiera dejado de concedernos la gracia de sus virtudes.

 

Escribía García Lorca que“El sentimiento de tener muerta la esperanza es el más terrible de todos los sentimientos”.

La esperanza así planteada: buscar y esperar que llegue desde fuera, que nos la encontremos en una esquina, no nos llevará muy lejos. Tampoco es fingir que no existen los problemas.

La esperanza la tenemos que cultivar, realmente consistiría en encontrar las soluciones que nos brinda la vida cotidiana. Es tener Fe, es una fuente de fortaleza y renovación absoluta de nuestro interior. Es ser capaces de encontrar cada día un motivo de esperanza en todo lo que hagamos. Ser capaces de ver la virtud en todo.

Hay seres humanos que están en el tiempo de la esperanza, mientras otros se quedan parados en el tiempo de la simple espera.

Cuando empieza el día o el curso o el año, o cuando empezamos a recorrer un nuevo tramo de tiempo, parece que es obligado hablar de la esperanza. Pero podemos preguntarnos: “¿Cómo pueden hablar de la esperanza, con lo mal que está todo…?” El mundo actual lleva al desespero –como ya se ha dicho-, al desencanto, a la depresión, la tristeza, la melancolía, la violencia…

Como probablemente casi todos sepan o recuerdan, se nos ha dicho que este año en el que estamos va a ser propicio para desarrollar determinadas esperanzas. Se nos dijo que ésta “Es una oportunidad que se nos brinda, es una fuerza que se nos transmite y que reside en todos los seres en la medida en que cada ser se facilita, se pliega, se escucha y no trata de imponer su sistemática voluntad, sino que espera sin desesperarse. Quizás por eso lo que nos antecedió fue el Desespero y la Espera: para poder cultivar -después de haber superado el desespero y saber esperar- la Esperanza, predisponerse a ella”.

Claro, lo fácil es tener la reacción de que -si no se ve un resultado inmediato de lo que se quiere- se tire todo por la borda, pero no podemos confundir el querer algo, con el esperar algo. No se puede tirar la toalla.

No es el año en que vamos a cosechar esperanza, sino que es el año en el que hay que cultivar esperanza. No va a llamar a la puerta, está ya aquí. Cada uno es un motivo de esperanza, para sí mismo y  para los otros.

Y ahora nos podríamos preguntar: ¿qué es lo que aporta la mujer en toda esta situación?

Hoy en día, la mujer no está en una situación privilegiada. A la presión e influencia ambientales que la predisponen al desespero, hay que añadir su situación con respecto al varón.

El que seamos capaces de identificarnos como mujeres y de tener una buena relación con el varón, es también una razón de ESPERANZA. Tenemos que seguir esforzándonos en ello.

La situación de violencia global no es propia de lo femenino. En lo femenino está el cuido, la custodia, la ternura… Si volvemos al título de este artículo: La mujer es la custodia de la espera, podríamos decir que la espera por antonomasia en la mujer, el embarazo o estado de “buena esperanza” es algo que nos concierne totalmente, esa esperanza las mujeres la tenemos incorporada en nuestra naturaleza.

Se nos dice que ante la situación actual, la “esperanza” la va a poner básicamente lo femenino.

Estamos en el tiempo propicio. No debemos desfallecer.

Y para terminar, un poema acróstico de una mujer famosa anónima:

 

Es  incertidumbre que una sonrisa emana,

Sed cubana de mandarina y plátanos fritos,

Permanente certeza de que será mejor mañana.

Es la Puerta del Sol, ardiente de  agua y gritos.

Rostro de Mona Lisa mirando a  la cámara sin miedo.

Antiguo relicario de Pandora donde nada más había,

No hay cofre más seguro, ni imaginarlo puedo.

Zarpazo de alegría nutriendo  la luz de cada día,

nadie  la Esperanza le fue por completo ajena.

Eternidad latiendo en nuestro pulso inconsciente,

Serena gravedad para afrontar la pena.

Hechizo orante que emociona al decadente,

Oír al cielo en ella, suavizó nuestra cadena,

al invocarla nos recuerda que sólo somos Presente.

 

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