Ser Mujer implica HACER DE SU SER, UN TEMPLO (Noviembre)

Nos cuentan los textos antiguos que el ser humano, cuando enfermaba, acudía al templo y allí recuperaba su equilibrio…

¿Y cuál es la característica de cualquier templo?

Es aquel lugar donde el ser acude para unirse, para comunicarse, para contactar con lo Divino.   De igual forma, entonces, nuestro cuerpo es el lugar donde podemos acudir para contactar con lo Divino, porque las dos cosas son iguales.

Hacer de nuestro ser un templo es reconocerse parte de esa Divinidad, saber que no somos entes aislados sino una mínima expresión de una inmensidad, un instante de la Fuerza Creadora. Y si somos una emanación de la Divinidad, evidentemente somos un proyecto de perfección.

Así, con esta consciencia, ya no estaremos preocupadas por ser gordas, flacas, altas, bajitas, rubias o morenas, sino que aceptaremos nuestras características porque son las mejores que podemos tener para hacer lo que tenemos que hacer. Y cuidaremos este templo que es nuestro cuerpo, que es el vehículo que poseemos para realizar nuestra función.

La consciencia de ser templo vivo nos hace recuperar la dignidad y el respeto debido por nosotras mismas. Porque somos una emanación de la Fuerza Creadora, un proyecto de perfección.

El templo, como idea genérica, es un lugar “sagrado”, y como sagrado, se corresponde a la esencia de losagrado que es  la sangre, que es el soplo o el aliento vital que nuestro cuerpo dispone.  La sangre es el elemento representativo de nuestra vida, en la medida en que ella está y se mueve y actúa. Es lo más material.  Lo sagrado está ligado con la sangre como representante de la vitalidad y de la vida. Y lo femenino está ligado con la sangre porque es de naturaleza Yin, igual que ésta. Así pues, somos una emanación de la Fuerza Creadora, un proyecto de perfección, sagrado.

También se acude también al templo a ORAR, en cualquier templo.  Ya hemos hablado en otras ocasiones de que toda mujer, por el hecho de serlo, es creyente, y tiene en la oración una herramienta, un recurso que ha utilizado a lo largo de la historia para sobrevivir, para poder continuar a pesar de todo. Y ahora, en este mundo actual, necesitamos perentoriamente entrar en oración para no perdernos en el marasmo materialista y sin sentido en el que nuestra cultura trata de envolvernos. Necesitamos de los instantes orantes para recuperar nuestra identidad.

Somos una emanación de la Fuerza Creadora, un proyecto de perfección, sagrado y orante.

También se acude al templo para la búsqueda del perdón.  Y esto es particularmente importante para nosotras, féminas, porque estamos cargadas de sentimientos de culpa, que son un freno para nuestra libre expansión y desarrollo

Somos una emanación de la Fuerza Creadora, un proyecto de perfección, sagrado, orante y sin culpa.

También se acude al templo para pedir ayuda, fuerza para poder continuar, para poder cambiar, para poder transformarse. Va a pedir ayuda, es un lugar de ayuda.  Se acude también al templo -que es un centro-  para hacerse preguntas, a preguntarse: ¿por qué esto; por qué la violencia;  por qué... por qué estoy enferma… porque dentro de nosotras están esas fuerzas y esas respuestas. Porque nuestro entorno nos da respuestas condicionadas, para que sigamos siendo lo que quieren que seamos, no ese proyecto divino.

Somos una emanación de la Fuerza Creadora, un proyecto de perfección, sagrado, orante y sin culpa, que evoluciona.

Acude igualmente al templo para buscar una nueva visión de la realidad que le permita poder seguir viviendo.  Una nueva visión de la existencia.  Sintiéndonos templo podremos empezar a concebir la vida de otra manera, a vivirla bajo otros principios, ya principios de lo Divino. Es el momento del éxtasis; es el momento de la visión de las cosas bajo otra perspectiva, que ya nos va a acompañar en nuestro hacer cotidiano.

Somos una emanación de la Fuerza Creadora, un proyecto de perfección, sagrado, orante y sin culpa, que evoluciona y vive bajo el sentido de Lo Divino.

En definitiva, lo que hace el ser cuando se descubre como templo, es un viaje a través de su propia existencia para alcanzar un estado de equilibrio, de armonía y de fusión con la totalidad.  De esta forma, el viaje a través del templo se convierte en un proceso de sanación

Somos una emanación de la Fuerza Creadora, un proyecto de perfección, sagrado, orante y sin culpa, que evoluciona, vive bajo el sentido de Lo Divino, y ha sanado.

 

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