Vínculo (Julio-08)

El vínculo, palabra derivada del latín «vinculum», es la idea que ha marcado, este curso, los seminarios que el grupo de Inspiración Femenina, bajo el título: «La Mujer: El Vínculo», está impartiendo en las Escuelas Neijing.


El término latino «vinculum» procede del verbo «vincere» que significa «atar», «unión», «atadura de una persona o cosa con otra». Se usa también para expresar: unir, juntar o sujetar con ligaduras o nudos, atar duraderamente.


En la lengua portuguesa, aparece bajo el término de «brincar» y deriva, igualmente, del latín «vinculum», siendo una palabra muy antigua y de mayor arraigo que en español. Brincar, significaba en portugués: «Jugar», «retozar», «bromear», «bailar», «adornar».

La idea de vínculo, hoy día, está desprovista de ese sentido lúdico y más bien hace referencia al sentido latino de «atadura», ya que no siempre los vínculos surgen como una opción libertaria, sino que más bien surgen no exentos de una matiz de imposición. Y así, podemos constatar cómo desarrollamos vínculos con personas, situaciones, trabajos, que nos vienen impuestos por circunstancias ajenas a nuestra voluntad, las cuales más tienen que ver con las conveniencias, con aspectos económicos, con las circunstancias, con situaciones familiares, etc.

Especialmente la mujer ha estado vinculada con su entorno familiar, trabajo, ocupaciones, más por un sentido de imposición que por libre elección, más por obligación que por devoción. En este sentido, bien podríamos decir que la mujer hace bueno el sentido etimológico de «atadura», y no el antiguo sentido de «juego».


Nos es necesario descubrir la naturaleza liberadora del vínculo, porque cuando observamos  cómo está organizada la vida, vemos que lo que subyace para que se configuren las diferentes estructuras es el «vínculo». No se puede evitar el vínculo; sin él, no se da la vida. Durante millones de años se han vinculado moléculas, partículas y se ha ido conformando una red estructurada en la que cada vínculo cumple una función para garantizar una estructura.

La mujer es el vínculo a través del cual la especie puede sobrevivir. La mujer ha sido vínculo para la procreación, para el hogar, para la economía, para la oración. A través de ella es que las sociedades han establecido vínculo con todo.

La mujer establece sus vínculos por capacidad operativa, instintiva, emocional, clarividente, emotiva y, sobre todo, afectiva. Es un vínculo continuo porque todo le afecta, y ése es su nivel de respuesta.

Tenemos, por tanto, que plantear una forma regeneradora del vínculo, que nos permita ahondar en la búsqueda de nuestra identidad y,sobre todo -siguiendo el origen de la palabra-, reencontrarnos con el sentido existencial del vínculo, que nos muestra cómo la vida se organiza «a modo de juego» y no, de cadenas.

Cuando contemplamos la vida en el Planeta, observamos como todos los reinos, el animal, el vegetal, el mineral, están perfectamente vinculados, formando una sinfonía en la que no existen ni fisuras ni disonancias. Cuando contemplamos la vida de los seres humanos, observamos que, lejos de estar conectados, establecemos unos vínculos basados en la guerra, la venganza, la destrucción, la envidia, los celos, la ambición, la posesión, que llevan irremediablemente a la destrucción.

¿Por qué el ser humano desarrolla tan mal sus vínculos, poniendo en riesgo su propia supervivencia?

Sentimos que el problema radica en la falta de identificación, en el desconocimiento de nuestra propia naturaleza. Somos consecuentes con nuestros gustos, con nuestra manera de ser o de pensar, con la educación que hemos recibido, con la herencia cultura y familiar, con modelos económicos… Y todo ello, colabora en que el ser se encorsete en modelos  establecidos, que le alejan de su verdadera naturaleza. Nos identificamos de este modo sólo con una parte de nosotros mismos -que ni siquiera es propia- y a través de ella nos vinculamos con los demás. Es decir, nos vinculamos parcialmente y exentos de una autenticidad. El resultado es el fracaso existencial que hoy día contemplamos.

De ahí, que sintamos que es necesaria la revolución espiritual de cada ser, en la que cada cual se identifique en lo que es: un ser único, imprescindible y necesario en la totalidad para el cumplimiento de una función. Exactamente igual que el resto de los sistemas vivos del Planeta.

¿Y por qué La Mujer: El Vínculo?

Porque pensamos que es imprescindible que la mujer, cuya pérdida de identidad ha sido manifiesta por los condicionantes que ha vivido en la sociedad patriarcal, recupere ésta.

Como hemos visto, la vida se organiza en base al entramado de los vínculos, cuyas funciones garantizan la estructura. Al no haber podido la mujer establecer libremente sus vínculos, difícilmente va a lograr identificarse con su verdadera naturaleza dentro de la totalidad si no reestablece la naturaleza de su vínculo. El vehículo con el que cuenta la mujer para realizar su la revolución espiritual individual es el vínculo.

Hasta ahora ha estado vinculada de forma impositiva porque los vínculos que ha mantenido no han sido expresión de su verdadera naturaleza. Desentrañarla naturaleza de sus vínculos, como ente femenino, puede ubicarla, fiel a su naturaleza, en una sociedad que cada día necesita más, no de un recambio de lo masculino, sino de una alternativa no excluyente de éste, que aporte nuevos puntos de vista, nuevas ideas, nuevos conceptos, renovadas emociones…., una forma, en definitiva, distinta de contemplar el mundo.

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