Ser Mujer implica PERDON (Julio-11)

Reflexionando sobre esta palabra nos preguntamos: ¿Cuántas veces al día pedimos perdón? ¿Cuántas perdonamos? ¿Nos perdonan con frecuencia? Y nosotras… ¿nos sentimos perdonadas?... Es probable que nunca nos hayamos detenido a pensar en ello, quizá porque nuestras vidas van tan deprisa, que ni siquiera deparamos en el perdón como un acontecimiento imprescindible en la vida, así como nos ocurre con tantas otras cosas que suceden en el cotidiano vivir y que pasan ante nosotras como los fotogramas de una película.

El perdón es algo que va acompañando al hombre desde los orígenes de la humanidad. Si acudimos al relato bíblico, nos remontamos hasta la expulsión del paraíso. Desde el principio… castigados, y buscando el perdón.

Si nos cuentan la historia de nuestro origen, en base a un castigo, es normal que toda nuestra evolución posterior, se desarrolle en base a ello. Es como el niño que ha sido maltratado, desarrolla su vida en base a ese maltrato y termina convirtiéndose en un maltratador. Quizá algo así nos haya pasado como humanidad, que partiendo de ese castigo original, nos hemos desarrollado en base a castigos, violencias, odios, rencores y un sinfín de sentimientos y actitudes que lo único que han hecho es ir gestando una humanidad que mayoritariamente fue creciendo en el engaño, la mentira… en el tan conocido “ojo por ojo diente por diente”.

Dentro de todo esto, no hemos de olvidar que, la considerada culpable de aquel primer castigo fue la mujer, como descendiente de Eva. Por tanto puede sonar paradójico decir que “ser mujer implica perdón”, cuando éste nunca se le ha concedido a la mujer, pues aún hoy en día -en el fondo- sigue siendo considerada culpable.

Pero la cultura ha hecho tanta mella, que llegó un momento en que nos convencieron de que, realmente, éramos culpables, y ya no necesitamos a nadie que nos castigue, lo hacemos nosotras solas. Hemos aprendido a ser nuestro propio verdugo culpándonos de todo. Podría ser que, por ello, las mujeres pedimos perdón con muchísima más frecuencia que los hombres. Ellos se consideran culpables con menos frecuencia.

Este es el pasado que hemos vivido, pero no nos vamos a quedar estancadas en él. Queremos mirar hacia el futuro, por eso decimos que ser mujer implica perdón. Y no es tan difícil darse cuenta de ello cuando vemos a una madre… que es capaz de perdonar cualquier cosa que hagan sus hijos. Y si recordamos las historias de madres de asesinos, de ladrones, maltratadores y gente que habitualmente sería considerada culpable…, ellas a sus hijos se lo perdonan todo.

Es como si el perdón formara parte consustancial del amor incondicional. Y si hay alguien que sabe de ese amor, es la madre. Quizá por eso las mujeres, las féminas, tengamos más desarrollada la capacidad de perdón. Un perdón que sale de lo más profundo de nuestras entrañas: nuestros úteros; que hayan tenido hijos o no, son maternales todos.

Un ejemplo de esto lo tenemos en África, en un pequeño país situado en la Región de los Grandes Lagos: Ruanda, que, tras el genocidio de 1994, la población quedó diezmada, y la mayor parte de los hombres habían desaparecido, bien porque habían sido asesinados, o encarcelados o exiliados. Fueron las mujeres las que tuvieron que sacar adelante el país. Lo hicieron gracias a su capacidad de perdonar. Se lo creyeron, y se atrevieron a actuar como mujeres, y a considerar la reconciliación como un asunto de Estado. Se atrevieron a ser féminas, y a ser maternales gobernando. Ellas apostaron por el perdón porque, como buenas madres, sabían que era la única opción de que la vida saliera adelante. Hoy en día Ruanda es uno de los países más seguros de África, con la participación femenina en el Senado más alta de todo el mundo.

África nos sirve de muestra, pero el mejor ejemplo lo tenemos en nuestras propias vidas, en nuestros hogares, en las mujeres que nos rodean... En una familia habitual ¿quién es el que suele poner los castigos? ¿Y quien es la que se queda para recoger los trocitos de aquellos que han sido regañados y castigados?

Si nos vamos al mundo laboral, allí también se pone en evidencia que ser mujer implica perdón, cuando vemos a las mujeres empresarias, que se preocupan por sus empleados y sus respectivas vidas; los miran como a seres que tienen familia, hijos, problemas, angustias… y, en ese sentido, es más fácil que surja la actitud de perdón y de condescendencia.

Ser mujer, indudablemente, implica perdón. Y, desde inspiración femenina creemos que esa cualidad de saber disculpar, de buscar la reconciliación, de no castigar, es uno de los grandes aportes que puede hacer la fémina a la humanidad del siglo XXI; una humanidad en profundo estado de crisis a todos los niveles por falta de respuestas y de aportaciones liberadoras.

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