Ser Mujer implica FIDELIDAD (Mayo-11)

Ser mujer implica…

Implica y  supone FIDELIDAD. Es la expresión de la Fe.

Hace algunos años, el director de la Escuela Neijing escribió un libro que lleva por título “Sí”,  en el que dedica unas páginas a la Fidelidad.

Después de su lectura una se pregunta ¿qué decir más de la Fidelidad? No sólo ya por el contenido, sino por la estética y belleza de las palabras que en él quedaron escritas.  Así que desde estas líneas les animamos a que lo lean. Cuando cierren su curioso formato, tendrán la sensación de haber estado en otro mundo. ¡Y la verdad –que tal y como está el nuestro-  se agradece salir de él por unos instantes!

Pero nos corresponde ahora hacer una reflexión sobre este tema, asunto nada fácil, por las connotaciones culturales que ha tenido la fidelidad, especialmente  referida a la mujer y sobre todo, porque la fidelidad ha caído en desuso.

Quizás, ligada como está a la esfera del sentimiento, la fidelidad es tremendamente frágil. ¿Cuánto dura la fidelidad a un amigo o amiga, a un proyecto, a una idea, a un trabajo, a la propia fe?

Delicado punto de equilibrio en el que todos nuestros sentimientos confluyen como la bailarina suspendida sobre sus zapatillas… Equilibrio que se pierde cuando surge algo que no se ajusta a la idea que nos habíamos formado, que no cumple, sobre todo, las expectativas que nos habíamos creado.

Aquí aparece la fe, como marea sobre la que se sustenta la barca de la fidelidad. ¡Ay cuando las aguas se agitan por los aconteceres de la vida! ¡Ay cuando las cosas no trascurren tal y como pensábamos! (¿Pensábamos o alguien pensó por nosotras?) El rechazo al objeto de nuestra fe se hace con el timón de nuestro navegar. Entonces nuestra fidelidad  se agita y parece que vamos a naufragar.

Si nos remontamos a la historia espiritual del ser de humanidad, vemos como fidelidad y fe estaban ligadas directamente con la divinidad. Luego surgían otras fidelidades, pero todas estaban sometidas a la fidelidad hacia lo divino.

Con el paso de los tiempos y la posterior desvinculación del hombre con la Fuerza, la fidelidad quedó supeditada exclusivamente al rango de las relaciones humanas; ese criterio de fe y de fidelidad, que gravitaba siempre para mantener esa conexión, esa frescura entre la divinidad y el hombre, al perderse, al desvanecerse,  encontró su reducto en la  fuerza espiritual sensible[1]y encontró su lugar más explícito en las relaciones entre hombre y mujer. No podría ser de otro modo.

Lo curioso de esta situación,  es que no fue un lazo bilateral, sino más bien una exigencia del hombre hacia la mujer. Amparado en el marco de una moral, ética, costumbre que hacía de la mujer la reproductora- portadora de un apellido, y por tanto aseguradora de un linaje, el hombre exigió una fidelidad a la mujer como aval  de que la descendencia que tenía era suya.  Además la fidelidad sexual de la mujer hacia el hombre, ratificaba el sentido de propiedad que éste ejercía sobre la esposa.

Al quedar reducida la fidelidad  a las relaciones sexuales, deberíamos como mujeres plantearnos nuestras relaciones, revisar como nos situamos en la energía espiritual sensible o fuerza sexual, siendo como es una fuerza destinada a restablecer el vínculo con la divinidad.  Está en cada sentido, está en cada intención, está en cada gesto, está en nuestro hacer, en nuestras emociones, en nuestros sueños, en nuestros anhelos.  Por tanto, no puede ser esclavizada, controlada, dominada por nadie.

Nos secuestraron nuestra sexualidad, que no es sólo genital y reproductora, y por ello no hemos podido expandir nuestro amor a tantos y tantos aspectos de la vida que nos enamoran y nos abren el abanico de la fe  creándonos así  fidelidades. Pero ¿en qué fe iba  la mujer a depositar su fidelidad, sino  en el padre de sus hijos? La fe de la mujer ha sido la varilla de un abanico que permaneció siempre firmemente cerrado por unas manos de puño firme. Había que mantener la autoridad.

Las relaciones de la mujer son muchas más que la mera relación de pareja. Hablábamos de ello en nuestro libro “Inspiración Femenina”, en lo que vinimos a llamar “los parejos”.

No es fácil aparcar tanta letra escrita, tanta costumbre añadida, tanta fidelidad mal entendida. Pero la vivencia de la energía espiritual sensible, más allá del concepto de mero placer y vía de reproducción, puede ser una esperanza para recuperar la FIDELIDAD como vínculo con la Fuerza, ampliando el espectro de nuestro sentido amoroso por la vida, ese que llevamos implícito por nuestra maternidad, y que hace de nosotras mujeres, barcas seguras que navegan por el océano de amor de la existencia, expresión de la Fe que el Divino depositó en nosotras.

¡Sí!

 


[1]Término acuñado por la Escuela Neijing que hace referencia a la Sexualidad

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